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5/4/08

Identidad de la Apariencia

Que Chile no tiene una identidad definida creo que ya lo he expuesto en este humilde medio. Pero día a día, con un leve análisis de contenido en la prensa, esa idea cobra más fuerza y más me asusta.
Y no me enorgullezco de eso, de percatarme de esa anomalía con tanta claridad acá en Madrid y redactarlo, caga’o de calor, en un café cerca de mi casa.
Tuve que salir de Chile para entender lo evidente.
La carencia de valores trasversales en la sociedad chilena sólo ayuda a que esa grieta económica que el neoliberalimo pragmático ha producido, tenga su símil en términos de masas. En Chile hay dos países -o quizás más- que viven de espaldas y que no se relacionan entre sí, donde su temporalidad es distinta, sus aspiraciones son distintas, sus miedos son distintos y donde, en definitiva, cuesta encontrar lazos que unan, que cuadren a esa sociedad bajo un bien mayor. Valores. Moralidad. Percepción. Historia.
Chile vive en un perfecto apartheid donde quien pertenece a la elite caucásica europeizada tiene su futuro asegurado (de sólo cinco colegios -privados y de Santiago- sale el 80% de los Gerentes de las grandes empresas chilenas). La educación no premia el mérito y ésta, como vehículo social, más parece un tranvía de corto recorrido…
Quien es de clase media, o media baja y tiene rasgos mestizos no surgirá. Simplemente no accederá a los privilegios de esa elite. Y claro, el aumento del poder adquisitivo de los últimos 20 años evidentemente genera una sensación de mejoría ¿Pero eso se traduce en representatividad política o social? ¿Es el Congreso chileno un fiel reflejo de la sociedad chilena, ya no en términos políticos, pues sabemos que no es así, sino de representatividad étnica? ¿Habrá otra vez en Chile un presidente mestizo como Pedro Aguirre Cerda?
Es triste, pues no puede haber representatividad en una sociedad que no asume como lo que es -mestiza- por lo que esa elite seguirá ocupando los espacios de poder y decisión política.
Sin embargo, si hay un rasgo que puede aunarnos a todos es el uso de la apariencia como reafirmación identitaria. Todos, en esa pirámide racial que es Chile, donde los blancos tienen el poder y el dinero, hasta los Mapuches que buscan desesperados su reconocimiento como pueblo distinto, caen en el juego de querer ser lo que no se es, lo que esconde el problema principal de todo: la carencia de esa añorada identidad nos empujan a aspirar a un estadio social y económico distinto, pues creemos que el que nos antecede en esa pirámide es mejor de lo que somos.


¿Porqué que somos?
La elite quiere ser lo más europeizada posible (nuestro Ministro de Economía sueña con emular económicamente a Portugal)… Goza viendo en las noticias a un español, va a los Starbucks gimiendo orgásmicamente, discute en el almuerzo dominical si es mejor ser los Ingleses de Sudamérica o los Jaguares del pacífico.
La clase media quiere ser reconocida por las altas capas de la sociedad como iguales. Y de ahí nace la caricatura del chileno de mediados de los 90’: ese con celular de plástico, que llena el carrito en el super, pero no compra nada, él que en pleno verano viaja por Santiago con las ventanas cerradas para “aparentar “ que tiene aire acondicionado.
Las económicamente bajas se reafirma en la diferencia con el mapuche. Miles de chilenos apuestan por esa diferencia para apuntar una supuesta mejoría económica y mejor status social. Chilenos que, quizás, sólo se diferencian de los mapuches por tener un apellido de origen español, pero que en rigor son racialmente iguales. Los populares “huincas”.
Y de eso es que nace este post.
Hoy sábado 5 de abril el diario popular La Cuarta publica una nota referida a un simple robo. Un individuo de origen mapuche saltó el muro de una casa y se robó un balón de gas. Al huir quedó ensartado en una de las rejas del inmueble, por lo que la policía lo detuvo fácilmente.
La nota, escrita por Miguel Vega, intenta ser una irónica, como todas la notas de La Cuarta. Pero en esta ocasión se burla denodadamente del la etnia mapuche, de los valores de estos y de paso de la historia de Chile.
La tesis de la nota, además, es liza y llanamente xenofóbica y apunta a que el Mapuche es flojo y ladrón.


Triste…
En sólo tres párrafos Vega dice cosas como:
“Aunque invocó al Pillán, patrono de los pungas (sic), sus esfuerzos para zafarse fueron inútiles y fue detenido y puesto a disposición del fiscal Marco Muñoz…”
“Tras apoderarse de un balón de gas de 15 kilos, Paillaleo gritó ¡marichihueu!”
Pillan, para los mapuches, es un espíritu benigno y más que un Dios puede ser un ancestro trasformado en divinidad por fundar una familia o un linaje.
Marichihueu es el grito de los guerreros mapuches antes de enfrentarse a los conquistadores españoles que, en rigor, nunca lograron derrotarlos. Detrás de ese grito hay una historia de resistencia que merece los mayores de los respetos.
Al menos a mi me enseñaron en la Escuela de Periodismo de la Andrés Bello que la noticia debía recurrir ciertos requisitos (cercanía, notoriedad, preeminencia, temporalidad) ¿Un hombre que roba un balón de gas es un peligro para la sociedad?
Esa nota, leída por los chilenos de clases bajas, mestizos en su mayoría, apuntala esos perjuicios en el inconsciente colectivo. O más bien subrayan esos perjuicios ya instalados en todo nuestra historia (mapuche flojo y ladrón). Los huincas temen al “indio”. La Cuarta se burla de las divinidades de una etnia. La Tercera dice que Matías Catrileo es un “joven inadaptado punk”.
Por menos que esto, los musulmanes quemaron cuatro embajadas occidentales en Siria debido a las caricaturas de Mahoma.
¿Qué haremos nosotros?
¿Cuándo nos asumiremos?

27/1/08

Catrileo y Troncoso en la calle y no en la TV

La información por canales antes convencionales es escasa, esporádica y tardía. Con un enfoque artificial y sin ir al fondo de problema, disfrazando ese fondo con los arropados vestidos de los intereses económicos y sociales de una elite que ya escribió la historia y no pretende modificarla, ni modificará el statu quo en que nos encontramos inmersos. Esos medios son las páginas webs de los periódicos y radios más importantes de Chile: emol.com, latercera.cl, cooperativa.cl y la mayoría de los cls.
Acá en España fue mínimo lo que se publicó sobre la muerte de la figura cada día más heroica de Matías Catrileo, el joven comunero mapuche que no renunció jamás a sus raíces a pesar de criarse en la urbana ciudad de Santiago y que prefirió seguir sus estudios en la región de la Araucanía, viviendo con otro iguales y comprendiendo lo que la mayoría de los chilenos nos ha costado entender: no somos occidentales, somos mapuches o mestizos, regidos eso si por una burguesía made in Europa que nos ha hecho creer que somos diferentes a los otro pueblos latinoamericanos… Racial y económicamente diferentes. L
os “ingleses de Sudamérica”, los “jaguares”, los “democráticamente estables”. Todo caricaturas y falacias…
Catrileo murió por un disparo ejecutado por un carabinero mientras éste defendía un fundo que Catrileo y otros diez comuneros pretendían tomarse. El fundo en cuestión es de un empresario de origen alemán llamado Jorge Luchsinger Viliger quien, en una entrevista en El Mercurio, se refirió a las personas pertenecientes a la etnia mapuche en los siguientes términos:
“El indio no ha trabajado nunca. El mapuche es un depredador, vive de la naturaleza, no tiene capacidad intelectual, no tiene voluntad, no tiene medios económicos, no tiene insumos, no tiene nada (...). Entregándoles tierras no van a dejar de ser miserables. ¿Ha visto los campos que les entrega la Conadi? No queda nada, ni un árbol, no producen nada”.
Triste, pero real.
Tampoco se ha publicado mucho sobre Patricia Troncoso la activista mapuche que lleva 108 días en huelga de hambre por ser procesada por la ley Antiterrorista, ley creada en los años de la dictadura y que los gobiernos de la Concertación no han arrugado la nariz para aplicar.
Y claro, es difícil que el imperio PRISA ose hablar mal de Chile (ahora menos, pero es PRISA quien marca la pauta informativa de las noticias que viene del mundo). De Chile, tras un año de la muerte de Pinochet, sigue siendo eso: la dictadura. Europa y el mundo son renuentes a enterarse que en el sur de Chile se están enfrentando visiones y ethos distintos, al margen de la constitución de un Estado, si bien no fallido –en este caso Chile- , pero que alberga una sociedad fallida y que tarde o temprano estallará…
Ante esta orfandad informativa ha sido www.youtube.com el ente por el cual he visto y sentido palpable el choque cultural que en Chile se niegan a ver y por el cual no dudan en minimizar la figura del antes nombrado Catrileo al que tachan de “joven inadaptado y punk” (otra vez El Mercurio, aunque en el arte de crear perfiles de Catrileo La Tercera no le fue en zaga). Varios videos circulan en la web que muestran las protestas que se han producido en Santiago por la muerte de Matías y la huelga de hambre de Troncoso, entre ellos una semblanza sobrecogedora sobre Catrileo publicada en castellano y en euskera. (
http://www.youtube.com/watch?v=xB5buPlWIrI)


MILES DE KMs.
El fin de semana pasado visité Vitoria para ver a Bea. El sábado incluso fui por el día a San Sebastián. Por la noche, cuando íbamos a beber algo en un bar y conocer a una de sus mejores amigas, nos topamos con una gran pancarta convocando a una manifestación en apoyo a Patricia Troncoso y en memoria a Matías Catrileo.
No me enteré antes, fue a las 16:00 horas y en ese instante estaba en la playa de la Concha en Donosti…


Pero fue fulminante ver ese cartel en medio de la fría noche vitoriana. Quien se quiere enterar se entera y el que no, se censura. Esa fue la conclusión, a bote pronto, que saque al comprobar que en la capital del País Vasco se congregaban no más de 20 personas para protestar por sucesos que ocurrían miles de kilómetros lejos de ahí. Claro, los vascos sienten como algo personal cualquier presión a una etnia o “nacionalidad” diferente y enmarcada en un Estado mayor. No lo dudo, pero cuando Bachelet visitó Madrid por primera vez en su mandato –año 2006- las manifestaciones en apoyo al pueblo mapuche fueron notorias e incluso el escritor portugués José Saramago abogó por un mejor trato (y a Saramago no le podemos achacar una condición de nacionalista centrífugo, pues no oculta su deseo de una Portugal unida a España donde la capital sería Madrid).
Esta vez las voces han sido pocas en España...

¿Qué pasará si muere Patricia Troncoso?
¿Rebotará con fuerza en los ambientes socialmente comprometidos de las españas o quedará archivado en el inconsciente colectivo, como puede quedar archivado en la agenda setting de los medios españoles?
¿Qué pasará en las calles de Chile si eso sucede?
¿Su muerte nos ayudará a reaccionar, cómo la de Matías Catrileo ha ayudado para abrir los ojos?

8/1/08

Trenes y Rallys

Puede que mi vida de trabajador en Madrid se resuma en un tren de cercanías. Todos los días de Pitis a Las Matas: un trayecto demasiado corto para, por ejemplo, entregarme a la lectura concentrada que merece un libro y que para ser completo incluye un trasbordo obligado con la red de metro de la capital hispana, lo que impulsa una perpetua y leve alerta: no es igual pasarse en una estación del suburbano que en una de trenes, pues la frecuencia de estos últimos se tranza en centena de minutos, por lo que es el viaje de mi casa a la pega es un camino reñido con la distracción…
En definitiva no es un viaje desagradable, pero si obviable. Si ahora comienzo este articulo así es debido a que empecé a parir la idea central de las líneas que vienen a continuación en un tren de cercanía colmado de inmigrantes de todo tipo y de todo tipo de trabajos. Y muchos españoles, que no es un pleonasmo aunque de bote pronto parezca redundante.
Sin embargo, el germén de este post parte el viernes pasado, en la boletería de Las Matas, cuando de golpe choqué con eso tan español que a veces cuesta digerir del todo...
Raudo corría junto a Bea por las inmediaciones de la mencionada estación para agarrar el tren de cercanía que continuaba hasta Segovia pues, si bien es otra provincia, un convoy que pasa cada dos horas llega hasta la ciudad castellana famosa por el acueducto romano y el cochinillo asado. Entonces el apuro tenía justificación, el tren ya se iba, había que comprar los tikect y el reloj –muy cabrón siempre- trotaba a la par que nosotros… Pero aún había tiempo y llegamos a Las Matas con margen. Incluso agradecí la suerte de no caer en la manoseada melancolía de perder el tren por más que los modernos coches de cercanías poco tengan que ver con la escena recurrente en la literatura y la cinematografía que simioticamente nos muestra un andén diluido por el humo de la locomotora.
Todo, al parecer, estaba en su sitio. Los viajeros esperando y el tren aún lejos. Pero no contaba con la rutina calada del español promedio. Tuvimos Bea y yo la mala ocurrencia de querer comprar los pasajes a las 16:43 de ese viernes –el primero del mes de enero- a la misma hora en que el hombre a cargo de la venta de los mismos ya tenía agendado su café matutino. No había nadie para vender los dichosos billetes y la única información que pudo proporcionarnos el guardia de seguridad de la estación se limitó a ser el tipo de brebaje que el mentado estaba bebiendo: “Es que a esta hora Paco se toma un café bom-bom”. ¿Es posible que en la novena potencia del mundo se pueda abandonar el trabajo por el café y mandar a tomar por vientos a los metódicos gilipollas que quieren cumplir con las normas y los reparos?
Conseguimos, eso sí, la venia del segurata para subir al tren sin pagar y parlamentar con el revisor sobre nuestra situación. La experiencia a bordo de los cercanías no era muy halagüeña: es cierto que la libertad del sistema te permite –con suerte- usar el servicio y no pagar, pero para evitar eso hay uno que otro inspector con cara de perro que pasa multas a los que no tiene el billete o el abono trasporte. Cruzábamos ya la frontera entre Madrid y Segovia (FOTO), algunos faldeos impactaban por una nieve siempre ajena para el chileno marino, cuando el inspector nos encaró con buen semblante y luego de la explicación pertinente nos cobró lo justo: 5.45 euros. Para el revisor era completamente posible que Paco se tomara su café.

DON JULIO
En fin, esa no era la idea central…
Al menos no es lo que pensé en el tren cuando regresaba a casa. Mi intención era narrar algo sobre el suspendido Lisboa-Dakar y la posibilidad de que mute en algo así como Río de Janeiro-Atacama. Pero tampoco tengo demasiada información de un evento –la suspensión de un evento- que impulsa a debatir sobre el real poder del terrorismo o del miedo.
Ahora bien. No fue hoy y quizás tampoco ayer cuando pensé que debía escribir algo sobre el difundo periodista nacional Julio Martínez. Reconozco que el impulso primario era ese, pero la nostalgia se vio aletargada por la muerte de Matías Catrileo, joven comunero mapuche ultimado por las fuerzas especiales de Carabineros cuando estás reprimían el “ataque” al fundo del empresario “chileno” Jorge Luchsinger.
La perspectiva cada vez más real de que en Santiago se percaten que en la Araucanía ya estalló un conflicto étnico de proporciones que rebasó la historia, la raza, lo social y lo económico; va encaminada a seguir reflexionando sobre un hecho que este 2008 puede traer por fin consecuencias, terribles para el Chile europeo, pero positivas para la sinceridad de un sociedad fracturada, pluriétnica, auto-engañada, desigual.
De don Julio poco se puede decir. Se va una imagen y con él los recuerdos de esos domingos en que ver los goles en Teletrece era primordial y único (yo iba a clases por las mañanas y no había permiso para ver Futgol a las 00:00 horas, salvo goleada espectacular de la UC). Comentarios cada año más vagos y dispersos, pero siempre vistos y oídos. Además la muerte JM es la muerte de alguien que viste en TV desde que naciste, lo que impulsa a percatarnos que cada vez los mitos se derrumban o mueren mientras los años pasan. Dejamos de creer en el Viejo Pacuero, pero gente como JM hacen de hilo conductor entre la edad infantil sustraida por el pasado y la manceba adultez que los 25 imponen. Algo que agradecerle a la TV como medio y mucho a JM como periodista.

14/7/07

La historia de Simón H. y un Estado que hace agua

“-Mira, si fácil. M con la A suena MA, ¡inténtalo!”
-No, si yo no puedo. No puedo, no puedo, no puedo...”


Mi querida y buena amiga Beatriz Vega, estudiante de Trabajo Social en la Universidad Católica de Chile, fue invitada por una ONG a dar clases de reforzamiento en una comunidad Mapuche cercana a Puerto Saavedra (importante recalcar que la mentada ONG no está ligada a la Iglesia Católica de Chile).
Luego de un fin de semana conviviendo con niños de no más de 10 años, enseñándoles, viendo películas, jugando y riendo; al regresar a la ciudad-Estado de Santiago tuvo una sensación dual...
Dada a las peculiaridades de su carrera, Beatriz ya se había vacunado contra la espantosa pobreza, falta de educación y precariedad de miles y miles de chilenos. Sin embargo, y aparte de el impacto antropológico-positvo que tuvo presenciar ritos mapuches y conversar con gente de esa etnia, lo cual conmovió enormemente a mi querida amiga; la sensación de perplejidad y desazón estuvo asociada por otra circunstancia, en la cual la historia de Simón H. es paradigmática.
Simón es un niño cercano a la década de vida que no va al colegio por una razón, a esta altura bastante peregrina: su familia lo necesitaba más en la casa que en la escuela. En casa se puede trabajar, en la escuela sólo va a “aprender”, algo tan difuso y occidental que cuesta cuajar.
Se podría decir que hasta ese momento Bea, cuando se enteró del ausentismo escolar de Simón H., aún no acusaba el golpe, pues esto no es algo extraordinario en las comunidades mapuches, a pesar de que el Estado de Chile se jacte de dar cobertura educacional gratuita desde los seis hasta los dieciocho años. Pero cuando un sábado por la mañana reunió a varios niños de la comunidad y les repartió unas hojas para que escribieran su nombre, se encontró con que la mayoría ponía su nombre de pila y, cosa curiosa, sólo inicial de su apellido, como para subrayar un cierto individualismo, empero sin develar quien son realmente.
Intrigada, Bea les preguntó porque no ponían su nombre completo y, luego de largas negaciones, Simón H. le dijo que su apellido era muy difícil de escribir... Bea insistió, y le dijo que ella le enseñaría como se escrbírlo, pero a cambio sólo recibió silencios... Mi amiga nunca se enteró, por boca de esos niños, sus reales apellidos. Durante la clase Bea no sólo lidió con esa extraña circunstancia, sino que también con la frustración y tozudez de Simón H. quien no estaba del todo dispuesto a aprender. Los otros niños, por razones que ya señalaré, si iban más seguido a la escuela y las elementales clases de reforzamiento que Bea les brindó eran más bien un juego. Un juego acompañado con comida, almuerzo y merienda que la ONG se encargaba de distribuir, como un triste premio entre los niños que acudían a las improvisadas clases sabatinas.


Simón H. un
niño MAPUCHE que "desconoce" como se escribe su apellido. Resultado de años de descriminación.
(FOTO: gentileza Beatriz Vega)
Identidad
La anterior historia demuestra como la identidad del pueblo mapuche, a pesar de las intentonas de muchos para organizarse como pueblo casi autónomo de Chile; han hecho mella ante los muros de la discriminación.
La construcción de identidad en las jóvenes naciones de Latinoamérica ha sido y es algo complejo. Dada la cantidad de inmigrantes de diferentes países y de las diversas etnias indígenas que hay en Chile, ese proceso en nuestro país ha sido aún más complicado.
Debido a lo anterior, los chilenos y el Estado de Chile, como dos entes separados, deberíamos cuidar y velar que al menos la porción de compatriotas mayormente definidos, que son los Mapuches, mantengan y cuiden su identidad. Sin embargo, desde el principio de la historia de nuestro país o les hemos hecho la guerra o los hemos discriminados paulatinamente. Y lo que es peor, cuando un mapuche destaca de inmediato la prensa lo caricaturiza (Francisco Huiquipan o Rodrigo Antilef son ejemplos de esto) o directamente se habla sobre
su condición de mapuche como algo impositivo, subrayando esa condición como un impedimento para surgir (en este punto destaca la modelo esa que no recuerdo como se llama y el ex ministro Secretario General de Gobierno Francisco Huenchumilla).
Y en lo que cabe al Estado su rol es mayor. Una de las máximas del modelo neoliberal de Chile indica que donde no puede invertir el Estado, las iniciativas deben quedar en manos de la empresa privada. Eso, claro está, en toda índole económica, pero cuando la educación también es un bien transable, la ejecución de la cobertura educacional queda supeditado al amplio manto privado. Pues una cosa es garantizar la educación y otra es hacerla efectiva.
Discriminación positiva
Los niños mapuches que si van los colegios son empujado por la loable (pero a la vez siniestra) presencia de la Iglesia Evangélica en la Región de la Araucanía. La idea de esta religión es evitar que los mapuches pierdan tierras debido a la ignorancia que en años pasados les llevó a vender malamente sus campos (intención no sólo de esta Iglesia). Entre medio deben adherirse a las creencias que procesa esta iglesia y de paso dejar a tras todos los milenarios ritos araucanos que sin vergüenza son catalogados de diabólicos por los “misioneros” evangélicos, como un reportaje del programa Contacto publicó. Es vital que la educación no vaya de la mano con la perdida de identidad.
Ante esto, la labor del Estado no debe ser sólo garantizar y hacer efectiva la educación a las mapuches y a los chilenos pertenecientes a otras etnias autóctonas; sino también ejercer una discriminación positiva tal como en los años ‘60 y ’70 se hizo en EE.UU., con lo cual se
aplacaron los veleidosos ánimos de los movimientos raciales reivindicativos que sacudían los cimientos de la American Way Life (discriminación positiva que le permitió, entre otros, a Condolezza Rice estudiar en la Universidad, no sé cual, pero en fin...).
Si bien la idea de la paridad femenina-masculina no deja de ser interesante; garantizar por ley un número de cupos para mapuches en los cargos públicos, por ejemplo, es quizás más importante ya no para la convivencia en la sociedad chilena, sino en el mantenimiento del Estado en si...
Todos esos Simón H. llevan marcado en la frente un futuro coartado por la segregación, las miradas en menos, la ignorancia y la frustración. Un cóctel de sentimientos que pueden explotar...
Lo más triste es que en la ciudad-Estado de Santiago no se van a enterar de esto hasta que un desubicado de la Arcis o de la Facultad de filosofía de la Chile, se calce un pasamontañas, se ponga un par de relojes en sus muñecas y decrete la creación del Estado Mapuche. Con eso recién nos vamos a preocupar, porque a la hora de tomar medidas tendríamos que esperar a que ese desubicado inicie una larga marcha que termine en la Plaza Italia, con disturbios y alboroto incluido. Y es que sólo reaccionamos cuando la ciudad-Estado es invadida...
Quizás me quedo corto. La reacción sólo llegará cuando la editorial de The Economist, en tono preocupado y nostálgico, hable de la antigua democracia modelo que era Chile.