Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas

14/8/08

Pólemicas olímpicas 1

Lo bueno, bonito y barato de los Juegos Olímpicos es que todo el mundo puede opinar de ellos sin saber nada de deportes. Y no me refiero al ciudadano promedio, que opina de todo sin saber casi de nada, sino de algunas voces, avezadas en espinados temas, que se sienten en la obligación de enlazar tendencias económicas y/o geopolíticas a lo que ahora está sucediendo en China. Aunque puede ser que todo relacionado.Cada JJ.OO. trae consigo la semilla de la polémica y en algunos post anteriores de éste humilde medio traté de ello. En Beijing esos “temas” saltan como garrapatas a las rotativas: un atentado en el norte de China, una protesta pro-Tibet, la niña que cantó en la ceremonia inaugural no era niña o algo por el estilo…
Sin embargo, en este verano boreal la rápida y violenta Guerra del Caucaso ensombreció esas polémicas, ya que quienes suelen dar con ellas estaban ocupados de un asunto de verdad. Un asunto que involucró al menos 2000 muertos, un desplazamiento militar sin precedentes desde la Guerra Fría, un presidente -Mijaíl Saakashvili (en la foto)- que quiso emular a Leopoldo Fortunato Galtieri con Las Malvinas y una nación, Rusia, que esperaba éste momento quizás desde agosto de 1991.
Una vez acabados los enfrentamientos, gracias a la mediación de Nicolás Sarkozy, germinaron los primeros dimes y diretes y el azar quiso que España fuese uno de los involucrados.

Ojo con los ojos
La selección de baloncesto ibérica acepto posar en una sesión fotográfica modificando su visaje rasgando sus ojos con los dedos, simulando ser orientales. Una perfomance bastante imbécil, inocua, tonta, que generó ronchas en los medios de países los anglosajones, quienes acusaron a España, una vez más de ser racista, recordándole los dichos de Luís Aragonés a Fernando Torres en noviembre de 2004 (cuando le decía que “era más que ese negro de mierda” refiriéndose a Thiery Henry) y los insultos de algunos hinchas a Lewis Hamilton en el circuito de Valencia de Formula 1… Incluso se aventuraron a decir que ese tipo de eventos podía afectar la candidatura de Madrid para los JJ.OO. el 2016.
España se sintió tocada. Los BLOG de destacados opinadores de Marca y As defendieron la mentada foto de manera patética y nerviosa, burlándose además del fanatismo “progre” de The New York Times o The Guardian, por citar algunos.
Olvidan, quienes esgrimieron la defensa española, que los antecedentes de racismo deportivo a los cuales se refirieron los periódicos de habla inglesa obviaron otros hechos de igual o peor magnitud. Los gritos contra el camerunés Samuel Eto’o en La Romareda de Zaragoza hace dos años, por ejemplo. O sin ir más lejos, los gritos del entrenador del equipo Sub-20 del Espanyol de Barcelona contra el combinado nacional de Chile hace apenas dos semanas.
Si a eso le sumamos videos que muestran golpizas contra inmigrantes sudamericanos o vejamenes contra ciudadanas de Europa oriental (efectuados por la propia policía), la ecuación de la cual irónicamente habla Santiago Siguero en su blog del diario Marca si que es plausible.
España no es un país xenófobo por que los jugadores de baloncestos poses en una mofa de foto. España en general no es un país racista, es más, ha vivido el desprecio europeo con igual intensidad que ellos al despreciado al latinoamericano. Y no es que sea una situación de igualdad, sino que demuestra que en España se sabe lo que es emigrar. Pero tienen los españoles en estos momentos un tejado de vidrio enorme, una hoja de vida manchada, antecedentes por montones. Si quiere los JJ.OO. si que debería preocuparse, pensar dos veces antes de hacer tonterías y recordar que ya tiene un frente abierto enorme referido a los dopings de EPO en ciclismo como para abrir otro.

26/6/08

Euro 2008, Italia contra España en un Bar de Parnell Street

El partido se juega lejos, pero también se vive en un bar de australianos ubicado en Parnell Street, en la ciudad de Dublín, en Irlanda; país europeo, sí, pero reñido con la Unión y con la Eurocopa, torneo continental que hoy por hoy se lleva a cabo en Austria y Suiza y que se celebra cada cuatro años. Eire clasificó por única vez en 1988 y en aquel año se anotó el mayor triunfo de la historia futbolística del país: 1 a 0 a la Inglaterra de Gary Lineker y David Platt, con gol marcado por un escoses -Ray Houghton (en la foto)- que al otro día vio su cara estampada en las camisetas de los fanáticos y los no tan fanáticos, pues ganarle al país del cual te independizaste tiene un gustillo especial, que también probó por esos años –y más hondamente- Argentina después de la Guerra de las Malvinas. Ante el mismo invasor... el mismo país.
Bueno, eso en Irlanda, un país limitado en lo futbolístico, por lo que se entiende que en dos colosos como Italia y España la algarabía por el choque de cuartos de final de la Euro 2008 tiene un cariz más dramático, pero quizás menos histórico. De la historia grande, pues el tema del codazo de Mauro Tasotti a Luis Enrique en el Mundial de EE.UU. fue recurrente en las rotativas…
Y en definitiva la tuvo.
Y en medio del bar australiano una leve mayoría de italianos se enfrentaron, entre gritos y cánticos, a los aguerridos españoles convencidos que esta sería su oportunidad, su hora, el instante de cruzar el Rubicom y ser algo más que España, la siempre presente y perdedora España.
Más sin embargo, ante la mirada del neutral, la situación ahí en el bar, y en la proyección televisiva de la grada del Ernst Happel Stadium, no era halagüeña para los ibéricos.

¿Por qué?
No creo que sea sensato encarar un partido de tan alta envergadura y ante el actual campeón del Mundo, con el simpático cántico “alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual”. Antes de comenzar el partido la hinchada roja daba por perdido el partido anunciado que lo principal era la birra y no el pase a las semifinales del campeonato…
Esa disminuida presencia tras la ronda preliminar de canciones, se vio multiplicada a la hora de los himnos. Sabido es que la melodía nacional de España carece de letra y es una marcha militar cargada de un simbolismo político que no aúna a todos los españoles, por lo que en el momento de su ejecución la mayoría se concentró en pedir la segunda o la tercera… Muy por el contrario, el himno de Italia tiene letra, tiene historia y termina con la repetición de la palabra muerte... Y en el bar, y en la TV, los fanáticos se pararon a entonar el himno, con la mano en el corazón, con emoción, con la corta historia de la Italia unificada exudándoles por los poros. Pues son 160 años versus 500 años. Esa es la ecuación histórica que separa a uno del otro contrincante, pero en el momento de los himnos quedó claro porqué la ecuación futbolística se inclina a favor del lado itálico. “Patria es selección nacional de fútbol”, expresó Albert Camus, y al parecer es ahí, donde la patria esta bien cimentada, donde el fútbol triunfa. Identidad, unión, añoranza.

Insultos a la italiana
Y comenzó el partido y España fue tremendamente mejor. El once de Aragonés sabía que se jugaba la historia futbolística del país y eso se notó, aunque los seguidores italianos, sabedores a su vez del mezquino juego de la “Azurra”, entendían que en cualquier momento podían marcar y con eso se liquidaba todo… Pero aparte de lo que ocurría en el campo, los españoles de afuera comenzaron a imponer una tónica mejorada de sus arrebatos –dejando aparcado el “hemos venido a emborracharnos”- lo que se contrapuso a la banalidad itálica para insultar: El Niño Torres coge la pelota tras pase de Senna, y su imagen aparece reproducida en los cuatro televisores y en las dos pantallas gigantes que hay en el bar. Abucheos y aplausos. Una calabresa salta indignada y dice “vete a comer paella” (¿?), como quien dice “vete a tomar por culo”… Tras vivir casi dos años en España y tener un abuelo español, no me pareció aquella sentencia alusiva a lo tan típicamente español un insulto. Y hubo más “Nos veremos en la Plaza de toros”, bramó uno de Milan que, vestido con la camiseta del Inter –con el nombre de Materazzi estampado en la espalda- creyó apuntalar el ánimo de los españoles lanzando al voleo aquella frase cargada de asombro (Lo más paradójico es que pude ver como el milanes escondía la cabeza luego del grito, pensando que algún macho ibérico podría realmente molestarse por la arenga, aún cuando todos sabemos que sólo era un partido de fútbol…)

Semifinales.
Penales y ganó España. España está ad portas de ganar la Eurocopa. Ciertamente sería un avance. Quizás la constitución estatal de Italia tenga su bemoles tal como los tiene las españas contemporáneas (Italia, donde el norte y el sur chocan a diario), pero pienso que un título continental y/o planetario ayudaría a generar una mayor identificación por la selección nacional de fútbol español…
Ese equipo que todos quieren después del club de la Liga o incluso del club de la provincia. Ese equipo al cual los futbolistas vascos renuncian, ese equipo al cual acuden los futbolistas catalanes, pero se doblan las medias para tapar la bandera española de sus calcetines.

A fin de cuentas, en la super era de la globalización deportiva, la mayoría de los atletas profesionales tiene parecidos espacios para desarrollarse y es claro que un Pirlo no es mejor que un Frabregas... Pero es en el minuto 90, con el marcador en blanco, cuando los mitos históricos se agrandan. Por eso ganan siempre los mismos. Es por eso que Alemania está en la final.
Por eso si España gana esta Eurocopa en el futuro sabrá que representa.
Claro, si desde la galería se logra cambiar el repertorio tan curtido de canciones para apoyar al equipo.

21/4/08

Llueve en Madrid...

Una vez le preguntaron a Albert Einstein como sería la III Guerra Mundial según él.
.
Aún humeaban los vestigios del segundo conflicto denominado “mundial” y el temor a una inminente conflagración nuclear tenía a todos asustados: se olía en el ambiente que la tecnología militar evolucionaba más rápido que la asimilación planetaria de la paz; y a esa altura, cuando le preguntaron a Einstein sobre su íntima proyección, EE.UU. y la U.R.S.S ya se habían rifado los escuadrones de científicos del Tercer Reich. Ahora ambas potencias tenían la Bomba H. “No sé como será la III Guerra Mundial“, respondió humildemente el judío alemán para luego añadir, “pero sí pienso que la IV, la humanidad la peleará con palos y piedras”.
Una mente preclara la de Einstein, que demostraba intuir sociológicamente tanto o más que en términos puramente físicos.
Como él, muchos analistas o simples hombres de ciencias han predicho diversas utopías o destopías o posibles cauces por donde la humanidad se enfrentará en el futuro.
Ahí esta el fin de la Historia de Fukuyama, por ejemplo, con el capitalismo y la democracia como estadios culmines de un proceso que nace con la ilustración y la revolución industrial.
Y las teorías positivistas de los neocon, manifestadas en escritos que llegan a Chile camuflados de liberalismo económico, pero nunca social, que buscan mermar el interés y la capacidad de la Democracia, apuntando de que ahora en más (en el presente y en el futuro) ya no habrá más enemigos políticos, salvo los comerciales, por lo que optar entre una colectividad u otra es una mera decisión de consumo.
A mediados de los ‘90 algunas voces señalaron que las guerras futuras no serían por el petróleo -tan de moda tras la II Guerra del Golfo Pérsico- sino por el agua…
Y con Al Gore y el cambio climático en términos súper mediáticos y removiendo las conciencias de los ciudadanos de bien, el tema del agua ya es principal. Ya asusta, ya genera enojos, molestia, peleas, rabia, desprecios. Y detrás de ese bien cada vez más transable se esconde la perpetua lucha por la energía.
Y esos enfrentamientos por ella ya se palpan acá en España, por ejemplo, y en África donde siempre fue una necesidad entre necesidades varias.
En esta semana el agua ha hecho noticia doblemente en la península ibérica.
.
El trasvase.
Por características geográficas Barcelona es una ciudad que no cuenta con un caudal cercano y potente que le proporcione raudales del líquido vital. El agua del grifo es, además de un mal sabor, no como la de Madrid. La sequía de estos últimos años ha multiplicado ese problema, ya de por si potenciado debido a que BCN es BCN, una ciudad industrial que demanda agua para funcionar por sobre la necesidad de otros.
Geopolíticamente España se divide por Comunidades Autónomas bajo el alero de un gobierno central que administra, entre otras cosas, las relaciones entre esas diversas comunidades. Y esta semana el gobierno central, en manos de Zapatero, optó por dar luz verde a un polémico proyecto que posibilitará desviar agua desde el río Ebro (lecho que atraviesa Aragón) hasta la ciudad Condal mediante cañerías y pantanos varios.
Es lo que se denomina trasvase, aunque el gobierno central no lo llame así y yo no sepa dilucidar un nombre certero para el entuerto, pues no soy hidrógrafo ni geólogo o como se llame la profesión que estudia los temas acuáticos, aunque en este caso la denominación va de la mano más bien de la pericia legal y del buen ojo político.
La Gerenalitat Valenciana y Murcia también requieren agua y no están dispuestas a aceptar que a Barcelona les den agua y a ellos no.
Y claro la ecuación política es simple. Cataluña y Aragón están en manos del PSOE y Valencia y Murcia son comunidades mandadas por el PP. También se oyen alaridos referentes al daño ecológico que la merma de caudal en el Ebro podría producir.
Y mientras todo esto ocurre, paradójicamente, en España llueve como nunca yo había visto…
.
Llueve en Madrid.
Sumando y restando llevo dos años en España y en efecto nunca había visto dos semanas como estás. Dos semanas de temporal, de lluvia intensa, de inundaciones, de puertos cerrados, de partes radiales informando por el estado de las carreteras, de sirenas raudas al anochecer, cuyo ruido se mezcla con el incesante golpeteo de miles de gotas que caen en la ventana. Y el frío, ingrediente extraviado en otras jornadas, ahora se muestra con prepotente desidia para recordarnos que las cuatro estaciones nunca están del todo claras en Madrid y que esta Primavera más parece un Otoño envejecido.
Y me gusta. Me gusta la lluvia y alguna vez afirmé que la tímida lluvia que había conocido en Madrid no se comparaba con la de Chile: lluvia ágil, dura y duradera. Que aúna frió, agua, asfalto, barro y unas ganas de armar un refugio en una cama y aguantar el chaparrón entre el humo crema, la música, lecturas varias y una sopa de tomate.

Cuando iba a la Universidad y entre el 2000 y 2002 se produjeron grandes inundaciones en STGO, siempre agradecí la posibilidad de disfrutar la lluvia en esos términos agradables. Iba en la micro, de esas amarillas, y mientras caían las primeras gotas y los matinales de la TV ya desplegaban a sus periodistas por los barrios más mal construidos de la capital, donde el anegamiento es siempre seguro, yo disfrutaba del agua y del frío y me negaba a entrar en la catarsis colectiva de la mitad de chilenos. Esos que ante las imágenes de TV que mostraban a la otra mitad de chilenos incapaces de mantener una relación pro-positiva con la lluvia, pues para ellos sí que es un ente dañino y malvado, se alzaban para ayudar y salvar sus almas.
Y ahora en Chile tampoco ha llovido según parece, pero como Chile es una República centralizada al máximo no habrá trasvase ni nada por el estilo. Y es que no hay ríos, no hay represas, no hay gas y la falta de agua no sólo afecta el sistema hidrológico, sino al energético, en Chile, para evitar problemas y para ahorrar, habrá racionamiento eléctrico.

5/2/08

Tradición contra Modernidad

Es el Guggenheim la atracción máxima de Bilbao. Al menos eso dicen los entendidos en viajes y arquitectura urbana, mientras que otros muchos subrayan que el museo en cuestión le aportó cierto dinamismo turístico a la alicaída capital de Vizcaya. Con el museo y el ornamento de la riada bilbaina la ciudad mutó positivamente al parecer, esto a luces de la afluencia de viajeros extranjeros que han posibilitado que Bilbao deje el lastre de toda ciudad manufacturera que se erigió como tal con la segunda revolución industrial (fines del XIX principios del XX), es decir, con desorden, con fealdad, con la prepotencia del progreso mal implementado por la premura del miedo, del miedo que el progreso pase por fuera y nos deje varados en la inopia modernista
Cuando el sábado pasado vi el inmueble no me sorprendió del todo. Inaugurado en 1997, con polémica de por medio debido al alto presupuesto que la obra chupó de las arcas vascas destinadas al apartado de “cultura”, su estructura de titanio copulaba perfectamente con el puente de Santiago Calatrava y con las esculturas en la ribera del río. Sin embargo, yo ya estaba obnubilado por los verdes montes que ensombrecían la cañada y los puentes y posibilitan que, si se miraba al poniente, se vieran las casas de piedra caliza de los montes, y si se miraba al levante le titanio emergiera con sus alaridos de modernidad que a veces perturban otras te seducen, pero casi nunca te dejan indiferente.

Puppy

No había ni tiempo ni euros para entrar a la pinacoteca, por lo que la foto en el frontis del Guggenheim iba a ser el mayor pedazo que podía rescatar de esa obra de arte en si, continente de muchas otras...Pero había más... Había que sacarse también una foto más, esas que nunca están de más, pero que en rigor a nadie le interesan. “Puppy” lo llaman y es un perro gigante hecho de flores que defiende la entrada del museo. En efecto estaba lleno de turistas sacándose una instantánea con el adefesio aquel; ese sábado, en su mayoría, japoneses...


Presos

Pero ahí, ahí fue cuando la artificial modernidad se diluyó. Frente a “Puppy” había una manifestación -lo que no es novedad en Euskal Herria- de padres y madres de etarras presos en las cárceles españolas. Mujeres y hombres de 60, 70 o incluso 80 años que, con una dignidad enorme y con bastante frío, denunciaban las políticas carcelarias del PSOE y el PP que consisten en repartir a los etarras presos por varias cárceles de la geografía hispana ¿Es correcto? No me queda del todo claro y más parece que una carta en si, una opción siempre fácil de darle un caramelo a los asesinos cuando estos titubeen con la paz. Lo hizo Aznar, seguramente lo iba hacer ZP y quizás lo haga si salé elegido otra vez y en rigor los beneficios para el Estado español se me antojan cortos y banales ante la cara de esos padres que nada tiene que ver con la osadía y la estupidez de sus retoños, pero que sufren como víctimas más de una dinámica que no va a parar por más legalizaciones, negociaciones y de mases.No dudo que ser víctima o familiar de una víctima del terrorismo etarra debe ser terrible, pero cuesta empatizar con organizaciones atenazadas por visiones políticas. Yo tampoco tengo nada que ve con el hombre que me entregó un panfleto con información referida a los presos, ni con las madres que aguardaban la lluvia matinal de ese sábado, pues son pocas las cosas que pueden esperar. Pero esa mañana en Bilbao agradecí ver esa expresión de rutina -tradición- de un puñado de hombres y mujeres fuera de foco, off-side, que gastan su jubilación en trenes y autobuses para ver a sus hijos, la mayoría, quizás, bien encarcelados...
“Puppy” me pareció un experimento vació de una ciudad pretenciosa. La inofensiva manifestación me mostró, una vez más, que para ser universal no es vital exportar eventos de otras culturas, sino mantener lo propio siempre arriba, siempre en alza. Sumando y restando Bilbao me pareció hermosa, completa, entregada y, en resumen, el País Vasco es la región de la península ibérica más adorable geográficamente. Y la más intrigante.

27/1/08

Catrileo y Troncoso en la calle y no en la TV

La información por canales antes convencionales es escasa, esporádica y tardía. Con un enfoque artificial y sin ir al fondo de problema, disfrazando ese fondo con los arropados vestidos de los intereses económicos y sociales de una elite que ya escribió la historia y no pretende modificarla, ni modificará el statu quo en que nos encontramos inmersos. Esos medios son las páginas webs de los periódicos y radios más importantes de Chile: emol.com, latercera.cl, cooperativa.cl y la mayoría de los cls.
Acá en España fue mínimo lo que se publicó sobre la muerte de la figura cada día más heroica de Matías Catrileo, el joven comunero mapuche que no renunció jamás a sus raíces a pesar de criarse en la urbana ciudad de Santiago y que prefirió seguir sus estudios en la región de la Araucanía, viviendo con otro iguales y comprendiendo lo que la mayoría de los chilenos nos ha costado entender: no somos occidentales, somos mapuches o mestizos, regidos eso si por una burguesía made in Europa que nos ha hecho creer que somos diferentes a los otro pueblos latinoamericanos… Racial y económicamente diferentes. L
os “ingleses de Sudamérica”, los “jaguares”, los “democráticamente estables”. Todo caricaturas y falacias…
Catrileo murió por un disparo ejecutado por un carabinero mientras éste defendía un fundo que Catrileo y otros diez comuneros pretendían tomarse. El fundo en cuestión es de un empresario de origen alemán llamado Jorge Luchsinger Viliger quien, en una entrevista en El Mercurio, se refirió a las personas pertenecientes a la etnia mapuche en los siguientes términos:
“El indio no ha trabajado nunca. El mapuche es un depredador, vive de la naturaleza, no tiene capacidad intelectual, no tiene voluntad, no tiene medios económicos, no tiene insumos, no tiene nada (...). Entregándoles tierras no van a dejar de ser miserables. ¿Ha visto los campos que les entrega la Conadi? No queda nada, ni un árbol, no producen nada”.
Triste, pero real.
Tampoco se ha publicado mucho sobre Patricia Troncoso la activista mapuche que lleva 108 días en huelga de hambre por ser procesada por la ley Antiterrorista, ley creada en los años de la dictadura y que los gobiernos de la Concertación no han arrugado la nariz para aplicar.
Y claro, es difícil que el imperio PRISA ose hablar mal de Chile (ahora menos, pero es PRISA quien marca la pauta informativa de las noticias que viene del mundo). De Chile, tras un año de la muerte de Pinochet, sigue siendo eso: la dictadura. Europa y el mundo son renuentes a enterarse que en el sur de Chile se están enfrentando visiones y ethos distintos, al margen de la constitución de un Estado, si bien no fallido –en este caso Chile- , pero que alberga una sociedad fallida y que tarde o temprano estallará…
Ante esta orfandad informativa ha sido www.youtube.com el ente por el cual he visto y sentido palpable el choque cultural que en Chile se niegan a ver y por el cual no dudan en minimizar la figura del antes nombrado Catrileo al que tachan de “joven inadaptado y punk” (otra vez El Mercurio, aunque en el arte de crear perfiles de Catrileo La Tercera no le fue en zaga). Varios videos circulan en la web que muestran las protestas que se han producido en Santiago por la muerte de Matías y la huelga de hambre de Troncoso, entre ellos una semblanza sobrecogedora sobre Catrileo publicada en castellano y en euskera. (
http://www.youtube.com/watch?v=xB5buPlWIrI)


MILES DE KMs.
El fin de semana pasado visité Vitoria para ver a Bea. El sábado incluso fui por el día a San Sebastián. Por la noche, cuando íbamos a beber algo en un bar y conocer a una de sus mejores amigas, nos topamos con una gran pancarta convocando a una manifestación en apoyo a Patricia Troncoso y en memoria a Matías Catrileo.
No me enteré antes, fue a las 16:00 horas y en ese instante estaba en la playa de la Concha en Donosti…


Pero fue fulminante ver ese cartel en medio de la fría noche vitoriana. Quien se quiere enterar se entera y el que no, se censura. Esa fue la conclusión, a bote pronto, que saque al comprobar que en la capital del País Vasco se congregaban no más de 20 personas para protestar por sucesos que ocurrían miles de kilómetros lejos de ahí. Claro, los vascos sienten como algo personal cualquier presión a una etnia o “nacionalidad” diferente y enmarcada en un Estado mayor. No lo dudo, pero cuando Bachelet visitó Madrid por primera vez en su mandato –año 2006- las manifestaciones en apoyo al pueblo mapuche fueron notorias e incluso el escritor portugués José Saramago abogó por un mejor trato (y a Saramago no le podemos achacar una condición de nacionalista centrífugo, pues no oculta su deseo de una Portugal unida a España donde la capital sería Madrid).
Esta vez las voces han sido pocas en España...

¿Qué pasará si muere Patricia Troncoso?
¿Rebotará con fuerza en los ambientes socialmente comprometidos de las españas o quedará archivado en el inconsciente colectivo, como puede quedar archivado en la agenda setting de los medios españoles?
¿Qué pasará en las calles de Chile si eso sucede?
¿Su muerte nos ayudará a reaccionar, cómo la de Matías Catrileo ha ayudado para abrir los ojos?

8/1/08

Trenes y Rallys

Puede que mi vida de trabajador en Madrid se resuma en un tren de cercanías. Todos los días de Pitis a Las Matas: un trayecto demasiado corto para, por ejemplo, entregarme a la lectura concentrada que merece un libro y que para ser completo incluye un trasbordo obligado con la red de metro de la capital hispana, lo que impulsa una perpetua y leve alerta: no es igual pasarse en una estación del suburbano que en una de trenes, pues la frecuencia de estos últimos se tranza en centena de minutos, por lo que es el viaje de mi casa a la pega es un camino reñido con la distracción…
En definitiva no es un viaje desagradable, pero si obviable. Si ahora comienzo este articulo así es debido a que empecé a parir la idea central de las líneas que vienen a continuación en un tren de cercanía colmado de inmigrantes de todo tipo y de todo tipo de trabajos. Y muchos españoles, que no es un pleonasmo aunque de bote pronto parezca redundante.
Sin embargo, el germén de este post parte el viernes pasado, en la boletería de Las Matas, cuando de golpe choqué con eso tan español que a veces cuesta digerir del todo...
Raudo corría junto a Bea por las inmediaciones de la mencionada estación para agarrar el tren de cercanía que continuaba hasta Segovia pues, si bien es otra provincia, un convoy que pasa cada dos horas llega hasta la ciudad castellana famosa por el acueducto romano y el cochinillo asado. Entonces el apuro tenía justificación, el tren ya se iba, había que comprar los tikect y el reloj –muy cabrón siempre- trotaba a la par que nosotros… Pero aún había tiempo y llegamos a Las Matas con margen. Incluso agradecí la suerte de no caer en la manoseada melancolía de perder el tren por más que los modernos coches de cercanías poco tengan que ver con la escena recurrente en la literatura y la cinematografía que simioticamente nos muestra un andén diluido por el humo de la locomotora.
Todo, al parecer, estaba en su sitio. Los viajeros esperando y el tren aún lejos. Pero no contaba con la rutina calada del español promedio. Tuvimos Bea y yo la mala ocurrencia de querer comprar los pasajes a las 16:43 de ese viernes –el primero del mes de enero- a la misma hora en que el hombre a cargo de la venta de los mismos ya tenía agendado su café matutino. No había nadie para vender los dichosos billetes y la única información que pudo proporcionarnos el guardia de seguridad de la estación se limitó a ser el tipo de brebaje que el mentado estaba bebiendo: “Es que a esta hora Paco se toma un café bom-bom”. ¿Es posible que en la novena potencia del mundo se pueda abandonar el trabajo por el café y mandar a tomar por vientos a los metódicos gilipollas que quieren cumplir con las normas y los reparos?
Conseguimos, eso sí, la venia del segurata para subir al tren sin pagar y parlamentar con el revisor sobre nuestra situación. La experiencia a bordo de los cercanías no era muy halagüeña: es cierto que la libertad del sistema te permite –con suerte- usar el servicio y no pagar, pero para evitar eso hay uno que otro inspector con cara de perro que pasa multas a los que no tiene el billete o el abono trasporte. Cruzábamos ya la frontera entre Madrid y Segovia (FOTO), algunos faldeos impactaban por una nieve siempre ajena para el chileno marino, cuando el inspector nos encaró con buen semblante y luego de la explicación pertinente nos cobró lo justo: 5.45 euros. Para el revisor era completamente posible que Paco se tomara su café.

DON JULIO
En fin, esa no era la idea central…
Al menos no es lo que pensé en el tren cuando regresaba a casa. Mi intención era narrar algo sobre el suspendido Lisboa-Dakar y la posibilidad de que mute en algo así como Río de Janeiro-Atacama. Pero tampoco tengo demasiada información de un evento –la suspensión de un evento- que impulsa a debatir sobre el real poder del terrorismo o del miedo.
Ahora bien. No fue hoy y quizás tampoco ayer cuando pensé que debía escribir algo sobre el difundo periodista nacional Julio Martínez. Reconozco que el impulso primario era ese, pero la nostalgia se vio aletargada por la muerte de Matías Catrileo, joven comunero mapuche ultimado por las fuerzas especiales de Carabineros cuando estás reprimían el “ataque” al fundo del empresario “chileno” Jorge Luchsinger.
La perspectiva cada vez más real de que en Santiago se percaten que en la Araucanía ya estalló un conflicto étnico de proporciones que rebasó la historia, la raza, lo social y lo económico; va encaminada a seguir reflexionando sobre un hecho que este 2008 puede traer por fin consecuencias, terribles para el Chile europeo, pero positivas para la sinceridad de un sociedad fracturada, pluriétnica, auto-engañada, desigual.
De don Julio poco se puede decir. Se va una imagen y con él los recuerdos de esos domingos en que ver los goles en Teletrece era primordial y único (yo iba a clases por las mañanas y no había permiso para ver Futgol a las 00:00 horas, salvo goleada espectacular de la UC). Comentarios cada año más vagos y dispersos, pero siempre vistos y oídos. Además la muerte JM es la muerte de alguien que viste en TV desde que naciste, lo que impulsa a percatarnos que cada vez los mitos se derrumban o mueren mientras los años pasan. Dejamos de creer en el Viejo Pacuero, pero gente como JM hacen de hilo conductor entre la edad infantil sustraida por el pasado y la manceba adultez que los 25 imponen. Algo que agradecerle a la TV como medio y mucho a JM como periodista.

13/12/07

Asaltado, pero no ultimado

El destino quiso….
El destino, el destino, el destino ¿El destino? El destino así como organizador de vidas, instantes, encuentros, robos y muertes…
Comienzo otra vez…
La casualidad quiso que el mismo día que en Saioa Sánchez y Asier Bengoa eran arrestados y/o atrapados (o simplemente “caían”) en manos de la ahora súper cooperante policía francesa, en Châteauneuf de Randon –sur de Francia-; yo, por razones que paso a relatar a continuación, visité un comisaría madrileña y mi enfrenté al rostro de estos personajes acorralado por el laxo tiempo de la burocracia transnacional.
Sánchez y Bengoa habían iniciado una permanente huida cuatro días antes tras dispararles en la nuca a los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero en la ciudad gala de Cabpreton. La historia es conocida, no sólo por la reiterada cobertura periodística, sino porqué ETA suele actuar así, con tiros en la nuca (los últimos antecedentes recogidos confirman que Bengoa ayudó en la huida de Sanchéz, pero no estuvo en Cabpreton).
Las circunstancias eso si son algo más macabras: los etarras entraron a un café, oyeron hablar español a dos parroquianos, entendieron que eran policías, los siguieron y los ultimaron cuando subieron a su coche. Simple.
Ese día me reuní con mi buen amigo Edu y con Beatriz para acudir al café de Gijón (foto), antiguo centro cultural de Madrid, donde Neruda, Alberti y otros se reunían a debatir. Un espacio que juega con el turismo cultural, pero que se ha trasformado en un oneroso bar, donde por un whisky con hielo te soplan nueve euros y no te dan vuelto… En los tiempos en que los nacionales bombardeaban Madrid, con nueve euros, es decir 1494 pesetas, cerrabas el local y te quedaba para acabar la noche con alguna. De todos modos eso es una suposición, se entiende que en tiempos de guerra todo sube de precio. Corrijo, en tiempos de la República con nueve euros, o sea 1494 pesetas…
Luego fuimos a un bar de Alonso de Martínez, una calle que es uno de los vértices del barrio de Malasaña y, evidentemente en un descuido, me robaron mi bolso. Sí, fue un descuido, pero es difícil de graficar. Colgado en un gancho debajo de la barra donde bebíamos. Junto a el otros bolsos, otras prendas. Pero se llevaron el mío pensando que el botín sería más elevado: en efecto mi bolso es (era) el típico bolso para el ordenador, pero la CASUALIDAD, o más bien las circunstancias, hicieron que no llevara el ordenador esa noche.
¿Qué perdí? El bolso –que no era mío sino de la multinacional a la cual le presto servicios-, mi MP3, un cable para bajar las fotos del móvil, una bonita bufanda verde que era de Bea, documentos del trabajo y un cuaderno con algunas reflexiones. Me detengo eso si para describir lo más lamentable de lo perdido: MobyDick se fue entre los enseres hurtados y me quedé sin acabarlo, nunca supe si el capitán Ahab atrapó a la dichosa Ballena o esta se lo devoró. (Aunque lo vital eran las metáforas del suceso). Y perdí, también, mi billetera: Carné de Chile, licencia de conducir de Chile, NIE de España, dos tarjetas bancarias, tarjeta s de salud, MI ANTIGUA CREDENCIAL DEL DIFUNTO PERIÓDICO OJO EXTRA, boletos de tranvías de Zagreb, del metro de Lisboa, trenes de Suecia y autobuses de Irlanda. Tarjetas de presentación de amigos y conocidos, ticket relativamente importantes. En definitiva recuerdos que el personaje que se los llevó obviamente no valorará.

LA FOTO
Luego de percatarme se sucedieron las llamadas para bloquear las tarjetas y hacer la denuncia en la policía española. Esta última gestión fue bastante expedita, pero para confirmar el trámite debía ir a firmar a una comisaría. Y fue en ese momento, la mañana siguiente, el día de la Constitución, cuando esperando mi turno en la comisaría de mi Barrio del Pilar, miré el cartel con las caras de los seis etarras más buscados.
Antes, en Zaragoza, cuando me enfrenté a la situación de ser levemente sospechoso, me intrigó ver ese mismo cartel y esas mismas caras plagadas por todo terminal de autobuses o estación de trenes de España. Aquella vez me llamó la atención el sereno visaje de Saioa Sánchez, la sanguinaria chica supuestamente amante de Txeroki que, si bien nos apretó el gatillo, estuvo presente en la ejecución de los guardias civiles hispanos (en la foto antes de ser arrestada). Comparado con las caras un poco esquizofrénicas del resto de etarras, Saioa sobresalía por su tenue belleza y tranquilidad. Podía ser la chica del portal del frente, la del bar, la de la Facultad. Pasaría totalmente inadvertida, salvo por su llamativa belleza. No así el resto que parecía trasmitir en esas fotos algo de locura, de rabia, de miedo. ¿Cuál es la diferencia entre un vasco de 23 años que cruza el umbral ese de la estúpida ilusión y se une a la Kale Borroka, o directamente a ETA, con el otro vasco, que también quiere la independencia de Euskal Herría, pero sigue al Tau Cerámica, se come un pintxo y nunca dispararía en la nuca de nadie?
¿Dónde se radica la diferencia social del que cree en la mística de la violencia con el que piensa distinto, positivamente distinto?
Saoia cruzó ese umbral. Y ahora está detenida y le caerán miles de años.
¿Y del robo?
Nada, gracias a la compañía de Bea pasó inadvertido. Me quedé sin saber el final de MobyDick.

13/11/07

El guión se escribió en Caracas

Aznar no venía a cuento. Chávez lo lanza a la palestra llamándolo fascista; Zapatero pica el anzuelo y defiende al ex presidente de Gobierno porque su cargo lo demanda y su talante así lo dicta. Chávez responde incólume, hay un frío dialogo y el presidentísimo de Caracas pone cara poker, muy poco habitual en su visaje plagado de sonrisas e ironías, pero calculada desde antes: en Venezuela los universitarios se lavantan ante el caudillo bolivariano... La tensión recorre el Espacio Riesco, sito en Santiago de Chile, donde se reúnen los dignatarios de las Repúblicas latinoamericanas y el Reino de España en la clausura de la XVII cumbre iberoamericana.
Bachelet, como anfitriona y tibia representante de la
socialdemocracia más o menos europea, intercede tímidamente con una frase que pasará a la historia por lo insulsa, tan insulsa como la del mexicano Fox, hace tres años, cuando en una cumbre del mismo estilo el ex presidente boliviano Carlos Meza habló sobre la salida al mar y Ricardo Lagos le respondió con enérgica sobriedad, sobriedad que se echó en falta en Espacio Riesco y en quienes organizaban la fiesta…
Entonces el Rey de todas las Españas, de cuyo talante poco se intuye y poco se escribe, advirtiendo que la reacción políticamente correcta del demócrata Zapatero nada podía hacer ante las voces del autoritarismo-populista del vice dictador Chávez, reacciona como nunca nadie lo había visto, o mejor dicho reacciona como sólo una vez se le vio: en el 23-F de 1981, fecha en que la novel democracia española podía haber muerto de adolescencia. Juan Carlos Borbón y Borbón dejó su castillo protocolar, salió a cabalgar por las llanuras del hastío y se vistió con los ropajes de Monarca que es, por la gracia de Dios (o del Generalísimo), y mandó a callar al representante de Venezuela con un tono duro y con muecas que decían mucho más que la ahora famosa frase…
Luego de salir del asombro, sensación compartida por toda España y toda Latinoamérica, Chávez se frotó las manos: el Rey había bajado a su nivel o… “¿¡Me estará subiendo a mí al nivel de él!?”, debió pensar el caribeño para sus adentros... Y es que frente a frente habían dos hombres que encarnan el Estado-Nación por si solos, inmersos en una reyerta que está por sobre el resto de presidentitos de los demás países que sólo duran 4 ó 6 años en el cargo… (El Rey es que el mandatario que más veces ha estado presente en las cumbres iberoamericanas seguidos por… Chávez).
UN REY
El Rey, cansado de tanta política, coge el sendero del desencanto, que no es más que el pasillo que conduce al bar de la cumbre, para tomar, supongamos, un café. O un doble sin hielo para rebajar tensiones… Y es que luego de Chávez es el neo-sandinista presidente de Nicaragua Daniel Ortega el que lanza terrones de tierra a la inmaculada rojigualda. Demasiado para un día y, sinceramente, Ortega no merece ni un comentario, no es Chávez, y que Godoy se encargue de él, perdón, Zapatero…
Pero vuestra merced dejó el balón dando bote en plena área chica y Chávez comenzará a marcar goles permanentemente, como ya lo hizo al abandonar Chile: “Muy Rey será, pero a mi no me hace callar, porque yo fui electo”. Como esas vendrán más, pues Chávez, en su rol de caudillo indigenista quiere de España la misma imagen que Estados Unidos: la de un moustro imperial. Ese traje a España quizás no le queda ha medida, pero si le combina con los colores de su historia; esto si consideramos que hace 200 años aún nos mandaba, hace sólo 100 aún decía ser un imperio y hace unos pocos días otro país se sintió pisoteado por la actitud del Reino de España luego de que el Monarca en cuestión visitara dos enclaves ubicados en su territorio continental. Continental y demandado como propio: Ceuta y Melilla y el agraviado es otro reino, el de Marruecos. Si ha esto le sumamos las prepotentes maneras de algunos empresarios españoles que, adalides del progreso, campean por las devastadas provincias latinoamericanas, el cóctel está servido. Sólo faltaban los vasos y el Rey se encargó de ponerlos.

5/11/07

Un año, pero aún me pierdo en Madrid

Entonces salí a dar una vuelta sin rumbo fijo.
Era domingo, el primero de noviembre, y todo estaba distinto.
Caminé unas manzanas para coger el autobús fuera de mi barrio y así hacer un recorrido diferente a los que generalmente hago para abandonar el vecindario madrileño donde vivo: el patio trasero del Barrio del Pilar, más concretamente en unos pisos posteriores al centro comercial La Vaguada, al cual todo madrileño bien nacido le tiene un poco de cariño, pues fue el primero de Madrid y tal vez, en algún momento de la historia consumista europea, el más grande del continente. (Al respecto hay varios mitos: algunos dicen que el más grande está en Lisboa, otros en Berlín, pero lo singular es que todos lo que me han comentado algo al respecto me lo han dicho con un tono misterioso, como si hablasen del moustro del lago Ness, como si el dato fuese imposible de comprobar y que la única certeza es que La Vaguada es uno de los más grandes…).
Mi norteño barrio, el mismo donde vivió Iván Zamorano cuando militaba en el Real Madrid y el club tenía su ciudad deportiva de entrenamiento donde ahora se erectas las cuatro torres más altas de España (en la foto), las cuales por poco no le hacen sombra a mi ventana, me tiene (tenía) un poco aburrido pues, entre otras cosas, está lejos del centro y las comunicaciones del mismo dependen en demasía del abominable metro (vivo a una distancia equidistante e igualitaria de las estaciones Herrera Oria, Barrio del Pilar y Av. De la Ilustración).
Por eso me gusta el autobús y ese domingo la razón para dar vueltas por la superficie eran alentadas por el sonido del partido del Atlético de Madrid versus el Villarreal que mi MP3 captaba, señal que en las fauces del metro no hubiera conseguido sintonizar.

Pero además el templado clima ayudaba, el temprano ocaso (han cambiado la hora y sólo se diferencia España con Chile por cuatro) también hacía lo suyo y esa modorra que ralentiza los pasos propia de un domingo por la tarde después de un trasnoche hacían el resto.
Aunque cogí el 147, que une Callao con el mencionado Barrio del Pilar, el recorrido fue distinto a pesar de que los paisajes urbanos por los cuales transitaba la máquina ya los conocía.
Durante las últimas semanas una mala sensación me había atravesado. Una cierta rutina y el reiterado encuentro fortuito con algunas caras que ya había visto, me hicieron pensar que: 1) ya conocía Madrid y 2) ubicaba la suficiente gente (no más de 100 personas) como para perder el atuendo del anonimato…
Lo anterior se veía alentado por un dato no menor: el 1 de noviembre cumplí un año en España… Con 365 días –y contando- tienes suficiente como para saber dónde es donde y cuál es cual en una ciudad que, si bien es grande, está bien organizada e integrada. Además los distintos avatares me han llevado a conocer gente en distintos estamentos, lo que abre el catálogo de caras que puedes reconocer en un autobús, por ejemplo, o en e metro o en X barrio o en X universidad. Rostros que he visto en entrevistas de trabajo, aulas de clases, bares, pisos de amigos de amigos…etc.
Entonces el 147 (mención especial para el destartalado Fiat 147 de mi padre el cual, pilotado por Felipe Pérez, nos llevó a innumerables sitios del puerto de San Antonio…) dio varias vueltas, bajo por Plaza de Castilla, tomo la Castellana, luego, no estoy seguro, la calle Génova -o una paralela a ésta- y después se metió a Chamberí. Cuando pasaba fuera del metro de Bilbao divisé una librería abierta (¡domingo!) y aunque dudé en bajarme, el Kun Aguero me empujó a hacerlo… el argentino acababa de marcar el tercer del Atlético y el equipo de Sabina y Torrente derrotaba al equipo de Pellegrini por 3 a 2…

Me perdí

En la librería había abundantes ejemplares de bolsillos (cuestan 10 euros de promedio) así que decidí que me iba a comprar uno. Pero, como siempre me pasa cuando voy a comprar libros o ropa, la duda me apremiaba en todo momento. Recorrí los estantes varías veces y no me decidía cual adquirir, aunque debo reconocer que uno de Mankell y Moby-Dick llevaban la delantera. En eso empató el Villarreal mediante el turco Nihat y pensé que un punto en el Calderón era suficiente. Pero el turco otra vez marcó, a falta de un minuto, y el Villarreal ganó y yo celebré con un pequeño salto y entonces opté por Moby-Dick y pagué con un billete de 5 euros y algunas monedas sueltas y salí a la calle contento e iban a comenzar los comentarios post-partido en la Ser y se me acabaron las pilas y me di cuenta que soy hincha del Villarreal aunque nada me identifica con el club de la única comunidad autónoma (más Galicia) que no conozco dentro de la península ibérica.
Fui entonces a un café franquiciado que se llama, ¡oh, divina originalidad!, Café y Té, que es la versión española de Sturbuks (tal como Expreso House lo es en Suecia y el Barón Rojo lo es en Santiago). Me puse a leer sobre leviatanes y ballenas en la terraza del mismo y me di cuenta que si bien sabía que estaba en Chamberí, la temprana noche no me ayudaba para distinguir el sitio exacto donde me encontraba. Conocer una ciudad por partes inconexas mediante el metro provoca que a veces te sorprendas al darte cuenta que tal calle desemboca en tal avenida y que tal lugar queda cerca de otro lugar que situabas en otra punta diferente de la urbe en cuestión. Es un ejercicio divertido cuando las veces que te subes a un coche –y puedes unir los barrios y las calles- son contadas con el índice y el pulgar y se reducen aún más cuando Antonio está en Londres y su auto verde, que cada sábado llegaba con un accesorio menos a clases, pasó a mejor vida o a peores manos…
Mientras tomaba el 147 de regreso a mi barrio agradecí la circunstancia de que, después de un año, aún puedo desorientarme en la capital española.

7/8/07

Amenazas de bombas

La primera vez que huí de una bomba fue a fines de los ’80. Pero el concepto material de terrorismo-miedo-reivindicaciones políticas aún no cuajaba en mi mente. En aquellos añorables años las variables fanático-islamista o nacionalista-identitaria todavía no aparecían y toda bomba o asesinato acaecido tenía la lógica de la Guerra Fría impregnada en la dinamita o la goma dos (recordar que ETA en su fondo, es un movimiento de izquierda que lucha contra el fascismo).
Ocurrió un sábado de primavera de 1988 a meses o días del trascendental plebiscito del SI y el No, votación que decidiría si Pinochet seguía mandando o se abría la puerta para el advenimiento de la democracia (mis palabras no resumen lo que esto significó y significa para Chile, algún día escribiré algo sobre el 5 de octubre del aquel año)...
Era sábado, recuerdo, porque la escena transcurre en el metro Universidad de Santiago, la estación más cercana del terminal Alameda. Ese día llegaba con mi madre a la capital de la República de Chile a alguna reunión familiar y, como solía ocurrir en esos años, la impuntualidad de mi progenitora se potenciaba con la defectuosa ruta 78 y los destartalados Pullman Bus que unían mi San Antonio con Santiago. En resumen, íbamos muy atrasados...
Pero al comienzo la suerte pareció ayudarnos. Apenas compramos el boleto de metro -yo tenía 6 años y pasaba por debajo del torniquete- la alarma del cierre de puertas comenzó a sonar. Mi madre, con el abultado bolso en la diestra y agarrandome de la mano con la siniestra, bajó rauda por las escaleras y logramos subirnos al vagón por milésimas de segundos. Pero la alarma no dejó de sonar, las puertas seguían abiertas y otros dos rezagados también se subieron al convoy restándole dramatismo al carrerón de mi madre. La gente se impacientaba y yo sacaba cuentas de las paradas que faltaban para llegar a Manuel Montt...
Minutos después el conductor del tren anunció por los alto parlantes que había una amenaza de bomba en la estación Los Héroes y que el servicio del metro quedaba suspendido. La gente se bajó tranquila, más bien molesta por el tiempo perdido. Algunas voces se preguntaban quien sería el autor de tal amenaza: el Frente Patriótico Manuel Rodríguez o el grupo Lautaro. Por que en definitiva fue una amenaza. (Guardando las proporciones el FPMR es a ETA, lo que Lautaro puede ser a GRAPO, es decir más que un par de crímenes y atracos bancarios Lautaro no hizo mucho más y fue desarticulada en breve)
Nos tuvimos que ir en micro, en esas micros pre-pre-pre Transantiago y, como el transito estaba cortado por la Alameda debido a la amenaza de bomba, el autobus dio un rodeo eterno que nos dejó en nuestro destino una hora tarde. Mientras miraba por la ventana el ajetreo, las patrullas de policía con sus sirenas encendidas, la gente corriendo, el chofer de la máquina literalmente se sobó las manos. “Con el metro cerrado, las micros van estar llenitas...”, comentó sonriendo. En efecto la micro en que nos montamos con mi madre estaba repleta, pero alguien le cedió el asiento y yo me fui sentado en su falda.

En definitiva ganó el NO, Pinochet se fue de la Moneda, el Partido Comunista no se alcanzó a subir al carro de la Concertación y su brazo armado no entendió que tras el fin de la Guerra Fría y el retorno de la democracia, el terrorismo ideológico podía ser aparcado. El FPMR se separó y una de sus ramas continuó la “lucha armada” asesinado a balazos al ultraderechista senador de la UDI Jaime Guzmán cuando salía del campus oriente de la Universidad Católica el 1 de abril de 1990. Yo no sabía que significaba ser senador o ser UDI, ni tampoco ultraderechista (la dicotomía en esos tiempos era: Pinochetistas versus no Pinochetistas, Guzmán era de los primeros), pero quedé impactado, tanto así que cuando días después murió el pianista Claudio Arrau pensé que había muerto un “senador”. Nada más importante que ser senador. Cualquier muerte que aparecía en la TV tenía que ser de un senador...
En esos primero años de democracia el FPMR secuestró al hijo del dueño del diario El Mercurio, cometieron varios asaltos y, tras un atraco bancario frustrado, se refugiaron en una casa raptando a una familia durante todo el día. Aquella noche el noticiario nocturno se alargó una hora más esperando el desenlace del rapto -todos los frentistas abatidos por las fuerzas de seguridad, la familia rescatada ilesa- que Canal 13 suspendió la emisión del capítulo de Flash, ese superhéroe que corría rápido y vestía de rojo...
Puede que perpetraran más actos violentos, pero mediaticamente no recuerdo más (salvo, claro está, la gran fuga en helicóptero el 31 de diciembre de 1996 con Mauricio Hernández Norambuena, Ricardo Palma Salamanca, Patricio Ortiz Montenegro, Pablo Muñoz Hoffman colgando en un canasto y todo Chile descorsertado...).

Años después, ya en España
El terrorismo en mi vida da un salto cuantitativo hasta el 12 de diciembre de 2004. Ese día acudí con mi ex cuñado Yago a ver al Real Madrid contra la Real Sociedad al Santiago Bernabeu. Era la primera vez que iba a ese estadio y el partido era malo, así que me preocupé de sacar fotos, ver las gradas, la gente. Transcurría el minuto 77 y el partido iba empatado a uno cuando el cuarto árbitro llamó al juez. El juez llamó a los jugadores y mi ex cuñado me dijo que saliera que algo había pasado o iba a pasar. Otros pocos también comprendieron que algo extraño ocurría. Para cuando anunciaron por los alto parlantes que había una amenaza de bomba de ETA la mitad del público ya había abandonado el estadio en un correcto orden.
Pero claro, eran otro tiempos. Las torres gemelas ya habían caído, el 11-M enlutaba Madrid y España y en Chile se sentía una extraña sensación que la distancia ampararía la calma. Nunca el terrorismo en Chile metió miedo (salvo el terrorismo de Estado), por lo que declaro no estar sensibilizado con el tema. Alguna vez me vi discutiendo con una mujer española sobre ETA y cuando se quedaba sin argumento me soltó: “Tu no sabes lo que es ETA porque tu nunca has vivido el terrorismo”. En rigor, tenía razón y quizás el recuerdo de esa conversación me ha llevado hacer este repaso...
El 7-J estaba en Pamplona viviendo los San Fermines. Fue mediante Gara que me enteré, gracias a las fotos, pues no entendía ni entiendo el vasco; que algo había pasado en Londres. Me fui a un coche a oir que algunos datos más y entre la avalancha de información Radio Nacional de España confirmaba que el gobierno central había subido el nivel de alerta.
Aquello no es menor. Quizás para el resto de los españoles no significase mucho. Pero tras regresar a Madrid después de mi estadía en Navarra verifiqué que el nivel de alarma se hacía tangible y visible con guardias de seguridad armados con rifles y perros en cada tren de cercanías de la capital hispana. Sólo dos veces había visto a un ser humano con una UZI fuera de un recinto militar.
En los tiempos de Pinochet las metralletas abundaban, pero el recuerdo me lleva a un local de Cema Chile (organización de beneficiencia de la esposa de Pinochet) que quedaba al lado de mi casa y el cual estaba resguardado con tres soldados fuertemente armados, a pesar de estar ubicado en un barrio residencial...
(La otra fue en Montevideo, el año 2004, cuando vi a unos guardias bancarios con Uzis y miradas amenazantes).
No es menester decir que el terrorismo logra su objetivo con una facilidad abismante en el primer mundo. No es que asuste, al menos no me asusta del todo que una bomba estalle en Irak o un coche bomba se estrelle en el aeropuerto de Glasgow. Pero logra que el poder establecido reaccione para mantener o salvaguardar el statuo quo. En dictadura las soluciones son rudas y banales: metralleta, tres soldados, desalojo total del metro... En democracia se intentan otros métodos más decentes, pero que igual atentan contra la libertad y la tranquilidad. Invetervenciones telefónicas, impedimentos de llevar shampoo en los aviones, desalojo total del metro (o del aeropuerto). El megaterrorismo mediático inaugurado después del 11-M (antes tambien lo hubo) trae consigo dos consecuencias. Miedo y perdida de libertad. Y en ambos casos el poder, en vez de aplacarlos fortalece esos tristes sentimientos.

19/7/07

Identidad y lo que pudo ser

A veces el recuerdo deja de ser el alma de la opinión para trasformarse en el cuerpo mismo. De esta manera se desvirtúa cualquier posibilidad de ser constante o cuasi-profesional en el pseudo-arte de mantener a flote un BLOG, por una razón fundamental: el pudor... Aquel “pre-moderno” sentimiento levanta los ánimos de la desidia y la abulia y ambas forman una cruzada contra la simpleza de trasmitir opinión. Los recuerdos aparecen y no lo puedo evitar por más que quiera y además, no los quiero dejar pasar. Menos cuando la nostalgia y España me evocan lo que soy y lo que no fui. Lo que puedo ser (aunque siempre guardaré las composturas, como mi amigo Milan Kundera demanda).

Benjamín Blanco Díaz
Ya no estoy en Aviles, ciudad portuaria del Principado de Asturias. Fui en un viaje relámpago que duró exactas 24 horas hace ya unas semanas. De hecho ahora estoy a bordo de un TALGO 200 con destino a Málaga, pero fue ahora, o más bien ayer tras conversar con alguien que sabe, que concluí que mis pensamientos, sensaciones y evocaciones de lo que pudo ser son certeros y en ningún caso menores...
Muchos de los que lean este BLOG (o mejor dicho los pocos que lo leen) sabrán que Benjamín Blanco Díaz, mi abuelo, nació en Infiesto, pueblo cercano a Piloña, pueblo, a la vez, cercano a Fresnosa, todos enclaves de Asturias. Emigró a América y llegó a Buenos Aires, pero, sin que yo tenga claridad al respecto, un contacto de él ya se había instalado en Chile y le brindaba cierta cobertura para comenzar una nueva vida allende Los Andes. Las razones del exilio no son otras que la pobreza que azotaba la región minera del norte de España. Mi abuelo tuvo la suerte, o la ocurrencia, de emigrar antes de que la Guerra Civil arrasara el país (más concretamente 1929, el año de la gran crisis mundial).
Se casó con una hija de emigrantes españoles (padre de Zamora, madre de Cataluña) y concretamente hizo la “América”. Con permanente boina calada nunca perdió el acento. Desde que tengo noción se celebraban en mi casa los 12 de octubres, una fecha tan ambigua, que para la colonia española en la provincia de San Antonio representaba tanto. Paseos al campo, tortilla de patatas, pesudo-paellas. Con la llegada del cable a mediados de los ’90, Antena 3 y TVE pasaron a ser los canales favoritos de mis abuelos.
Otro apunte: Mi padre vivió en España en los postrimeros años de Franco y una hermana mía nació en Madrid.
Puede que hasta hace unos días, concretamente desde que estuve en Aviles, España era Europa, era Fanny, era un roce académico, era conocer... Y claro, lo antes descrito, el vínculo sanguíneo con una tierra llena de mitos, leyendas, evocaciones tristes.Y es que mi abuelo antes que español era mi abuelo. Y mi padre, no sé porqué, era muy chileno, con un nacionalismo que yo estuve a punto de heredar y que talvez explica porque nunca mi hizo los trámites para recuperar la nacionalidad española, algo que ahora yo lamento... En definitiva, aquella ensalada de prejuicios era lo que representaba interiormente España para mi. Algo fuerte sin duda. Era evidentemente después de Chile el país más importante en mi vida.


Mapa de Asturias, la tierra donde nacío
mi abuelo.




Lo que pudo ser...
Pero en Aviles, en la Estación de Renfe de Aviles, tuve algo parecido a una epifanía. Vi a un tipo cercano a los 22 años vestido con chándal, gorro con visera, una polera deportiva. Alto, ojos café, pelo castaño, sin barba. Fumaba un cigarillo marca Fortuna. Lo acompañaba un chica guapa, pelo castaño, tez más blanca que él y también vestía modestamente, sin aspavientos. Parecía sumisa, pero, pude notar a cierta distancia que discutían siendo ella quien imponía mayor encono a las palabras. Luego llegó el tren, el apuro, el apremio. Los perdí de vista sin nunca saber el tema de la discordia.
El tipo no se parecía físicamente a mi. Tampoco sé cuales son mis gestos característicos, pero dudo que él los tuviera. Sin embargo, me vi reflejado en él y en todas sus desventuras y preocupaciones. En sus gozos y sus penas. Imaginé cuales podrían ser, concluyendo que podrían haber sido las mías.
Independiente del legado de mi madre y sus raíces alemanas, si mi abuelo no hubiera emigrado mi situación no sería muy distinta a la de aquél personaje. Hubiese sido un buen albañil, un buen mecánico. Quizás minero. O tal vez hubiese ido a la Universidad de Oviedo, pero seguramente no hubiese estudiado periodismo.

¿Chileno?
¿Y si mi abuelo se hubiese quedado en Mendoza? ¿Me pasaría la vida tomando mate y sería bueno para el fútbol? ¿Y si en vez de Chile mi abuelo hubiese elegido Venezuela como destino final? ¿O Cuba?
Soy una decisión del padre de mi padre. Soy hijo, no ya de la emigración, sino de la pobreza de España. ¿Entonces que tan chileno soy?
Mariano, mi querido amigo de la infancia, se define como chileno-llolleino y da en el clavo. El amor que él siente por ese pueblo (aunque ni siquiera es pueblo, pues pertenece administrativamente a San Antonio) es tremendo. La cara que tiene cuando lo veía bajar por avenida Providencia del brazo de su madre denotaba –y seguramente denota- una satisfacción tremenda que mi terquedad y mi crítica constante me hacían imposible sentir.
¿Dónde aparece el vínculo con Chile? ¿De donde surge o podría surgir la identidad de chileno que tengo?
Podría, sin lugar a dudas, decir que Llo-Lleo (y Santo Domingo, Cartagena, Barrancas) son mi patria y no algo tan grande y difuso que se llama Chile. Cuando la nostalgia invade mi habitación generalmente abre la puerta para recuerdos de mi niñez que son los recuerdos que realmente atesoramos (y es que los recuerdos posteriores, los de la mi época universitaria en la ciudad-Estado de Santiago, aún son y serán por mucho tiempo anécdotas). Todos esos remembranzas infantiles están relacionadas con los barrios antes descritos. No pienso en la bandera, en la cordillera, ni en la copia feliz del edén... Si en el paseo Bellamar, si en la playa de Las Rocas, si en Pelancura, si los block de Barrancas, si en el Parque DYR donde casi pierdo dos dientes tras caer de mi bicicleta, pero donde por primera vez toqué un par de tetas a mediados de los ’90 (con música de Nirvana, Pearl Jam y La Ley de fondo). Si pienso en la calle Santa Lucía, en Angámos, en el cerro del Cristo y en el sinnúmero de personas que me vieron crecer y yo vi envejecer.
Lo único claro es que Llo-lleo está en Chile. Y esa contención hace un link de difícil definición, pero que logra que me quede despierto hasta las 2 de la mañana para seguir a la gloriosa sub-20 en Canadá. Ese link y el nacionalismo que casi heredé de mi padre, resumen porque me da lo mismo si España pierde en cuartos de final, pero porque siento vergüenza y pena cuando a once borrachos le meten seis goles en la Copa América.
Todo me parece confuso. Estoy en plena búsqueda de mi identidad y espero, más temprano que tarde, encontrar esa definición, ese link que enlaza Llo-Lleo con Chile con Asturias. Algo no menor en los tiempos en que la globalización campea y devora las raíces histórica de los países imponiendo la visión de otros. O imponiendo una verdad global.


27/6/07

Extremadura 1...

Un gran espejo se imponía en el pequeño bar, pero su ubicación no resaltaba. Si la intención era profundizar el estrecho salón, no se lograba... Entré, saludé, pedí un café, cogí el Marca, dejé mis cosas en una de las tres mesas, fui por el café y recién en ese momento vi mi cara de sueño, mi pelo sucio, mi camiseta arrugada y despeinado reflejado el mentado espejo.
Era aún temprano y lo es ahora cuando escribo estas líneas (obviamente no en el ordenador ni mucho menos en mi blog, sino en una libreta). Me costó dar con un café pues al parecer Badajoz no comienza a funcionar hasta las 8:30...
Dormí poco y mal en el autobús. Aunque me fui sentado sólo, detrás mío iba una pareja de dominicanos cuya insulsa conversación me impidió conciliar el sueño hasta la parada de Navalmoral. Cuando me bajé se lo comenté a José María y este me dijo que me sentara con él, que también iba sólo.
A José María lo conocí en el terminal de Conde Casal.
La maquina expendedora de refrescos no aceptaba monedas de dos euros y tuve que preguntarle a la mitad de los viajeros si tenían cambio. No sé si José María fue el primero a quien le pregunté, pero el caso es que mientras yo ya estaba saboreaba una Sprite se acercó y me preguntó si era argentino. Le expliqué mi condición y como respuesta recibí un alarde de buena memoria: ¡Chile!, Santiago, Valparaíso, Concepción, Antofagasta, Temuco...Me gusta la geografía, sentenció con orgullo una vez que se le habían acabado las referencias de Chile en su atlas mental.
Luego saltamos a los lugares comunes y hablamos de la estabilidad económica y social de Chile, la dictadura de Pinochet, la Guerra Civil española, la dictadura de Franco, el PSOE, el PP, el 11-M, El Mundo y El País, en ese orden y la tertulia se suspendió cuando se fue a la dársena a echar un cigarrito...
Sus argumentos eran extraños. En ningún caso osaba pasar por centrista centrado, pero pienso que intentaba ocultar al máximo en sus explicaciones cual era su real inclinación política, aguardando el placer de anunciar, ya entrada la conversa, a quien vota, así como para sorprender al interlocutor . Me aventuro a opinar que siempre hace lo mismo cuando conoce a alguien...
Sus argumentos, mas o menos fueron:
“Chile siempre fue un país democrático antes de Pinochet y no me extraña que lo sea ahora, por eso están tan bien. Tiene materias primas y frutas. El problema de Allende es que tenía una coalición muy amplia”
“Es que en Sudamérica cuando hay dictaduras son muy cruentas. Pero hay que reconocer que más allá de las violaciones de los DD.HH. Pinochet dejó el país saneado (sic) económicamente” (sobre Chile)
“Mi padre era Republicano, pero vio como el hombre que le lustraba las botas en Barcelona de un día a otro era Sargento del Ejercito de la República... En la guerra civil se mataban entre hermanos, primos, paisanos. Fue una tragedia... Muchos adeptos de la República se burlaron de las figuras religiosas... El gran triunfo de Franco es que se quedó con los soldados de elite y la República con los inteligentes...” sobre la Guerra Civil).
“Hasta el mayo francés, España estaba muy reprimida y difícilmente se iba a cambiar el sistema, pero me hubiera gustado que alguien hubieses juzgado a Franco” (sobre la dictadura de Franco).
“Llegaron al poder de rebote y no lo han hecho mal” (sobre el PSOE).
“Son un partido muy cerrado, muy religioso. Esa monja de Acebes (sic) no debe estar ahí y lo peor es que está contagiando a Zaplana. Rajoy tendrá que irse y yo creo que la mejor figura del PP es Ruiz Gallardón, como será que hasta Sabina ha dicho que le votaría... Esperanza también lo ha hecho muy bien, ha creado una red de hospitales formidables y el progreso se con la construcción de hospitales” (sobre el PP o los jerarcas del PP).
“Yo si creo que hubo una conspiración, no del PSOE, sino de entes extranjeros. El servicio secreto marroquí tuvo mucho que ver en lo que pasó” (sobre el 11-M).
“A mi me gusta mucho El Mundo, escribe gente muy buena, como Francisco Umbral o José María Ansón. Además de a poco han dejado de lado el tema de la conspiración y si te das cuenta en lo referente al juicio sólo hay información, nada de análisis” (sobre El Mundo).
“Ellos siempre han estado con el poder, saben como hacerlo. Con Aznar se quedaron con lo de Sogecable” (sobre El País).
Argumentos más, argumentos menos, no le debatí sus ideas, hasta lo tocante a los periódicos de circulación nacional de España y, como ya he señalado, se fue a fumar eludiendo la posible confrontación.


PROTOCOLAR
No sé muy bien en que trabajaba, pero era un viajero como yo. Era madrileño, su niñez la pasó en Barcelona, vivía actualmente en Alicante y viajaba a Mérida. Era un hombre informado, quizás culto, pero en ese quizás quedaban gravados los fracasos de su vida. Le faltaban varios dientes, usaba una camisa a cuadros de manga corta algo sudada. Su barba estaba mal afeitada, como la mía, pero eso y lo anterior le daba un aire de borracho, aún cuando sabía yo que no era así.
Cuando nos subíamos al autobús le pregunté su nombre. “José Maria, encantado”, me dijo y me estiro la mano, situación que me sorprendió y que supongo que estaba de más; pero ahora que escribo estas líneas y pienso en la escena me rió y compruebo que es primera vez que me veo en esa protocolar situación.
Y así fue como en Mérida, a una hora impropia de la madrugada (“creo que voy echar una cabeceadita en la Estación”, me había comentado mi amigo durante el trayecto), se bajó del autobús, no sin antes darme una palmada en el hombro y desearme suerte. Seguramente nunca más lo veré.