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18/9/08

UN 18 en la Condell

Una voz joven y castrense nos invita a abordar la nave. “Tengan la bondad de pasar a la Condell, por favor”, dice esa voz de forma decidida y autoritaria, pero con cariñosas y amables intenciones.

La veintena de chilenos que esperamos en uno de los muelles del puerto de Dublín comenzamos a movernos en busca de protocolo, pues ahí, en el muelle, aún es Irlanda y muy pocos de los chilenos se conocen entre sí. Entonces conversan, se presentan, se ríen sin orden aparente y la voz autoritaria, pero amable que nos conmina a entrar a la Condell, también nos está dando el salvoconducto para pisar un pedazo de territorio nacional donde sí reina una cierta formalidad. “Cuidado con la pasarela que no resiste tanto peso, crucen de a uno”, arenga la voz para prevenirnos de algún accidente en el instante que la ansiedad puede más que la procura.

La embajada de Chile en Irlanda ha organizado una recepción en la cubierta de la Corbeta Almirante Condell recientemente adquirida a la Armada Inglesa aunque, claro está, de segunda mano. De hecho aún no ha visitado Chile, pero en su largo camino a la patria que ahora defenderá tuvo que hacer un alto en la capital de Irlanda por expresa petición de la embajadora. Tras enterarse que en una fecha tan importante para el país un navío de la Armada chilena surcaría aguas irlandesas, la representante no dudó en pedir que el ministerio de Defensa aprobara un desvío en la ruta ya programada. Unos nudos más al norte y una semana más de retraso para la tripulación de 180 hombres –y una mujer, la primera chilena oficial destinada en un buque de guerra- que demorarán más tiempo en ver a sus familia. “Es un sacrifico que estamos dispuesto a cumplir”, comenta un oficial cuando la noche ya es noche, las botellas de vino ya se han abierto y la camaradería se extiende por los recovecos del vehículo marino.

Es miércoles 17 de septiembre de 2008, cerca de las 19:30 horas y a todos los presentes se les conmueve el corazón. Algunos, luego de pocos años fuera de la patria, sacan fotos a las banderas que ondean en los mástiles de la Condell y musitan palabras nostálgicas, otros, los que ya llevan casi una vida en Irlanda, comentan los vericuetos y chismes que surgen de la delegación chilena en Dublín. “La Cónsul con tres copas de vino es bastante más simpática” puedo oír que dicen dos o tres bocas distintas, los que me confirma que en efecto la segunda de la embajada nacional no es un panegírico de bondad. Los que venimos de paso la situación no deja de ser sobrecogedora y especial: un 18 de septiembre entre chilenos, en Irlanda, a bordo de un buque de guerra, comiendo empanadas hechas en las cocinas de la nave con carne inglesa, aceitunas españolas y cebollas irlandesas. Las botellas de vino son de tapa rosca, pues, aunque el vino es chileno, no se conoce el corcho entre los irlandeses.

Recuerdo con cariño el último 18 que pasé en Chile, pero el 18 del año pasado pasó inadvertido por mi calendario y quizás es cierto lo que me dice mi buen amigo Mariano: “A ti nunca te interesado mucho las Fiestas Patrias”… Pues sin lugar a dudas no era la empanada que soñé aquella que me comí, ni el vino que hubiera comprado, aunque no es eso lo que más extraño del 18, sino el aserrín de las fondas, el olor a eucaliptus, el éxtasis de gente como Mariano que se prepara para con antelación para septiembre. Y también la posibilidad de ir con varias copas de más por la calle sin el miedo de que Carabineros te arreste, muy por el contario con la seguridad de que están ahí para protegerte, pues es 18 de septiembre y la patria está de cumpleaños.

El Comandante de la Nave da un corto discurso que a su vez da pie para unas frases del agregado naval de Chile en Londres, quien le da el pase a la embajadora en Dublín, la cual además de articular propias palabras, lee unas líneas escrita por Su Excelencia la presidenta de la República Michelle Bachelet que evidentemente se leerán en todo evento que por estos días se celebren por el mundo y reúnan dos cualidades: ser chilenos y ser oficiales. Las vanas palabras de la Presidenta, repletas de emotividad, avivan una que otra lágrima entre los presentes emocionados por cualquier gesto o emulo que trasfiera sus vidas a ese lejano Chile, pero cercano por algunas horas a bordo de la soberana corbeta.

Así el encuentro continua entre copas de vinos y pastelitos de manjar. Conversaciones sesudas, recuento de experiencias: “¿Dónde te tocó a ti ir con la Esmeralda?”, “¿qué haces en Irlanda?”, “¿qué es lo que más extrañas de Chile?”, “¿la palta?, yo la palta”, “no yo el pisco”.

Luego aparece un huaso, que no es huaso, sino un suboficial disfrazado como tal, pero que está feliz, pues en rigor todos están felices y aunque se pone a llover otra vez en Dublín, la conformidad también aborda los límites patrios de esa vetusta, pero a la vez nueva corbeta que tienen como frontera una pasarela endeble, única vía que nos comunica con tierra firme, con Irlanda, con otro país.

Al final el no estar es lo que te hace sentir.

18/7/08

La Embajada

La embajada de Chile en Irlanda limita al frente con la residencia del embajador de la República de Chipre, al lado izquierdo con la legación de Croacia y al lado derecho con la consulta del Doctor Sean Blake.Se emplaza en un acomodado barrio de Dublín, Ballsbridge para más señas, en la zona sur de la ciudad, que, como los entendidos sabrán, es la zona rica de la capital irlandesa. Valga señalar la paradoja, pues Dublín es uno de las pocas urbes –aunque el tinte de “urbe” exagera los límites reales de la ciudad- en que los barrios ricos se ubican en el sur y los barrios más “populares” en la zona norte. Y toda la ensalada dividida por el río Liffie, aunque socialmente la fractura no es tan notoria… pero eso es Dublín y lo que nos convoca ahora es la representación diplomática de Chile.

Características
Ondea la tricolor en los yermos jardines del inmueble. Algo desteñida, la bandera la mayor parte del día se echa al vuelo desplegando todo el esplendor gracias al perenne viento que, a la vez que la peina, seguramente le ha robado los colores dejándola algo opaca. En definitiva el paño debe estar en aquel mástil desde que la embajada abrió el 1 de julio de 2003 y aún nadie se da el trabajo de encargar otra, ya sea a Chile mismamente o algún sastre irlandés. Más sin embargo los ladrillos de la casa mantienen un lustre novedoso, merced de una buena pintura ejecutada tal vez antes del verano. Contrastan ambos estamentos: la vetusta bandera y la limpieza de la pared. La puerta, por su parte, es roja y el timbre sonoro. Eran cerca de las 12:23 cuando apreté ese timbre luego de caminar varias manzanas buscando el 44 de Wellington Road con la ansiada intención de verificar en terreno ciertos rumores sobre el mal actuar de los burocráticos de la embajada chilena en Irlanda.

La Funcionaria
Siempre quise ir a la Embajada de mí país en otro país. Abundan, por ejemplo, en los aeropuertos españoles folletos alusivos a las embajadas del Reino de España en otras naciones: “Sí tienes algún problema no dudes en acudir a tu Embajada”. Yo no tenía ningún problema entre manos, pero quería vivir la experiencia de tocar la puerta metafórica de mi país.
Pero los antecedentes no eran halagüeños.
Dos chilenos que he conocido acá me habían comentado que cierta funcionaria, secretaria del Cónsul y encargada de recibir a las visitas, se mostraba díscola a la hora de solucionar los problemas de los pocos chilenos que se acercaban a la puerta roja. Uno me comentó que no lo habían querido atender, que luego de insistir y comentar su problema –perdida del pasaporte- no quisieron ayudarlo y sólo las gestiones de un familiar amigo de un senador en Chile, allanaron la consecución de dicho documento, no sin antes ganarse el desgano de la funcionaria.
Otro, complicado ante el sistema laboral irlandés, fue a pedir información sobre que hacer y que no hacer dado su precario inglés. No sólo recibió un no como respuesta: “ésta no es una agencia de empleo”, le espetó la mujer y aunque algo protestó, y por tanto algo más le ayudaron, poco más sacó en limpio.
En efecto, fue ella quien me abrió y lo supe en el primer momento en que vi su aspecto, el cual resumía bastante su labor. Era una funcionaria, en Chile y en Irlanda y en cualquier país su trabajo sería ejecutar. No estaba en su escritorio cuando la puerta cedió al impulso de mi brazo y apareció desde una habitación detrás de las escaleras (quizás la cocina). Se sentó en la recepción y me preguntó que quería, hasta ese instante con cierta cordialidad.
-¿Voy a Londres la próxima semana y quiero asegurarme si no tendré problemas para entrar a Inglaterra?
-Pero nosotros no somos los encargados si entras o no a Irlanda, Eso lo ve migración. No sé para que viniste acá. Esto es la embajada.
-Pero yo preguntó por Londres… no por Irlanda.
-Ah! No, niño, no tendrás ningún problema. NO hay inconveniente que yo sepa.
Luego de resolver mi duda (ya sabía que no tendría problemas, pero era la excusa para ir a la Embajada), me preguntó un par de cosas protocolares a las cuales respondí con agrado. Luego me paré y me fui.

120 en Dublín
Según datos de la cancillería de Chile, no llegan a 150 los chilenos residentes en Irlanda. En toda la isla. Y por lo mismo me pregunto cual es la función de la embajada más que allanar el camino a las grandes transacciones comerciales. Eso no lo entendí al salir del 44 Wellington Road, sino que al caminar más al centro y ver a los recurrentes borrachos irlandeses pidiendo céntimos. Me topé con uno que auspició su embriaguez con una botella de vino chileno, 120 de Santa Rita, y concluí que detrás de ese mercado vinoso está la burocracia diplomática. La dubitativa atención de la secretaria del Cónsul, más propia de un servicio privado que uno público y/o estatal, me hace pensar que las Embajadas chilenas deberían ser concesionadas, privadas, pagadas por las empresas que se benefician por esa representación y no por el Estado, ya en su esencia privado. Los 150 ciudadanos chilenos en Dublín poca asesoría tienen...
No queda más que decir que, por lo menos, hay embajada en Dublín.

4/5/08

Del miedo al vecino al miedo al otro

Era un martes de abril de 2007, el martes de Semana Santa de ese año. Venía en el último metro de la jornada y dada la hora, la circunstancia estival de un fin de semana largo -acá el jueves santo también es festivo-, y dado, también, que la estación donde me bajaba era Herrera Oria, la última de la línea 9 (o la morada según los mapas del metro madrileño), los pasajeros del subterráneo se contaban con los dedos de una mano.
Cuando me bajé del metro detecté, gracias a ese semblante y ese acento tan peculiar, que dos chicas que me antecedían en la eterna escalera mecánica eran chilenas, circunstancia no del todo usual en Madrid, pues en España hay unos 50 mil chilenos, una cifra menguada comparada con otros países emisores de inmigrantes, y no es Madrid precisamente un sitio donde rebosen los chilenos. Barcelona y algunas zonas costeras de la Generalitat Valenciana, al parecer, si lo son.
Cuando salimos a la superficie abrileña de la ciudad les hablé. En efecto eran chilenas, una estudiaba en la Complutense -como yo- y vivía por ahí cerca y la otra estaba radicada en Barcelona y visitaba a su amiga por unos días.
Conversamos protocolarmente con cierta alegría por dar con un chileno en tierras cada vez menos lejanas, pero sin hacer alharaca por el fortuito encuentro. La charla se alargaba según los pasos que dábamos y sería cortada en el momento
en que los diferentes caminos a nuestras casas así lo decretaran. Al menos yo lo visualizaba de esa manera: cuando llegásemos a la esquina de Fermín Caballero con la Virgen del Corro (en la foto) yo diría “Buenas noches y hasta luego, a ver si nos volvemos a ver por el barrio“, luego torcería a la izquierda, bajaría unas escaleras y llegaría a la Plaza Villafranca de los Barros, donde en esos días pernoctaba. Ese era el plan.
Pero cuando ya llegábamos a la bifurcación antes nombrada fue una de ellas la que se me adelantó. “Bueno, nosotras doblamos por acá”. “¡Qué coincidencia!, yo también bajo por las escaleras”, exclame sin reprimir el asombro…
En la Plaza Villafranca de los Barros habían tres edificios. El del medio era el mío. Y también era el de ellas… Hubo risas cuando abrimos la puerta. “Yia, como tanto weon. La media volá”.
Subimos al ascensor y cortésmente pregunté a que piso iban para darle al botón. “Al nueve” dijeron al unísono… Volví a reírme, la coincidencia era exacta, el nueve también era mi piso. Entonces en el metro, esa noche, había conocido a mi vecina, que era chilena y que compartía departamento con tres españolas, y que estudiaba un postgrado en la Compluetense…
Días después la volví a ver, conocí a su pololo (que estudiaba en Suiza), la invité a mi cumpleaños y de vez en cuando nos cruzábamos en el ascensor, situación bastante grata por lo demás, pues siempre tenía visitas de Chile: hermanos, padre o madre.
Cuando ya teníamos más confianza me comentó que en el instante en que nos conocimos, más su amiga que ella, pero de igual manera se le pasó por la mente, pensó que era un especie de psicópata, pues no era posible tanta coincidencia. Que hasta que no abrí la puerta de mi casa no respiraron tranquilas…
Y en efecto, tras oír las noticias provenientes de Austria caes en la cuenta que ahora parece que no te puedes fiar de tu vecino, ni de nadie. Que incluso en España, donde la sensación de comunidad y barrio es amplia y reconfortante, no siempre te enteras de quién es ese que fuma todas las noches en el balcón adjunto al tuyo. Quién es esa señora que le ayudaste a subir las bolsas, quién es el difunto del 6-A que ayer murió…
Y eso, lamentablemente, en Chile se multiplica.


Austria se pregunta que ha hecho mal.
Un día te preparas para comer una pizza, ves las noticias y las imágenes muestran a un hombre que en Austria tubo encerrada a su hija durante 24 años en un sótano sin luz, violándola sistemáticamente e incluso teniendo hijos con ella.
El mundo se contrae horrorizado, el nombre de Josef Fritzl (en la foto en sus vacaciones en Tailandia) ronda en el subconsciente de todos. Se lo denomina el “Monstruo de Amstetten” y surgen mil especulaciones: ¿Actuó sólo? ¿Su mujer era cómplice? ¿Se suicidará? ¿Cómo están los hijos? ¿Cómo está su hija?
De golpe Austria se enfrenta a una disyuntiva identitaria, pues no es primera vez que ocurre algo así en su sociedad. Hace dos años el caso de Natalia Kampusch nos pareció suficiente, una circunstancia cinematográfica. El género humano no podía ser peor… Pero en el mismo país surge un caso peor. Una segunda parte más truculenta, que logra apuntalar la sensación de que el adjetivo “peor” nació para designar este tipo de hechos.
Es parte de la forma ser germana el respeto por la intimidad. Las razones incluso pueden ser eclesiásticas -el luteranismo genera un mayor individualidad que el cristianismo-. O quizás simplemente las circunstancias climáticas -inviernos alpinos bastante crudos- impiden que los austriacos compartan en sus barrios y se encierren en sus casas con mayor ahínco que en los países del sur de Europa.
El asunto es que durante 24 años Fritzl tuvo a varias personas retenidas en su casa y nadie se enteró de nada, pues nadie pregunta -ni se pregunta- cosas como porqué el vecino de enfrente fuma en el balcón, porqué el otro saca la basura siempre por las mañanas, en vez de hacerlo por las noches como todos los demás, o porqué regresa del trabajo a horas distintas cada día…
No es pecado esta forma de encarar la vida, pero siempre es más agradable relacionarte con tú entorno. Saludar en el elevador, conmoverte con la muerte del anciano del 6-C, pues alguna vez lo viste en el portal. Hablar e incluso bromear de vez en cuando con el conserje…
No es el fin husmear, pero sí compartir.
Los límites los impones tú , claramente.
(Siempre que he leído sobre la planificación de diversos atentados etarras cometido en España, me ha sorprendido que parte de su entrenamiento consiste en evitar ser detectado por los vecinos cuando habitan pisos francos, algo evidente sin lugar a duda, pero en estos casos ese anonimato no pasa por evitar a los demás, pues eso es sospechoso, sino inventar una historia, una fachada, por más extraña que sea, pues el límite surge después del dialogo, la sonrisa y los parabienes con el resto de lugareños. Eso es imposible evitarlo).

Chile y el miedo al otro
A diferencia de España, en Austria vale sólo con saludar. En Chile algo parecido.
Dada la identidad en construcción, en Chile no hay un sentimiento igualitario entre todos los congéneres. Quizás la identidad está dada por el “progreso” o las ganas de “ser mejor” aunque la comparación inmediata sea con los vecinos, o los cercanos de tu barrio, olvidando que son parte de un entorno más cercano y sintiéndote positivamente agradado si subsiste un halo de superioridad ante ellos.
Por ejemplo, en El Mercurio de hoy (4 de mayo) se señala un dato -extraído de una encuesta elaborada por Adimark- que dice que el 46% de los chilenos no confía de sus vecinos y no vive en comunidad, subrayando en ese reportaje que en los sectores altos esto se acrecienta.
¿Qué se puede concluir de eso?
Muchas sensaciones, como la inseguridad, va de la mano del no compartir, con el desconocimiento del otro. Y no es por un supuesto “respeto“, como en Austria -pues en Chile lo que hagan los demás siempre llama la atención y siempre genera comentarios…-, sino por esa idea de encierro, de desconfianza, cuya génesis no logro desvelar, pero que sin duda se ve potenciada por la incesante lucha por mirar en menos a los demás.
El miedo al otro se da en términos de seguridad, pero también por la posibilidad de sentirse humillado por los logros de otros. El ser “consumista-mente” mejor.
Para Austria estos casos horrendos han empujado una reflexión indentitaria.
Queda esperar que en Chile acontecimientos como los de Austria nos empujen a vivir más acorde con la comunidad, dejando para el asombro a quienes se niegan hacerlo sin razón aparente. Y que no sea la conducta políticamente adecuada el no saludar, el no compartir, el no preguntar.

26/4/08

La manifestación como opción (píldora)

Pocas cosas empujan a la calle al ciudadano medio en Chile. No hace mucho, éste quedó estupefacto cuando los estudiantes secundarios demostraron tener disciplina y fuerza para paralizar la educación chilena durante un mes y medio. Fue la llamada Revolución de los Pingüinos y la gran mayoría de los chilenos sintieron espontánea simpatía por el singular movimiento, más allá de los esporádicos disturbios que se producían cuando bizarramente los estudiantes intentaban llegar marchando hasta La Moneda (bizarro, como concepto de valentía, claro está).
Muy por el contrario, en marzo del 2003, un profesor universitario, creo que de apellido Massone, arengó a los estudiantes de su clase, entre los que me encontraba yo, para que salieran a la calle y protestaran por la inminente invasión a Irak. “A ustedes les corresponde manifestarse y por alguna razón que no logro desvelar, no lo hacen”, espetó bastante molesto.
Y no lo hicimos aquella vez y mi generación -en términos universitarios- sólo salió de la abulia cuando George Bush vino a la Cumbre de la APEC el 2004 y 30 mil almas zarparon desde el Parque Almagro hasta la Alameda. Colores, vítores, alegría, fiesta, otro mundo es (era) posible.
Desde que Pinochet dejó La Moneda pocas veces se han reunido los chilenos para protestar, para marchar, para manifestar, para enrostrarle al poder establecido que la suma de todos es más imponente que los dictámenes de una Democracia oscilante y ante todo administrada.
Pero duele establecer los porqué de aquella anomalía democrática que Chile vive post-dictadura, salvo contadas excepciones como la Revolución de los Pingüinos antes señalada. Sin lugar a dudas el manejo mediático de la elite actúa como pared para contener impulsos y minimizar actos multitudinarios.
Si no hay un fin social o político, la gente sale a raudales de sus casas para ser “sociedad”, como cuando Spencer Tunick fotografió a 20 mil chilenos desnudos en el Parque Forestal y todos pensaron que el morbo reprimido movía a la ciudadanía. Claramente se erraba en la razón de esa represión…
Por eso los casi 15 mil santiaguinos que el día martes 22 de abril del 2008 se movilizaron a favor de la llamada “Píldora del día Después“, luego de que el Tribunal Constitucional decretara que el Estado no podía distribuir el fármaco en los consultorios públicos, por ser considerada abortiva, más sin embargo si podía ser comercializada en establecimientos privados, es doblemente satisfactorio pues demuestra cierta unidad en temas de interés nacional y que afectan directamente al ciudadano, pero sobretodo rompe con la tendencia de ver como el poder establecido hace y deshace sin tener, al menos, una sanción social.
Un paso adelante, pero no fundamental.

El debate

Más allá del debate sobre las capacidades abortivas de la píldora, del valor moral de la misma y del principio y el derecho a la vida; la decisión del Tribunal Constitucional corta la posibilidad que exista una transferencia de “moralidad” entre el Estado y el ciudadano, siendo el primero quien reclame para sí todos los atributos a la hora de imponer una “forma de ser moral“ frente a una disyuntiva llamada “píldora“.
No hay que confundir, no es la Iglesia Católica, ni un ethos cristiano; es el mega-Estado quien coartaría al ciudadano y por eso este fallo es lamentable. La iglesia sólo hace un lobby permanente, agresivo e indolente para lograr que su punto de vista se imponga en el pseudodebate, lobby que siempre ha existido y siempre existirá; por lo que la multitudinaria marcha es una respuesta contundente a ese lobby. Lamentablemente no se puede decretar una situación de empate ante aquel totalitario Leviatán, pero cabe subrayar que esa imposición moral auspiciada por ese lobby es tan dañina como cuando la URSS fusiló a Dios en 1917 tras la Revolución, disparándole a las nubes y decretando el fin de las religiones o creencias.
Ahora bien, suponiendo que la idea de la “transferencia” es aplicable -opción personal de usar el fármaco, libertad para elegir consumir o no la píldora- y considerando que en el mercado la píldora se puede comprar en las onerosas farmacias chilenas; cabe preguntarse porqué la ultra derecha cercana al Opus, insípidos personajes como Jorge Reyes y la mayoría de lo miembros de la Iglesia católica defienden la no distribución gratuita de la píldora.
Y es que en el fondo no es un tema sólo de moral, sino un tema de recursos y el uso moral de los mismos.

Política por sobre la moral
Lo que estaría en juego son recursos del Estado de Chile y, según la lógica de los grupos de presión antes nombrado, no es correcto que el Estado gaste dinero de todos en la compra y distribución de una píldora que podría llegar ser abortiva en algún momento, en algún útero, en algún instante de la sagrada humanidad; pues una cosa es el bien (moral) público -distribución gratuita del fármaco- y otra el bien (moral) privado -compra y venta del remedio en las farmacias-.
Fueron los políticos de derecha, contrarios a la distribución, los que impusieron esa idea “política” al debate cuando se negaron a entregar el fármaco en los consultorios que dependían de sus municipalidades, cuando aún el Tribunal no se pronunciaba.
(Al parecer -pese al dictamen del ente constitucional- sería esta la lógica que primará ahora, trasfiriéndole a los alcaldes parte de la “moralidad” antes planteada).
Pues bien, la distribución de la píldora dependería entonces de la administración que esté mandando en La Moneda y su entrega a cargo del municipio del cual depende el consultorio; y cuando cambie el color político de la autoridad, cambiaría la ejecución de los programas de planificación familiar de los individuos. Es decir, siempre elegirá la autoridad por sobre el ciudadano.

Siempre igual.
Paradójicamente esa idea, la de un Gobierno administrador, ora en lo económico, ora en lo valórico, y que ya he expuesto anteriormente en otros posts, se contrapone con el conservadurismo moral de parte de la derecha chilena que impide al gobierno de turno “administrar” los recursos según sus motivaciones y apreciaciones éticas.
En definitiva esos son los matices que separan A o B y nos demuestran que, a pesar de líneas económicas similares, entre A o B hay un abanico de diferencias que nos empujan a elegir según los conceptos de una Democracia a la usanza del siglo XX, aunque en el fondo quien manda es una elite reducida y que no propiciará ninguna cirugía mayor en el modelo económico y social que nos aflige; y que con su ganas de minimizar la Democracia merman cada vez más la ilusión que incentiva ese cambio.
Para elegir se sobrepondrán necesidades morales por sobre necesidades identitarias, necesidades de cambio, necesidades de querer un país diferente, con una distribución del ingreso decente. Un país integrado e integral.
Esta lucha tan emblemática, que es el derecho a elegir moralmente, merma el horizonte final que es modificar el sistema social. Una vez más la elite y los poderes fácticos logran que muchos impulsos se diluyan en peleas ciudadanas leves y que ya deberían estar subsanadas.
Sin embargo, eso no nos inhabilita a seguir manifestando nuestra disconformidad ante el absolutismo valórico del Estado.

21/4/08

Llueve en Madrid...

Una vez le preguntaron a Albert Einstein como sería la III Guerra Mundial según él.
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Aún humeaban los vestigios del segundo conflicto denominado “mundial” y el temor a una inminente conflagración nuclear tenía a todos asustados: se olía en el ambiente que la tecnología militar evolucionaba más rápido que la asimilación planetaria de la paz; y a esa altura, cuando le preguntaron a Einstein sobre su íntima proyección, EE.UU. y la U.R.S.S ya se habían rifado los escuadrones de científicos del Tercer Reich. Ahora ambas potencias tenían la Bomba H. “No sé como será la III Guerra Mundial“, respondió humildemente el judío alemán para luego añadir, “pero sí pienso que la IV, la humanidad la peleará con palos y piedras”.
Una mente preclara la de Einstein, que demostraba intuir sociológicamente tanto o más que en términos puramente físicos.
Como él, muchos analistas o simples hombres de ciencias han predicho diversas utopías o destopías o posibles cauces por donde la humanidad se enfrentará en el futuro.
Ahí esta el fin de la Historia de Fukuyama, por ejemplo, con el capitalismo y la democracia como estadios culmines de un proceso que nace con la ilustración y la revolución industrial.
Y las teorías positivistas de los neocon, manifestadas en escritos que llegan a Chile camuflados de liberalismo económico, pero nunca social, que buscan mermar el interés y la capacidad de la Democracia, apuntando de que ahora en más (en el presente y en el futuro) ya no habrá más enemigos políticos, salvo los comerciales, por lo que optar entre una colectividad u otra es una mera decisión de consumo.
A mediados de los ‘90 algunas voces señalaron que las guerras futuras no serían por el petróleo -tan de moda tras la II Guerra del Golfo Pérsico- sino por el agua…
Y con Al Gore y el cambio climático en términos súper mediáticos y removiendo las conciencias de los ciudadanos de bien, el tema del agua ya es principal. Ya asusta, ya genera enojos, molestia, peleas, rabia, desprecios. Y detrás de ese bien cada vez más transable se esconde la perpetua lucha por la energía.
Y esos enfrentamientos por ella ya se palpan acá en España, por ejemplo, y en África donde siempre fue una necesidad entre necesidades varias.
En esta semana el agua ha hecho noticia doblemente en la península ibérica.
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El trasvase.
Por características geográficas Barcelona es una ciudad que no cuenta con un caudal cercano y potente que le proporcione raudales del líquido vital. El agua del grifo es, además de un mal sabor, no como la de Madrid. La sequía de estos últimos años ha multiplicado ese problema, ya de por si potenciado debido a que BCN es BCN, una ciudad industrial que demanda agua para funcionar por sobre la necesidad de otros.
Geopolíticamente España se divide por Comunidades Autónomas bajo el alero de un gobierno central que administra, entre otras cosas, las relaciones entre esas diversas comunidades. Y esta semana el gobierno central, en manos de Zapatero, optó por dar luz verde a un polémico proyecto que posibilitará desviar agua desde el río Ebro (lecho que atraviesa Aragón) hasta la ciudad Condal mediante cañerías y pantanos varios.
Es lo que se denomina trasvase, aunque el gobierno central no lo llame así y yo no sepa dilucidar un nombre certero para el entuerto, pues no soy hidrógrafo ni geólogo o como se llame la profesión que estudia los temas acuáticos, aunque en este caso la denominación va de la mano más bien de la pericia legal y del buen ojo político.
La Gerenalitat Valenciana y Murcia también requieren agua y no están dispuestas a aceptar que a Barcelona les den agua y a ellos no.
Y claro la ecuación política es simple. Cataluña y Aragón están en manos del PSOE y Valencia y Murcia son comunidades mandadas por el PP. También se oyen alaridos referentes al daño ecológico que la merma de caudal en el Ebro podría producir.
Y mientras todo esto ocurre, paradójicamente, en España llueve como nunca yo había visto…
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Llueve en Madrid.
Sumando y restando llevo dos años en España y en efecto nunca había visto dos semanas como estás. Dos semanas de temporal, de lluvia intensa, de inundaciones, de puertos cerrados, de partes radiales informando por el estado de las carreteras, de sirenas raudas al anochecer, cuyo ruido se mezcla con el incesante golpeteo de miles de gotas que caen en la ventana. Y el frío, ingrediente extraviado en otras jornadas, ahora se muestra con prepotente desidia para recordarnos que las cuatro estaciones nunca están del todo claras en Madrid y que esta Primavera más parece un Otoño envejecido.
Y me gusta. Me gusta la lluvia y alguna vez afirmé que la tímida lluvia que había conocido en Madrid no se comparaba con la de Chile: lluvia ágil, dura y duradera. Que aúna frió, agua, asfalto, barro y unas ganas de armar un refugio en una cama y aguantar el chaparrón entre el humo crema, la música, lecturas varias y una sopa de tomate.

Cuando iba a la Universidad y entre el 2000 y 2002 se produjeron grandes inundaciones en STGO, siempre agradecí la posibilidad de disfrutar la lluvia en esos términos agradables. Iba en la micro, de esas amarillas, y mientras caían las primeras gotas y los matinales de la TV ya desplegaban a sus periodistas por los barrios más mal construidos de la capital, donde el anegamiento es siempre seguro, yo disfrutaba del agua y del frío y me negaba a entrar en la catarsis colectiva de la mitad de chilenos. Esos que ante las imágenes de TV que mostraban a la otra mitad de chilenos incapaces de mantener una relación pro-positiva con la lluvia, pues para ellos sí que es un ente dañino y malvado, se alzaban para ayudar y salvar sus almas.
Y ahora en Chile tampoco ha llovido según parece, pero como Chile es una República centralizada al máximo no habrá trasvase ni nada por el estilo. Y es que no hay ríos, no hay represas, no hay gas y la falta de agua no sólo afecta el sistema hidrológico, sino al energético, en Chile, para evitar problemas y para ahorrar, habrá racionamiento eléctrico.

5/4/08

Identidad de la Apariencia

Que Chile no tiene una identidad definida creo que ya lo he expuesto en este humilde medio. Pero día a día, con un leve análisis de contenido en la prensa, esa idea cobra más fuerza y más me asusta.
Y no me enorgullezco de eso, de percatarme de esa anomalía con tanta claridad acá en Madrid y redactarlo, caga’o de calor, en un café cerca de mi casa.
Tuve que salir de Chile para entender lo evidente.
La carencia de valores trasversales en la sociedad chilena sólo ayuda a que esa grieta económica que el neoliberalimo pragmático ha producido, tenga su símil en términos de masas. En Chile hay dos países -o quizás más- que viven de espaldas y que no se relacionan entre sí, donde su temporalidad es distinta, sus aspiraciones son distintas, sus miedos son distintos y donde, en definitiva, cuesta encontrar lazos que unan, que cuadren a esa sociedad bajo un bien mayor. Valores. Moralidad. Percepción. Historia.
Chile vive en un perfecto apartheid donde quien pertenece a la elite caucásica europeizada tiene su futuro asegurado (de sólo cinco colegios -privados y de Santiago- sale el 80% de los Gerentes de las grandes empresas chilenas). La educación no premia el mérito y ésta, como vehículo social, más parece un tranvía de corto recorrido…
Quien es de clase media, o media baja y tiene rasgos mestizos no surgirá. Simplemente no accederá a los privilegios de esa elite. Y claro, el aumento del poder adquisitivo de los últimos 20 años evidentemente genera una sensación de mejoría ¿Pero eso se traduce en representatividad política o social? ¿Es el Congreso chileno un fiel reflejo de la sociedad chilena, ya no en términos políticos, pues sabemos que no es así, sino de representatividad étnica? ¿Habrá otra vez en Chile un presidente mestizo como Pedro Aguirre Cerda?
Es triste, pues no puede haber representatividad en una sociedad que no asume como lo que es -mestiza- por lo que esa elite seguirá ocupando los espacios de poder y decisión política.
Sin embargo, si hay un rasgo que puede aunarnos a todos es el uso de la apariencia como reafirmación identitaria. Todos, en esa pirámide racial que es Chile, donde los blancos tienen el poder y el dinero, hasta los Mapuches que buscan desesperados su reconocimiento como pueblo distinto, caen en el juego de querer ser lo que no se es, lo que esconde el problema principal de todo: la carencia de esa añorada identidad nos empujan a aspirar a un estadio social y económico distinto, pues creemos que el que nos antecede en esa pirámide es mejor de lo que somos.


¿Porqué que somos?
La elite quiere ser lo más europeizada posible (nuestro Ministro de Economía sueña con emular económicamente a Portugal)… Goza viendo en las noticias a un español, va a los Starbucks gimiendo orgásmicamente, discute en el almuerzo dominical si es mejor ser los Ingleses de Sudamérica o los Jaguares del pacífico.
La clase media quiere ser reconocida por las altas capas de la sociedad como iguales. Y de ahí nace la caricatura del chileno de mediados de los 90’: ese con celular de plástico, que llena el carrito en el super, pero no compra nada, él que en pleno verano viaja por Santiago con las ventanas cerradas para “aparentar “ que tiene aire acondicionado.
Las económicamente bajas se reafirma en la diferencia con el mapuche. Miles de chilenos apuestan por esa diferencia para apuntar una supuesta mejoría económica y mejor status social. Chilenos que, quizás, sólo se diferencian de los mapuches por tener un apellido de origen español, pero que en rigor son racialmente iguales. Los populares “huincas”.
Y de eso es que nace este post.
Hoy sábado 5 de abril el diario popular La Cuarta publica una nota referida a un simple robo. Un individuo de origen mapuche saltó el muro de una casa y se robó un balón de gas. Al huir quedó ensartado en una de las rejas del inmueble, por lo que la policía lo detuvo fácilmente.
La nota, escrita por Miguel Vega, intenta ser una irónica, como todas la notas de La Cuarta. Pero en esta ocasión se burla denodadamente del la etnia mapuche, de los valores de estos y de paso de la historia de Chile.
La tesis de la nota, además, es liza y llanamente xenofóbica y apunta a que el Mapuche es flojo y ladrón.


Triste…
En sólo tres párrafos Vega dice cosas como:
“Aunque invocó al Pillán, patrono de los pungas (sic), sus esfuerzos para zafarse fueron inútiles y fue detenido y puesto a disposición del fiscal Marco Muñoz…”
“Tras apoderarse de un balón de gas de 15 kilos, Paillaleo gritó ¡marichihueu!”
Pillan, para los mapuches, es un espíritu benigno y más que un Dios puede ser un ancestro trasformado en divinidad por fundar una familia o un linaje.
Marichihueu es el grito de los guerreros mapuches antes de enfrentarse a los conquistadores españoles que, en rigor, nunca lograron derrotarlos. Detrás de ese grito hay una historia de resistencia que merece los mayores de los respetos.
Al menos a mi me enseñaron en la Escuela de Periodismo de la Andrés Bello que la noticia debía recurrir ciertos requisitos (cercanía, notoriedad, preeminencia, temporalidad) ¿Un hombre que roba un balón de gas es un peligro para la sociedad?
Esa nota, leída por los chilenos de clases bajas, mestizos en su mayoría, apuntala esos perjuicios en el inconsciente colectivo. O más bien subrayan esos perjuicios ya instalados en todo nuestra historia (mapuche flojo y ladrón). Los huincas temen al “indio”. La Cuarta se burla de las divinidades de una etnia. La Tercera dice que Matías Catrileo es un “joven inadaptado punk”.
Por menos que esto, los musulmanes quemaron cuatro embajadas occidentales en Siria debido a las caricaturas de Mahoma.
¿Qué haremos nosotros?
¿Cuándo nos asumiremos?

13/2/08

Tricontinental...(Marruecos 1)

El mito dice que Chile es un país tricontinental.
Eso nos hacían creer algunos profesores de básica, eso se repetía solapadamente en la televisión y, bajo ese paradígma, la Armada chilena aspiraba a tener juridición en un extenso territorio marítimo que, en forma triangular, abarcaba desde Arica a Punta Arenas para llegar a la Isla de Pascua, último vértice de una fabulosa figura geométrica que aparecía proyectada en las mentes de algunos valientes Almirantes de principios de los '90, cuyo tufillo aún apestaba a los '80.
Chile= América del Sur.
Isla de Pascua= Oceanía.
La Antartida= pues eso... La Antartida.
Asumir que en rigor los kilometros cuadrados de Chile no son los 2 millones que aparecen en los Atlas impresos por el Instituto Geográfico Militar, esos que colman las biblotecas de los colegios, sino que son algo así como 750.000 -dato que reiterativo una vez zarpado de Pudahuel- fue un proceso duro, pero revelador. La Antartida nunca fue chilena y la leve soberanía de ese extenso territorio se sostiene con alfileres. La Gran Bretaña, con maneras tíbias y reservadas, porque venir al fin del mundo a demandar terruños aún trae recuerdos imperiales, reindicó hace poca la peninsula antartica -supuestamente chilena, supuestamente argentina- y de momento lo único que logró es que las diplomacias a ambos lados de la cordillera actuaran coordinadas.
En fin... el asunto no es ese. El tema es que en horas viajaré a Marruecos y podré decir con propiedad que he visitado tres continentes.
El concepto tricontinental se me vino a la cabeza y con el, de la mano, el recuerdo de aquellas “ideas fuerzas” que siempre nos repitieron. Uno no sabe de donde lo aprendiste, pero ahí están, dando vuelta en tu subconsiente y por eso me fue imposible separar una historia de otra: Tricontinental y Marruecos.
Y por lo mismo hago ese ejercío que antes efectué antes de ir a Suecia o Irlanda. Buscar cual es la imagen de Marruecos que daba vuelta en mi cabeza hace 10 ó 5 años. Una imagen matizada por el concepto de “frontera”.



El Reino Alaui en horas
El choque cultural está garantizado.
Si, es cierto. No hay duda, pero ese choque es permanente y reiterativo en los trenes de Madrid, donde conviven todas las nacionalidades inmigrantes en la España de este siglo (no me sorpenderé, creo, al ver a las mujeres con la cabeza cubierta).
Además, Casablanca y Marrakech, las ciudades que visitaré, son dos urbes enormemente turísticas. No como podría ser el caso de la escondida Agadir, última enclave antes de pasar al Sahara Occidental, Nación sin Estado, con poca prensa, pero con muchos adehrentes en el País Vasco...
No como podrían ser los barrios de los alrredores de Casablanca, los cuales hay que visitar con tino y coche alquilado y donde se cuece gran parte del movimiento integrista del Magreb no siempre vinculado a Al-Quaeda.
En Marruecos, al igual que cuando me adentré en la Ex-Yugoslavia, el éxtasis viene dado por la historia y no tanto por la cultura.
Un dato no menor. Mañana, después de 18 años, volveré a estar en un Estado dictatorial. Dictatorial a maneras occidentales claro está.
Pero luego de 16 meses viviendo en la “progre” España de Zapatero donde todo es posible, para bien o para mal (aunque las secretas ilusiones aún estan pendientes, porque más que mal España es una monarquía de aquellas) moverme bajo la férula de un estado policiaco tendrá, supongo, un morbo especial.
Y es que no es la posibilidad que te estalle una bomba islamista en Casablanca como ocurríó en el 2003, ni tampoco que te disparen una bala perdida como en la película Babel (el primer dato tristemente real, el segundo un tópico).
Tampoco es la visita, por primera vez en mi vida, a una Nación Islámica, donde todo tiene un cariz sagrado y legal y violar aquellas lógicas puede tener un costo.
No.
Lo que me trastorna a horas de viajar al Reino Alaui es observar ese límite impuesto por el desarrollo de dos maneras, igualitarias hace 500 años, pero enormemente diferentes en el ahora. Ninguna mejor o peor que otra. Ninguna con la salvación eterna asegurada. Pero es entre Ceuta y Gilbraltar donde se teje la esperanza de algunos y el desprecio y el miedo de otros.
Viajo a Marruecos a desconectar de la rutina.
Viajo a Marruecos para buscar más herramientas para comprender.

16/1/08

Una wea personal...

El weon en cuestión se llama Eduardo, pero yo a veces le dijo Eduardito. Es mi sobrino, está próximo a cumplir los 19 años y a entrar a una Universidad privada, como yo en su momento, a estudiar una carrera de mierda y sin futuro, como yo en su momento, aunque ¡calma! no hay que preocuparse por el “chaval”, pues se le puede augurar un buen futuro, ya que tiene ilusiones y ganas y tiene, además, una cierta cualidad, no muy lejana a mí asumo desde ya, para caerle bien a la gente y hacer sonreír recurrentemente, lo que es más difícil que hacer reír a carcajadas, por tanto requiere un cierto freno, un “toma y dame”, un tirar la talla y retirarse a tiempo, la palabra justa y un “cierra y vámonos que se hace tarde”… En las estructuras del mundo actual una buena sonrisa abre más puertas que el buen nombre del centro de estudios donde egresaste… pero este post no es para cambiar las estructuras del mundo, esos ya vendrán.
BEA
Ufff… asquerosa autorrefrencia que me invade en este momento, pero bueno… es miércoles estoy en un café cercano a Av. América medio nostálgico, advierto desde ya, y me puedo permitir ciertos lujos. Aquí va una de esas –autorreferencias- que trato de evitar: Bea una vez me dijo que tenía la cualidad de "definirme fácilmente” y aunque cuando soltó esa frase no le rebatí e incluso le creí y hasta pensé en ello… recién ahora compruebo, por ejemplo, que al describir al weon éste me estoy definiendo a mí mismo pues el cabro, en rigor, se parece a mí. Caleta, mucho, harto, mazo y todos los sinónimos que los pueblos hispanoamericanos me puedan proporcionar como símil para describir el parecido entre él –Eduardo- y yo.
SOBRINO
Por los avatares del destino Eduardito (también conocido como Lalo, y, entre los amigos, como el Ebner –su apellido paterno- vocablo siempre pronunciado con esa languidez que los “tenneyer” tienen hoy por hoy, misma languidez, eso sí, con la que yo me enfrentaba al mundo cuando fenecía el siglo pasado) se quedó este fin de semana en mi casa, en mi depto de Madrid. Compartió conmigo y mis compañeros de piso. Nos piscoleamos con un Campanario de 40 que me mandó mi madre y con una de ron que venía en la cesta de navidad de Alberto, uno de los queridos asturianos con los que comparto piso. Además, a pesar del frio, nos sentamos en el balcón a mirar las estrellas que no habían, pues estábamos en medio de la ciudad y no se refleja ni una wea en el cielo negro de la capital ibérica, pero eso poco importaba.
El weon fue y es un aporte en mi vida. Es muy tradicional, casi conservador, y saca cuentas extrañas referidas a la edad: mi primo mayor –Luis Alberto que ahora está en Boston- tiene 7 años más yo, él tiene 7 años menos que yo: tres generaciones y vivencias que se influyen. Eso me dijo agregando que “yo soy mayor en 7 años que la Domi y ella es mayor en 7 años con Andresito”… (Los antes nombrados también son sobrinos míos y por ende primos de él).
Inconscientemente yo también capté aquel misticismo-cabalístico: cuando me fui de Chile le regalé un mata-cola que Luis Alberto me había dado en su momento y el weon no lo usa –lo que es “bueno”- sino que lo venera como reliquia, reliquia que le va a regalar a las próximas generaciones de primos, sobrinos y hermanos que alcancen a carretear a la par.
A la par… a la par…
FAMILIA
Las muertes resignadas –onda la de abuelos o abuelas que están en los descuentos- posibilitan ver a la familia en serie. Cuando en febrero del 2006 murió mi abuela paterna –la Nena- nos juntamos casi todos mis primos o, al menos, con los que me he emborrachado alguna vez. Y en efecto después del sepelio –y antes también- nos emborrachamos y discutimos y nos abrazamos y lloramos y nos emborrachamos otra vez y también miramos las estrellas en San Antonio, donde el cielo veraniego si nos proporcionaba una que otra… Y entre medio estaba Eduardito, tratando de intervenir, de aportar, de imponer una visión jovial. Él y sus ilusiones chocaban con el exceso de realidad de mis primos mayores y mi siempre persistente distancia con todo. Distancia que está a punto de caer, eso sí… Fue un momento culmine en mi vida, me aventuro a decir, aquella semana cuando la “pela” se llevó a mi abuela y la caja de pandora se abrió; no sólo era el intermediario entre dos generaciones, sino que también me percaté lo desenfocado que se podía estar aún creyendo que la luz siempre proyecta una sombra uniforme.
(Lamento, y el weon también lo lamenta en lo más profundo, que nunca se haya tomado una piscola con mi padre).
COMPAÑEROS
Bueno… El tema concreto de este post no era hablar de muertes o de mi familia, sino de la edad.
En facebook mis ex compañeros de colegio, más o menos, ya han organizado una reunión de ex compañeros… Eso que siempre se hace tras 10 años de salir de cuarto medio se ha adelantado debido a que facebook como que nos juntó… Igual bien por ellos, pues lo que estamos lejos, y no somos pocos, nos quedaremos esperando que suban las fotos al dichoso programa facebook y una noche verlas trasmitiendo una mirada de melancolía a los que nos rodean que, evidentemente, no entenderán, pues los españoles no entienden a los chilenos cuando hablan entre ellos o cuando se ponen melancólicos...
Quizás con 26 ó 27 años ya se tiene una edad suficiente, un reducto algo firme, como para enfrentar el pasado inmediato mostrando las cicatrices de los triunfos y los diplomas de los fracasos. Es posible, es posible, pero todo esto, las energías de mi mancebo sobrino y la posibilidad de una reunión de ex compañeros, me han catapultado con fuerza a la circunstancia en que atravieso… 25 años: una edad que los tentáculos de la GLOBA no ha querido explotar. Ahí están las series de universitarios que las productoras del imperio imperante se encargan de distribuir por el mundo haciéndonos creer que eso es ser universitario. Ahí están las series de treintañeros y “amigos” que viven juntos o comparten pisos y todo está bien y nos juntamos en el café de la esquina y yo me lio contigo y tu conmigo y todo estupendo porqué las risas de fondo están garantizadas…
FUTURO
Los 25, los 26, los 27 es una edad tan transitoria y complicada de definir que la TV no ha podido dar con un perfil. Algunos aún están en la U, otros ya son padres, otros aún se mean en la cama, otros se refugian en la soledad, otros ya aman, otros no han conocido el amor, otro se casaron y tienen una pyme con dos cojones y el hígado hecho mierda por el estrés… Pero todos en camino a concretar algo, pues todos están comenzando y él que no tenga miedo que se vaya a la mierda, pues tener miedo es la raja, es la ostia…
Al menos yo recién estoy viendo una cierta perspectiva y estoy cagado de miedo, pero contento…
En resumen, y pa’ no dilatar más está wea, lo de la reunión de ex compañeros y lo de ver a mi sobrino acá en España me llevaron a recordar al Benjamín de 17 años. Y Lo proyecté en Eduardo con sus ánimos, sus ganas, su fuerza. Y en un momento determinado, entre estrellas y piscolas, hablando en chileno puro y duro y bajoneando pan de molde con queso filadelfia, como que me vi… Y la verdad me caí bien.

28/10/07

Los correctivos de la elite

En estas últimas semanas dos íconos chilenos, y cuando dijo chilenos me refiero a los de verdad son chilenos y no pretenden ser otra cosa, han caído en desgracia ante los inquisidores ojos de la elite político y social que maneja el país y dicta lo bueno y lo malo en la aldea llamada Chile. Uno es el futbolista Gary Medel y el otro el senador Alejandro Navarro.
Una lástima lo del joven futbolista chileno Gary Medel, o Médel como lo llama el DT argentino Marcelo Bielsa. La noche del viernes 26 de octubre fue detenido conduciendo en estado de ebriedad y sin documento en el nocturno barrio Bellavista de Santiago de Chile. En menos de cuatro meses ha hecho de casi todo: pegarle una patada a un rival en las semifinales del mundial Sub 20, escupir al jugador de Deportes Concepción Patricio Almendra, propinarle un cabezazo a un compañero y dar muestra de que potencialmente puede ser el mediocampista de quite (pivote) que Chile necesita. Un periodista de El Mercurio lo comparó con el volante italiano Giuseppe Gatusso.
Evidentemente el espectro periodístico nacional reaccionó ante el error del novel jugador. Con rapidez los directivos del elitista club al que pertenece –la Universidad Católica- gestionaron una rueda de prensa donde Medel (en la foto) pidió perdón a sus compañeros, a su entrenador y a los hinchas por su actitud. El presidente del club Jorge O’Ryan dijo que para evitar que vuelvan ocurrir este tipo de cosas en la desordenada vida del deportista, arreglaría todo para que Medel y su familia (esposa y dos hijos) se vaya a vivir a una de las casas que tiene la institución cerca del Estadio del equipo, ubicado en el barrio de San Carlos de Apoquindo, una de las zonas más caras de Santiago.
Medel, que vive en el “batustan” de Conchalí, tiene rasgos mestizos más cercanos a los aborígenes que al conquistador europeo, su familia es pobre y a los 16 años ya era padre. Su barrio es de gente humilde, de chilenos pobres, que nunca accederán a una vivienda como la que podrá tener Medel si acepta la oferta del club y que a pesar de la obligatoriedad de la educación durante 12 años, no lograrán entrar a la Universidad, pues la educación pública es mala y no puede competir con los sempiternos colegios particulares. En resumen una pobreza permanente (en Chile hay algo claro: puede que cambie el nivel de vida de la gente, y eso ha ocurrido durante los últimos 30 años, pero los pobres de Chile seguirán siendo los pobres de Chile).
En fin… De más está decir que es una apetitosa oferta la que tiene al frente Medel; que seguramente con el dinero que gane como futbolista podría comprarse grandes casas y tener varios coches. Hasta cierto punto creo que no es importante si acepta o no.
Lo triste es la actitud de los dirigentes del club que creen que los problemas conductuales del jugador se resolverán si se cambia de barrio. Si deja a su gente para irse a vivir a un sitio donde no conoce a nadie y no conocerá a nadie. Donde los vecinos que tendrá él y su esposa lo mirarán con el permanente desdén con la que la clase alta-caucásica de Chile mira a los chilenos. Lo que pretende la UC es reubicar al jugador, para apartarlo de las malas influencias para que se centre en su carrera sin pensar en la estabilidad de Medel ya no como futbolista sino como humano. Esto es paternalismo puro y duro.
¿Hubiera sido esa la solución para que el tenista Marcelo Ríos, nacido y criado en la elitista comuna de Vitacura y cuyo prontuario incluye atropellar a su preparador físico, orinarle las piernas a una chica en La Serena, pegarle a un taxista en Roma, entre otras cosas; cambiara su fatal derrotero conductual?
Nadie en su sano juicio le hubiera sugerido cambiarse de barrio ¿Por qué debemos suponer que esa es la solución para Medel?
Esto es paternalismo de una clase que cree poseer el bien común.

Navarro desaperece
Mientras los sucesos en que se vio envuelto Medel ocupan las portadas de los diarios, el senador Navarro (en la foto) no aparece en los mismos. Uno de los pocos, quizás el único político que tiene claro que la clase dirigente no conecta con el país y que no teme –o no temía- enfrentarse a ciertos poderes fácticos enquistados en la centroizquierdista Concertación de Partidos por la Democracia y de atacar virulentamente a la, cada vez menos, vaca sagrada Ricardo Lagos.
El senador por la Octava Región tuvo bastante visibilidad en el conflicto de los subcontratistas con Codelco, es el único político nacional que dice simpatizar con la revolución bolivariana de Chávez y es un connotado defensor de los derechos de las minorías indígenas. En septiembre encabezó el paro nacional de trabajadores lo que generó malestar en la clase política. El enredo político de la elite chilena es tan tremendo que provoca que un parlamentario miembro de la coalición de Gobierno, como Navarro, sea criticado por participar en una marcha de obreros contraria a La Moneda, aún cuando el germen de la izquierda es ese: los obreros…
Lo tragicómico es que en plena marcha, cuando los trabajadores chocaron con las fuerzas policiales, Navarro recibió un golpe de un efectivo de Carabinero. Es lo que en Chile se denomina lumazo. Su cara ensangrentada fue captada por las cámaras y la imagen del Parlamentario medio moribundo fue fulminante. El hombre iba en camino en transformarse en un mártir viviente.
Pero días después apareció en TV un video en que minutos antes de recibir el lumazo, él agredía al Carabinero. Las imágenes lo desacreditaban, pero eso no bastó. Algunos políticos de la clase dirigente nacional señalaron con el dedo a Navarro y dijeron que su actuar meritaba una acusación constitucional. La intentona quedó en veremos, pero surtió efecto.
Desde ese momento Navarro desapareció de la prensa. Dejó de generar noticia. Se calló.
¿Presión?
Debe ser difícil enfrentarse ante los poderes nacionales. Siempre se dice que todo político tiene su bote de basura donde esconde sus secretos (y que la misión de los contrincantes en campaña es destapar ese bote). Lo claro es que por alguna razón, tal vez la antes descrita, Navarro desapareció de la agenda Setting.

5/10/07

Deportes: off side del progreso

Mi generación, la que nació entre el 80 y el 85, es decir, la que dio sus primeros pasos en los últimos años de la Dictadura y cogió uso de razón política, obviamente difusa por la edad, con el plebiscito del ’88, ha crecido siendo victima del progreso.
Desde que Pinochet dejó La Moneda, incluso antes, la sensación de que el país cambiaba para bien se nos inculcó de manera patológica y año tras año los datos macroeconómicos lo confirmaban. Estábamos y estamos mirando el futuro con la seguridad de que al final del camino está el edén: el desarrollo de corte occidental (¿Existe otro?). Paradójicamente, el “vamos bien, mañana mejor” que instauro Pinochet el año 1980 para aprobar su rocambolesca Constitución, encaja a la perfección con lo vivido y proyectado en los ´90.
Pero dentro de los variados estamentos en que la prepotencia del progreso globalizador ha arrasado -infraestructuras, consumo, energía, tecnología- muchas facetas del Chile de hoy han quedado fuera. Muchas. Demasiadas, pero no es mi intención abarcar todos los desastres del neoliberalismo, sino hablar de deportes.
Increíblemente los deportes en Chile han sido más sensatos que la realidad mediática. Sentía cuando era pequeño, más por la edad que por otra cosa, que esa sensación de progreso que escupía la TV y los diarios también aupaba a los deportes. En los 90 Chile cosechó éxitos que hacían pensar que quizás, tal vez, esa proyección infantil era algo tangible: Colo Colo ganó la Libertadores, el Chino Ríos fue uno del mundo, clasificamos al Mundial de Francia, luego el bronce fútbol en Sydney 2000, después el doble oro en tenis en Atenas, campeones mundiales de hockey femenino... en fin hechos, títulos, logros admirables, pero aislados.
Culpar a alguien en concreto es pretencioso y dudo que una Digeder bien administrada o un Chiledeportes fumigado de mafiosos hubiera cambiado el panorama actual, pero el lícito quejarse del descaro y desinterés de nuestra elite política para con los deportes. El ejemplo sin duda es Chiledeportes y no por ser un nido de corrupción asignando proyectos a políticos en campaña, sino porque cuando se reformuló la Digeder y se creó Chiledeportes se dejaron evidentes lagunas legales que posibilitaron los actos delictivos. En fin... todo esto lo intuyo, no me conozco la ley del deporte al dedillo, pero si tengo claro que el deportes no es rentable políticamente en el corto plazo.
Lo que si es evidente es que los logros deportivos crean una marca, una identidad un reafirmamiento total del Estado.


No nos ubica ni Dios
He comprobado en mis 11 meses en Madrid que Chile no hace noticia. Salvo por Pinochet es poco lo que se sabe de Chile en Europa lo que en su trasfondo es positivo: no hacer noticia significa que no hay malas noticias (aún cuando la pauta editorial del grupo PRISA imponga lo que es noticia en Latinoamérica). Sin embargo esa orfandad informativa va de la mano con la escasa figuración internacional que tiene Chile. No sólo produciendo malas noticias se sale en los periódicos o en la TV, lo que significa entrar en el inconsciente colectivo de la gente, sino también en los dos únicos sitios donde las naciones chocan y no hay sangre (aunque no siempre es así): la cultura y el deporte. Vuelvo a repetir que no es mi plan abarcar en este BLOG muchos puntos, sólo el banal y querido deporte...
Hace unas semanas vi en la DOS el mundial de gimnasia rítmica. Lo empecé a ver cuando estaba terminando la competencia por equipos y las rumanas lloraban por perder el oro. La cámara hizo una panorámica del recinto y comenzaron a salir las puntuación. Asombrado vi que participaron más de 40 equipos. Los primeros diez eran los de siempre: Rumania, Rusia, EE.UU., China, Alemania, España... en fin, no recuerdo cuales más. Luego Suecia, Suiza, Inglaterra, Brasil, Tonga ¿Tonga? Sí, Tonga, después Japón, Turquía, México... La cuadragésimprimera bandera que apareció en la pantalla, con el puntaje más bajo, era la chilena. No espera verla, no pensaba que habría un equipo de gimnasia rítmica que acudiera al Mundial, pero a pesar del último lugar me pareció importante y relevante ver la bandera ahí. A veces el deporte no está para alcanzar logros competitivos sino para que el país esté...aparezca...figure.
Argentina es Argentina no porque en 1945 fuese la novena potencia del mundo, sino porque tiene una selección competitiva en todas las disciplinas por equipos y cualquier nación del mundo la ha enfrentado en alguna de esas disciplinas, seguramente perdiendo.
Si al menos Chile pudiera tener una selección de baloncesto de nivel medio, si alguna vez pudiéramos ganarle a Uruguay y clasificar al mundial de Rugby, si alguna vez ganamos el mundial de hockey masculino, si alguna vez tenemos un atleta que clasifique a algunas de las finales del mundial de Atletismo, si alguna vez se cuela un chileno en la F1...podríamos aspirar a ser reconocidos en el mundo lo que es primer paso para crear un identidad común. Desde Arica a Magallanes, desde La Dehesa hasta La Viuda 9. Una identidad común.
Es pretencioso. No sé como se logra. Lo único que sé es que si las platas de Chiledeportes asignadas a la asociación deportiva del barrio X, para comprar un equipo de tenis de mesa, deberían llegar, porque supongo que de 100 niños que jueguen tenis de mesa uno saldrá bueno... (asumo el simplismo de la última frase).

Espero que el plan ADO que quiere instalar o está instalando el COCh, ese que hizo que España dejase de ser un país del montón (sumado eso si con los JJ.OO de Barcelona ’92), logre los objetivos antes descritos: no ganar, sino estar. Estoy seguro que a medida que se repita lo segundo llegarán los triunfos.

29/9/07

Portugal como paradigama, Sudáfrica como reflejo

El ministro de Hacienda de la Republica de Chile, Andrés Velasco, entregó en cadena nacional los alcances del presupuesto del Estado para el curso 2008. El catedrático de Hadvard subrayó que el gasto social aumentará un 11,4% aún cuando el presupuesto sólo crecerá un 8,8%.
Las reacciones políticas al discurso del hombre de Expansiva no se hicieron esperar y no sólo los políticos respondieron las diatribas de Velasco, sino también un listado enorme de economistas de diversos thin thank y/o universidades. Sin embargo, lo más llamativo del discurso fue un año –2020- un país –Portugal- y un reto: ser una nación desarrollada en trece años más alcanzando ingresos per cápita cercanos a los de Lusitania, la más pobre de las 15 naciones primarias de la Unión Europea.
Semanas antes, el economista de la Universidad de Chile, Joseph Ramos, ya lo había comentado en una de sus columnas en el diario La Tercera y la noción -emular a Portugal- fue un discurso que se oyó en La Moneda de Lagos cuando el desarrollo llegaría el 2010 y no una década después. Para lograrlo es necesario crecer a una tasa anual cercana al 5,5%.
Chile, ahora en más, caerá en lo que se podría llamar paradigma portugués. La continua comparación con Lisboa puede llegar a ser enfermiza y en su fondo equivoca el camino que debe imitar Chile, no por índices económicos, sino por historia e historia económica (que no es lo mismo).
Primeramente, Chile no cuenta con los fondos que los portugueses reciben de la Unión Europea para subsidiar, por ejemplo, trenes, carreteras o puentes (o transantiagos). Chile no tiene una historia imperial a sus espaldas, su economía nunca fue del todo estatista, como si lo fue la Portugal de Salazar, y no cuenta con los sobrados ingresos del turismo que dejan ingleses y alemanes en las costas del Algarbe o Alentejo. El germen del desarrollo europeo tiene sus raíces en profundos traumas (II Guerra Mundial, Imperialismo, revolución industrial) y el camino chileno ha sido distinto, también traumático (dictadura de Pinochet), pero dentro de un cabal consenso político que se saltó la dicotomía comunismo-capitalismo para encallar en un ultraneoliberalismo que haría sonrojar a Adam Smith.

Las comparaciones cambian
Un antecedente de esta enfermedad lo vemos ya en nuestros periódicos. Desde que apareció en la prensa que la OECD (el club de países ricos) pensaba incluir entre sus socios a Rusia, Estonia, Chile e Israel, nuestro país tuve una suerte de “cambio de pelo”. La sección de tendencias de La Tercera, que hasta hace pocos meses llenaba sus insulsas noticias estadísticas con gráficos comparativos de Chile con el resto de América (e
l país menos corrupto de la región, Santiago es la capital más segura, el PIB nacional es el segundo más alto, la mortalidad infantil es mínima, etc); ahora esos mismos gráficos y esas mismas estadísticas sirven para comparar a Chile con los poderosos países de la OECD y el resultado es paupérrimo (Chile es el país que menos invierte en educación, Chile es el país que menos invierte en ecología)... En definitiva la paradoja, Portugal como horizonte, nos empuja a dejar atrás el lastre de ser latinoamericano aún cuando somos lo que somos...
Gran error el de fijar una meta tan difusa y diferente a la realidad nacional. Chile tiene sus espejos en Malasia, Corea del Sur, Bostawa, México, países con vidas cortas y parecidas a la nacional. Con grandes saltos de desarrollos en un corto plazo y que son economías que han abrazado la globalización con sádica pasión, como Chile. Pero claro... Malasia y Bostawa no quedan en Europa...

Velasco miente
Sin menospreciar lo antes escrito, creo de todas formas que Velasco miente. Como todo político bien nacido miente. Y lo hace al decir que Chile será un país desarrollado el 2020. Se olvida Velasco que Chile ya es un país desarrollado.
Se olvida que un 15% de los chilenos lleva unos niveles de vida que no tiene parangón ni con España ni con Portugal ni con Grecia. Las carreteras y el aeropuerto son del primer mundo y los índices de corrupción y trasparencias ya se los quisiera Italia, por ejemplo. La cuestión es cuando ese 15% va dejar de vivir en la estratosfera, va dejar de pensar que Chile es occidental y va aunar una verdadera identidad que permita que la vergüenza les lave la cara y sientan que la pobreza de los chilenos es de todos los chilenos pero la riqueza, por una ecuación que no logro descifrar, no es de todos. Algunos llaman esto desigualdad.
Este fenómeno enquistado en nuestra sociedad desde Pedro de Valdivia e Inés de Suárez ha generado verdaderos enclaves cerrados en las urbes chilenas aún no regidos por la delincuencias, sino por la discriminación étnica, racial y socioeconómica...
El desarrollo de Chile ha sido tan mutante que en su ejercicio ha dejado en la vera a los mismos de siempre. Si bien los 20 años de crecimiento han desmantelado las poblaciones callampas (villa miserias o favelas), han aparecido verdaderos batustanes dentro de las ciudades. Grandes y caóticas construcciones de casas copeva o “chuvi” alejadas de los conos urbanos modernos, limpios y ordenados, y encerradas entre carreteras de alta velocidad que sólo buscan conexión entre esos conos urbanos y el mar o la nieve o el aeropuerto, ejemplificado en la jactanciosa costanera norte. ¿A cuantos santiaguinos les sirve realmente esa autopista?
Este concepto, batustan, era utilizado por la Sudáfrica del aperheit para señalar las ciudades o barrios donde vivían los individuos de raza negra, lejos de los vistosos desarrollos de la Sudáfrica blanca y europeísta. Aunque a la distancia parezca una insensatez, lo que buscaban los boer era el desarrollo para todos los sudafricanos (blancos y negros), pero en niveles separados, construyendo sociedades separadas y con abundante paternalismo. El argumento era simple: un negro no puede autogobernarse. Por lo mismo: ¿Es realmente el sistema electoral chileno representativo o alienta a las elites para que sean ellas las que gobiernen? Ante esto respuesta banal, pero sencilla: de los 48 Senadores de la República uno es mestizo (Andrés Navarro) y del gabinete presidencial también sólo un ministro lo es (Yasna Provoste). Chile, la Concertación, la Alianza por Chile deben plantearse un reto más humano y cercano: eliminar la desigualdad lo antes posible. No sólo en el aspecto económico, sino también cultural y en las maneras que se accede al poder.

19/8/07

Suecia 1. Acercamiento y el Estado de Bienestar

En dos días más viajaré al reino de Suecia, aunque, a diferencia del Reino de España o el Reino de Dinamarca –o la Republica de Chile-, Suecia se llama simplemente Suecia. En rigor, y para más, luces visitaré la región sureña de Escania (Skane), donde Malmoe es la capital y a pesar de ser la tercera ciudad en importancia después de Gotemburg, mantiene una fría relación con Estocolmo.
Además, en las ciudades y pueblos de esta zona se desarrollan las
aventuras del sagaz y decadente policía Kurt Wallander, cuyas novelas son obra del escritor Henning Mankell.
No deja de ser paradójico, pero la única novela de Wallander que me he leído es “Los perros de Riga”, que como su nombre lo indica, se desarrolla en Letonia, aunque para la ocasión me compré “La pista falsa”. Y es que las novelas negras son un producto de consumo narrativo muy igualitario (siempre el policía o el detective es decadente con la excepción de Maigret de George Simenon) y la gran diferencia entre una y otra es el escenario. Para conocer la realidad social de un país nada mejor que leer la novela negra típica que entrega antecedentes que una guía turística no da. Además, dependiendo de la editorial, es bastante más barato que el precio promedio de las guías turísticas (Trotamundo, Azul, Lonely Planet)... “La Pista falsa”, en la versión de bolsillo de Tusquets viene hasta con mapa incluido...
Como la mayoría de lo países del globo, el primer acercamiento con el concepto “Suecia” está unido irremediablemente al deporte. Primeramente, cuando comencé a tener uso de razón, la lucha en la cima del ranking ATP la llevaban el alemán Boris Becker y el sueco Stefan Edberg. Mi padre apoyaba al primero, pues años antes, para el terremoto de 1985, el equipo de tenis escandinavo de visita en Chile para jugar la Copa Davis “huyó” del país tras los temblores, pero al menos esos años el segundo iba a la cabeza...

Italia ’90 (Grupo C: Brasil, Escocia, Costa Rica y Suecia)
Pero no fue hasta que no leí ese improvisado atlas de tapas amarillas que llegó a mis manos en mayo de 1990, que no profundicé mis antecedentes sobre el nórdico Estado sueco...
Ese atlas no era más que el álbum de cromos del mundial de Italia que fue realmente una enciclopedia para mi. Ahora que han pasado 17 años de que me faltaran seis láminas para completar la colección –tres de las cuales eran del equipo egipcio- compruebo que, con evidentes matices, el cariño que le tengo a los 24 países que participaron en ese mundial se impone a otros... aunque varios de los que dijeron presente en la bota itálica ya no existen (URSS, Yugoslavia, Checoslovaquia)... A través de esa revista me enteré de las capitales, de la población, la silueta de cada una de esas naciones y me abrió el interés por mirar reiteradamente el mapa mundi. Meses después cayo el muro, se disolvió la Unión Soviética, estalló la Ex-Y y todo se fue a la mierda. De golpe aparecieron nuevos países y nuevas capitales que aprender y cada semana los atlas quedaban obsoletos.
Pero volviendo a ese mundial, como olvidar, por ejemplo, la cara de zombie del arquero de Bélgica Michael Prud’Homme o el teñido cabello de Claudio Paul Cannigia o el idéntico rostro de todos los jugadores del equipo surcoreano o la similitud sonora de todos los apellidos del conjunto sueco terminaban en “son”...

Entre medio apareció Olafo, pero Olafo, vikingo y todo, es noruego...



Luego vino la lectura obligatoria de “El maravilloso viaje de Nils Holgersson” de Selma Lagerlof; asomó la idea de estado de bienestar, cuya mezcla de palabras me complicaban de sobremanera, pues a esa edad sólo conocía lo que significaba “bien”. El mundial de Estados Unidos hizo el resto, aunque ese mismo año un interesante profesor de historia que tuve en el colegio y que según recuerdo se llama (o llamaba) Jorge Abarca, intentando graficar los resortes de la segunda guerra y la prepotencia del general invierno de Rusia, señaló que igual que Hi
tler y Napoleón, hubo un rey sueco que también intentó la hazaña de tomar Moscú y también se topó con el gélido invierno de las estepas rusas... “Si lo hubiera logrado todos nosotros estaríamos hablando sueco”, zanjó Abarca y yo quedé impactado. Nunca olvidé el nombre de ese rey: Carlos XII (en la foto), quien osó desafiar a la nieve 1700 en el marco de la Gran Guerra del norte donde el Imperio Sueco, unido al Imperio Otomano, se enfrentó a una abultada alianza de daneses, noruegos, rusos, polacos, prusianos y sajones. Al principio le fue bien, pero la ambición de tomar Moscú le costó caro, como al amigo corso-francés y al amigo austriaco-alemán...
Tras esto, la Suecia imperial del mar Báltico sucumbió y los “asiáticos” rusos entraron en Europa y no saldrían hasta 1991. Suecia quedó condenada a ser una potencia de segundo orden y tener uno de los niveles de desarrollo más altos del mundo que incluyen un estado de bienestar paradigmático que hoy es debate en Estocolmo, luego que los socialdemócratas dejaran el poder el año pasado y la derecha se alzara con el triunfo apelando a un reforma profunda de la política social de Suecia...
El Estado de Bienestar
Las finanzas de Suecia no ha ido bien desde mediado de los ’90. Muchos achacan esta circunstancia a la grandiosidad del Estado, que abarca muchos campos de la economía, y a la llegada cada vez mayor de inmigrantes. A diferencia de los ’70 cuando muchos chilenos exiliados llegaron a Escandinavia, Suecia era un país bullante que necesitaba mano de obra, papel que chilenos y turcos, y en menor medida argentinos y iraquíes, cumplían sin miramientos acoplándose sin mayores problemas a la sociedad receptora. Ahora no hay mucha oferta, pero la demanda continua llegando desde Bosnia, Kosovo, Macedonia, Palestina, Polonia, Rusia, Ucrania...
El apacible pueblo sueco se tensiona al ver tantos inmigrantes cuando la economía no camina. Los inmigrantes no se integran y se sienten mirados en menos. Surge desconfianza y discriminación. Grupúsculos ultraderechistas, racistas e incluso neonazis se han tomado algunos barrios de Estocolmo, Malmoe y Gotemburg. El apacible sueco busca la tranquilidad cediendo uno de sus tesoros más grandes. Por eso elige a la derecha –que además de reformas, prometió mano dura- tras doce aós de gobierno socialdemócrata. Nos enfrentamos ante un momento clave en la historia de Suecia y de lo que en países del tercer mundo se cita reiteradamente como ejemplo de realidad social... Si el líder del sui generis Partido Moderado, Fredrik Reinfeldt, logra pactar y hacer las reformas, uno de los mitos más grandes post-guerra fría sucumbiría, como el Imperio de Carlos XII hace 300 años.
El eco en Chile no sería menos. Aunque nuestro país sigue un camino especial, el ejemplo irlandés de desarrollo suele ser citado por el empresariado y la derecha, mientras que la leyenda –quizás inalcanzable- de un mega estado social que es Suecia es el panegírico de la izquierda socialista. Si este último es modificado, puede que las voces que piden la flexibilidad laboral al estilo irlandés se multipliquen.