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18/2/09

Gomorra es un libro

Impulsivamente vi el libro encima de la manta y pregunté el precio. Lo hojeé para ver si la falsa edición estaba en condiciones de ser leída y manoseada y, considerando el precio, lo compré. Era un libro pirata de esos que se venden en las calles.
Una transacción ilegal en pleno centro de Santiago que
narra sucesos ilegales en Nápoles. Pero claro, detrás de la mujer que me vendió el libro hay, seguramente, una organización ilícita, no así en la historia de Gomorra de Roberto Saviano (en la foto), un éxito en Europa que hace un mes llegó a las librerías chilenas y hace 32 días ya se vende en las calles…
“Me ha sorprendido la cantidad de jóvenes de su edad que se han llevado el libro”, me comentó la mujer que me lo vendió, como si fuera yo un cliente de siempre que acude reiteradamente a su metafórico local ubicado en una cuneta. (No siempre compro libros piratas y no creo que, en su negocio itinerante, la vuelva a ver).
Y es que la historia de Gomorra más que ilícita es criminal. Más que criminal es un sistema. Más que un sistema es una identidad y de eso nos habla el libro de Saviano, de la identidad de un pueblo marcado por el subdesarrollo, la influencia española, las vendettas y una manera de estructurarse en rincones donde el Estado llegó hace poco o no llegó.
Entre medio muertes, asesinatos, cuerpos quemados en ácidos, yonquies que para revivir son orinados en la cara, niños de 11 años que sueñas con ganar dinero y morir jóvenes… Y, además, detalles de la estructura de la mafia napolitana, la Camorra: quienes son los jefes, los apodos de estos, las formas que se distribuye la droga, las competencias en el puerto de Nápoles, las inversiones de los clanes en las capitales de Europa, el negocio de las ropas de marca… Detalles que le han significado a Saviano vivir en constante peligro, con cuatro policías escoltándolo constantemente y sin el saludo de sus antiguos amigos que deducen que la cercanía con un proscrito les puede acarrear un tiro en el corazón, puesto que en Nápoles, a diferencia, por ejemplo, que en el norte de España el tiro no es en la nuca, sino de frente.
Saviano nos cuenta, al igual que la película Tropa de Elite, que detrás del minuto y medio y de la media página en los periódicos, hay situaciones ya no continuas sino perpetuas y que el statu quo es más sólido que las buenas intenciones de pocos. Después del macrojuicio del Juez Amato, la mafia pareció, por primera vez, derrotada o denostada e incluso sobrepasada por nuevas fuerzas delictivas provenientes del Este de Europa.
Pero, y en eso el libro es la mejor muestra, la mafia está ahí, enquistada en los sueños de los niños, en el trabajo de los pobres, en las relaciones sociales. Impregnada e ir contra eso es casi faltarle el respeto a la tradición. ¿Cómo modificar esto? No lo sé y Saviano tampoco.

Medios
Ahora nuevamente es mediático lo que sucede alrededor del Vesubio.
Aunque la narración de Saviano a veces parece más una catarsis personal, como una disculpa a sí mismo por haber nacido donde nació, es también una guía de cómo escala un conflicto. En el capítulo sobre la guerra de Secondigliano (entre el clan Di Lauro y “Los españoles”), hay un momento donde se narra la llegada de la prensa, de cómo los periodistas de los grandes medios europeos arribaron en busca de muertes y destrucción como si de la Ex Yugoslavia se tratara, olvidando el trasfondo del asunto, aunque, y eso Saviano lo subraya, el escenario era propicio para cualquier estudiante en prácticas o becario: estar ahí un par de días, en plena guerra de Secondigliano, garantizaba al menos una muerte. Sin embargo, cuando las balas dejaron de dispararse la prensa desapareció y la que por error quedó buscó otras historias, como el despertar de un niño que estuvo un año en coma, hecho que nada tenía que ver con la guerra, pero que marcó el fin de la cobertura mediática… Se acabo la guerra, pero el conflicto continuó.
A diferencia de Tropa de Elite, donde la línea de los buenos y malos es tenue, acá, más allá de los códigos y la pirotécnica de la mafia, la lectura de Gomorra nos muestra dos formas de informar. Una, la rápida, la de los grandes y ampulosos medios sin rostro, y otra, la secreta, la del observante, la del que se mete tanto en los sucesos que termina siendo parte de ellos. Esto lo encarna Roberto Saviano que más allá del valor literario o periodístico de su reportaje-río, o más allá de su talento para la narración, ahora vive como si fuera un líder de un clan, sin poder salir a la calle, con rutas restringidas, pero sin el dinero de estos.

3/2/09

El "pipazo" de Michael Phelps (retomando)

He oído una frase que dice algo así como que hay que juntar el hambre con las ganas de comer… No sé, o al menos no recuerdo, a que apunta aquella sentencia, pero si puedo decir que tras varios meses de dejar botado este medio, que recién hoy, 3 de febrero, las ganas de escribir se han juntado otra vez con la necesidad de hacerlo. El ímpetu de contar algo -una opinión, una visión- ha vuelto levemente y hay que aprovecharlo. Gracias, eso sí, a todos los que me alentaron para que esas dos vertientes, muchas veces paralelas, se toparan otra vez.
Y gracias también a Michael Phelps, el insigne nadador estadounidense, por fumar marihuana y ser fotografiado haciéndolo y, además, reconocerlo con una declaración pública. Fue esa imagen la que me dejó pensando estos días.


El nadador, ganador de 8 medallas de oro en los JJ.OO de Beijing, multi-quebrador de records, el último ícono deportivo-comercial del mundo antes de la crisis, fue sorprendido fumando cannabis en una fiesta de esas universitarias que en EE.UU. parecen ser bastante salvajes con sexo, fotos íntimas, mucha cerveza en vasos plásticos y atletas drogándose.
Al encarar la noticia los medios del mundo han censurado el actuar de Phelps por qué fumar marihuana es malo y por ende es un pésimo ejemplo para los niños, sin importarle demasiado la privacidad del nadador, pues más que mal, y así Rafael Nadal, lo ha subrayado cuando se le ha preguntado por lo de Phelps, lo que hizo lo hizo en el ámbito privado de la vida (que para muchos es toda la vida) sin sopesar que un tarado lo fotografiaría y vendería la instantánea al “The News of the Wolrd”, rotativo londinense que entra de lleno a quitarle lectores a “The Sun”, buque insigne de los tabloides sensacionalistas en inglés.

¿Un superhéroe?
La marihuana es para el tiburón de Baltimore lo que la criptonita para Superman. Es el aura de superhéroe, que mucho quieren ver en un joven de 23 años, lo que se ha trisado o empañado. Esa misma aura que desde que terminaron los JJ.OO. todos los medios han querido mancillar o sacar tajada de ella. Desde septiembre a la fecha, Phelps hizo noticia por unas fotos algo pasado de peso en una playa, unas fotos golpeándole las nalgas a una conejita de playboy, por ser acusado de “falta de personalidad” por otra conejita de playboy que supuestamente salió con él, por calificar de idiota a un periodista que le preguntó demasiado sobre los amoríos que tendría con la mentada conejita de playboy. Por si fuera poco, un millonario pensó que el mejor regalo para
su mujer era que pasara una tarde con Phelps y le pagó para que se metieran a la piscina juntos.
Todos querían algo de él y acudió a todos los late show de EE.UU. anunció su retiro para después de Londres 2012 y dijo que se encerraría un mes en un hotel de Las Vegas para aprender a jugar poker. Su nombre era sinónimo de proeza… y como la suya fue una hazaña de las grandes, muchos, incluido él, cambiaron el sinónimo y de un día para otro Phelps fue equivalente a noticia. Cuando los medios se percataron que seguía vendiendo a pesar de todo, su nombre pasó a ser igualado como escándalo.

Futuro
Su capacidad atlética, si bien no está intacta, no podemos juzgarla hasta que no se vuelva a meter a la piscina y con una motivación estratosférica. ¿Qué se hace después de llegar a la cima personal, que, por añadidura, es histórica y mediática? Phelps ganó los ochos oros pues quería superar a Mark Spitz y lo logró. A todos nos sorprendió y nos gustó ver que lo hiciera. Después cambiamos de canal, volvimos a nuestras rutinas y de vez en cuando una que otra nota nos recordaba lo que había pasado con ese chico de Baltimore. Pero para Phelps sus andanzas son permanentes y, supongo, tras los ocho oros su vida cambió y ya nada fue igual. No sólo por la asquerosa y a veces buscada exposición, sino porque cada mañana, desde el fin de los JJ.OO., se despertó sin un modus vivendi aparente. ¿Qué hacer cuando ya se hizo? Comer, ir de chica en chica, fumar marihuana es lo mínimo para alguien que espera reordenarse en la vida después de un extenuante trabajo y, de paso, buscar otra motivación.
Hay gente como Phelps que si no pedalea hacía algo se cae. Pero, eso sí, no ha toda la gente es fotografiada en cada caída.

27/1/08

Catrileo y Troncoso en la calle y no en la TV

La información por canales antes convencionales es escasa, esporádica y tardía. Con un enfoque artificial y sin ir al fondo de problema, disfrazando ese fondo con los arropados vestidos de los intereses económicos y sociales de una elite que ya escribió la historia y no pretende modificarla, ni modificará el statu quo en que nos encontramos inmersos. Esos medios son las páginas webs de los periódicos y radios más importantes de Chile: emol.com, latercera.cl, cooperativa.cl y la mayoría de los cls.
Acá en España fue mínimo lo que se publicó sobre la muerte de la figura cada día más heroica de Matías Catrileo, el joven comunero mapuche que no renunció jamás a sus raíces a pesar de criarse en la urbana ciudad de Santiago y que prefirió seguir sus estudios en la región de la Araucanía, viviendo con otro iguales y comprendiendo lo que la mayoría de los chilenos nos ha costado entender: no somos occidentales, somos mapuches o mestizos, regidos eso si por una burguesía made in Europa que nos ha hecho creer que somos diferentes a los otro pueblos latinoamericanos… Racial y económicamente diferentes. L
os “ingleses de Sudamérica”, los “jaguares”, los “democráticamente estables”. Todo caricaturas y falacias…
Catrileo murió por un disparo ejecutado por un carabinero mientras éste defendía un fundo que Catrileo y otros diez comuneros pretendían tomarse. El fundo en cuestión es de un empresario de origen alemán llamado Jorge Luchsinger Viliger quien, en una entrevista en El Mercurio, se refirió a las personas pertenecientes a la etnia mapuche en los siguientes términos:
“El indio no ha trabajado nunca. El mapuche es un depredador, vive de la naturaleza, no tiene capacidad intelectual, no tiene voluntad, no tiene medios económicos, no tiene insumos, no tiene nada (...). Entregándoles tierras no van a dejar de ser miserables. ¿Ha visto los campos que les entrega la Conadi? No queda nada, ni un árbol, no producen nada”.
Triste, pero real.
Tampoco se ha publicado mucho sobre Patricia Troncoso la activista mapuche que lleva 108 días en huelga de hambre por ser procesada por la ley Antiterrorista, ley creada en los años de la dictadura y que los gobiernos de la Concertación no han arrugado la nariz para aplicar.
Y claro, es difícil que el imperio PRISA ose hablar mal de Chile (ahora menos, pero es PRISA quien marca la pauta informativa de las noticias que viene del mundo). De Chile, tras un año de la muerte de Pinochet, sigue siendo eso: la dictadura. Europa y el mundo son renuentes a enterarse que en el sur de Chile se están enfrentando visiones y ethos distintos, al margen de la constitución de un Estado, si bien no fallido –en este caso Chile- , pero que alberga una sociedad fallida y que tarde o temprano estallará…
Ante esta orfandad informativa ha sido www.youtube.com el ente por el cual he visto y sentido palpable el choque cultural que en Chile se niegan a ver y por el cual no dudan en minimizar la figura del antes nombrado Catrileo al que tachan de “joven inadaptado y punk” (otra vez El Mercurio, aunque en el arte de crear perfiles de Catrileo La Tercera no le fue en zaga). Varios videos circulan en la web que muestran las protestas que se han producido en Santiago por la muerte de Matías y la huelga de hambre de Troncoso, entre ellos una semblanza sobrecogedora sobre Catrileo publicada en castellano y en euskera. (
http://www.youtube.com/watch?v=xB5buPlWIrI)


MILES DE KMs.
El fin de semana pasado visité Vitoria para ver a Bea. El sábado incluso fui por el día a San Sebastián. Por la noche, cuando íbamos a beber algo en un bar y conocer a una de sus mejores amigas, nos topamos con una gran pancarta convocando a una manifestación en apoyo a Patricia Troncoso y en memoria a Matías Catrileo.
No me enteré antes, fue a las 16:00 horas y en ese instante estaba en la playa de la Concha en Donosti…


Pero fue fulminante ver ese cartel en medio de la fría noche vitoriana. Quien se quiere enterar se entera y el que no, se censura. Esa fue la conclusión, a bote pronto, que saque al comprobar que en la capital del País Vasco se congregaban no más de 20 personas para protestar por sucesos que ocurrían miles de kilómetros lejos de ahí. Claro, los vascos sienten como algo personal cualquier presión a una etnia o “nacionalidad” diferente y enmarcada en un Estado mayor. No lo dudo, pero cuando Bachelet visitó Madrid por primera vez en su mandato –año 2006- las manifestaciones en apoyo al pueblo mapuche fueron notorias e incluso el escritor portugués José Saramago abogó por un mejor trato (y a Saramago no le podemos achacar una condición de nacionalista centrífugo, pues no oculta su deseo de una Portugal unida a España donde la capital sería Madrid).
Esta vez las voces han sido pocas en España...

¿Qué pasará si muere Patricia Troncoso?
¿Rebotará con fuerza en los ambientes socialmente comprometidos de las españas o quedará archivado en el inconsciente colectivo, como puede quedar archivado en la agenda setting de los medios españoles?
¿Qué pasará en las calles de Chile si eso sucede?
¿Su muerte nos ayudará a reaccionar, cómo la de Matías Catrileo ha ayudado para abrir los ojos?

28/12/07

Entre Navidad y año nuevo. Butto ha muerto.

Los seis días que hay entre la noche buena y la noche vieja (Navidad y año nuevo) suelen ser lentos, apagados, ineptos, con poco contenido mediático y laboral… La mitad de la gente está de vacaciones, la otra mitad trabaja a media máquina. Las noticias escasean pues los poderosos también están de vacaciones y son los mandos medios quedan a cargo de las vocerías pertinentes en estamentos políticos rimbombantes (Ejemplo de eso lo vemos en los ilustres personeros del PP y el PSOE encargados de opinar, en nombre de sus respectivos partidos, sobre el mensaje navideño del Su Majestad el Rey Juan Carlos I. Eran, en su esencia, unos desconocidos que les tocó laburar el 25 de diciembre…)
La sensación permanente es que no pasa nada… Estamos inmiscuidos en deja vu perpetuo.
Se repiten los personajes, las historias y los reportes del año pasado, del antes pasado y también los que vendrán el 2008. Se buscan, eso sí, noticias novedosas con gran insistencia para que la agenda setting no muera de inanición y es así como Sarkozy acapara portadas en todos los periódicos por ir a Luxor con Bruni (foto), una guapa cantante que se ha liado con músicos, empresarios y actores varios. No todos franceses.
Un asesinato en masa en Seattle nos asombra. La repentina baja de presión de Soledad Alvear pone en vilo a la moribunda DC y como aún la encuesta CEP coloca a Alvear en el primer lugar de los políticos con más futuro, los medios chilenos se agolpan en la clínica donde la Senadora se recupera.
Algunos kosovares golpearon a un actor español de apellido Moreno en su casa cuando este se negaba a dar la clave de su caja fuerte. España no soporta más ese tipo de violencia inmigrante, se lamenta un parroquiano al café que acudo, de vez en cuando, cerca de mi oficina…
En fin, todo se detiene.
(El deporte también se detiene, salvo la Premier en Inglaterra. Al menos acá en la Península se han inventado eso de las selecciones autonómicas que juegan entre pascua y año nuevo un partido inofensivo que la FIFA se niega a declarar de oficial por más que se inviten selecciones nacionales, alguna vez Chile, y que si bien comenzó como algo identitario –Cataluña y Euskadi- ahora hasta Murcia juega con Angola o algo por el estilo)

Un hecho...
Pero este 2007 la historia nos golpeó en la cara.
A veces, con justa razón reconozco, esta semana nos depara sorpresas más allá de las mierdecillas impuesta por el inconsciente colectivo occidental o que pretende serlo.
Año 1996 cuatro miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez escapan en un helicóptero desde la CAS, sigla que quiere decir Cárcel de Alta Seguridad en Santiago…
Año 2004 quedamos perplejos ante el tsunami del sudeste asiático.
Este 2007 se irá con la muerte de Benazir Butto por delante. Una tragedia monumental. No es la posición fácil en la que me refugio, pero yo, como ciudadano chileno, me es imposible dar una opinión sensata de algo que no me toca. Sí entiendo la gravedad de la situación –posible caída de Musharraf, inestabilidad en una potencia nuclear, talibanes huidos, Al-Qaeda, democracia de tipo occidental inerte en otro país musulmán-, pero ¿Puedo suponer la congoja de un pakistaní de Rawalpindi que pierde a su líder –quizás la ilusión de su revolución- en un atentado, que sólo se diferencia del resto de atentados en ese país en que en este murió Butto, pues nada parará el espiral de muerte y violencia?
Podremos gritar, lamentar, opinar vanamente, pero poco sabremos de la real dimensión de lo sucedido. De lo que se teje detrás de la cara de una mujer corrupta, mal gobernante, huida, pero capaz de reunir en sí misma la posibilidad de un equilibrio. Equilibrio buscado y aparado por el Imperio imperante: EE.UU., el gran perdedor internacional de este macabro hecho (macabro como todos: como cuando Allende, Kennedy, Sadat o Rabin).
Al menos la prensa ahora -en estos días- funcionará con el brío de la historia y no con la inercia de la rutina.

Mención aparte merece la tradición. Ahora recuerdo, con inusitada nitidez el periplo anual a canelillo durante seis años a la playa de Canelillo o el Canelo, la más helada de la historia. Sebastián, Mariano, Camilo, Felipe, Salvatore. Con amigas o sin amigas. Por todo el día o sólo por la tarde. Sin intención de que fuese ritual, simplemente se daba el caso. En años en que el año nuevo aún era una vivencia lejana, esa ida a la apartada playa de la V región fue el broche para un año que se iba… Cuando los años se iban sin más.

7/8/07

Amenazas de bombas

La primera vez que huí de una bomba fue a fines de los ’80. Pero el concepto material de terrorismo-miedo-reivindicaciones políticas aún no cuajaba en mi mente. En aquellos añorables años las variables fanático-islamista o nacionalista-identitaria todavía no aparecían y toda bomba o asesinato acaecido tenía la lógica de la Guerra Fría impregnada en la dinamita o la goma dos (recordar que ETA en su fondo, es un movimiento de izquierda que lucha contra el fascismo).
Ocurrió un sábado de primavera de 1988 a meses o días del trascendental plebiscito del SI y el No, votación que decidiría si Pinochet seguía mandando o se abría la puerta para el advenimiento de la democracia (mis palabras no resumen lo que esto significó y significa para Chile, algún día escribiré algo sobre el 5 de octubre del aquel año)...
Era sábado, recuerdo, porque la escena transcurre en el metro Universidad de Santiago, la estación más cercana del terminal Alameda. Ese día llegaba con mi madre a la capital de la República de Chile a alguna reunión familiar y, como solía ocurrir en esos años, la impuntualidad de mi progenitora se potenciaba con la defectuosa ruta 78 y los destartalados Pullman Bus que unían mi San Antonio con Santiago. En resumen, íbamos muy atrasados...
Pero al comienzo la suerte pareció ayudarnos. Apenas compramos el boleto de metro -yo tenía 6 años y pasaba por debajo del torniquete- la alarma del cierre de puertas comenzó a sonar. Mi madre, con el abultado bolso en la diestra y agarrandome de la mano con la siniestra, bajó rauda por las escaleras y logramos subirnos al vagón por milésimas de segundos. Pero la alarma no dejó de sonar, las puertas seguían abiertas y otros dos rezagados también se subieron al convoy restándole dramatismo al carrerón de mi madre. La gente se impacientaba y yo sacaba cuentas de las paradas que faltaban para llegar a Manuel Montt...
Minutos después el conductor del tren anunció por los alto parlantes que había una amenaza de bomba en la estación Los Héroes y que el servicio del metro quedaba suspendido. La gente se bajó tranquila, más bien molesta por el tiempo perdido. Algunas voces se preguntaban quien sería el autor de tal amenaza: el Frente Patriótico Manuel Rodríguez o el grupo Lautaro. Por que en definitiva fue una amenaza. (Guardando las proporciones el FPMR es a ETA, lo que Lautaro puede ser a GRAPO, es decir más que un par de crímenes y atracos bancarios Lautaro no hizo mucho más y fue desarticulada en breve)
Nos tuvimos que ir en micro, en esas micros pre-pre-pre Transantiago y, como el transito estaba cortado por la Alameda debido a la amenaza de bomba, el autobus dio un rodeo eterno que nos dejó en nuestro destino una hora tarde. Mientras miraba por la ventana el ajetreo, las patrullas de policía con sus sirenas encendidas, la gente corriendo, el chofer de la máquina literalmente se sobó las manos. “Con el metro cerrado, las micros van estar llenitas...”, comentó sonriendo. En efecto la micro en que nos montamos con mi madre estaba repleta, pero alguien le cedió el asiento y yo me fui sentado en su falda.

En definitiva ganó el NO, Pinochet se fue de la Moneda, el Partido Comunista no se alcanzó a subir al carro de la Concertación y su brazo armado no entendió que tras el fin de la Guerra Fría y el retorno de la democracia, el terrorismo ideológico podía ser aparcado. El FPMR se separó y una de sus ramas continuó la “lucha armada” asesinado a balazos al ultraderechista senador de la UDI Jaime Guzmán cuando salía del campus oriente de la Universidad Católica el 1 de abril de 1990. Yo no sabía que significaba ser senador o ser UDI, ni tampoco ultraderechista (la dicotomía en esos tiempos era: Pinochetistas versus no Pinochetistas, Guzmán era de los primeros), pero quedé impactado, tanto así que cuando días después murió el pianista Claudio Arrau pensé que había muerto un “senador”. Nada más importante que ser senador. Cualquier muerte que aparecía en la TV tenía que ser de un senador...
En esos primero años de democracia el FPMR secuestró al hijo del dueño del diario El Mercurio, cometieron varios asaltos y, tras un atraco bancario frustrado, se refugiaron en una casa raptando a una familia durante todo el día. Aquella noche el noticiario nocturno se alargó una hora más esperando el desenlace del rapto -todos los frentistas abatidos por las fuerzas de seguridad, la familia rescatada ilesa- que Canal 13 suspendió la emisión del capítulo de Flash, ese superhéroe que corría rápido y vestía de rojo...
Puede que perpetraran más actos violentos, pero mediaticamente no recuerdo más (salvo, claro está, la gran fuga en helicóptero el 31 de diciembre de 1996 con Mauricio Hernández Norambuena, Ricardo Palma Salamanca, Patricio Ortiz Montenegro, Pablo Muñoz Hoffman colgando en un canasto y todo Chile descorsertado...).

Años después, ya en España
El terrorismo en mi vida da un salto cuantitativo hasta el 12 de diciembre de 2004. Ese día acudí con mi ex cuñado Yago a ver al Real Madrid contra la Real Sociedad al Santiago Bernabeu. Era la primera vez que iba a ese estadio y el partido era malo, así que me preocupé de sacar fotos, ver las gradas, la gente. Transcurría el minuto 77 y el partido iba empatado a uno cuando el cuarto árbitro llamó al juez. El juez llamó a los jugadores y mi ex cuñado me dijo que saliera que algo había pasado o iba a pasar. Otros pocos también comprendieron que algo extraño ocurría. Para cuando anunciaron por los alto parlantes que había una amenaza de bomba de ETA la mitad del público ya había abandonado el estadio en un correcto orden.
Pero claro, eran otro tiempos. Las torres gemelas ya habían caído, el 11-M enlutaba Madrid y España y en Chile se sentía una extraña sensación que la distancia ampararía la calma. Nunca el terrorismo en Chile metió miedo (salvo el terrorismo de Estado), por lo que declaro no estar sensibilizado con el tema. Alguna vez me vi discutiendo con una mujer española sobre ETA y cuando se quedaba sin argumento me soltó: “Tu no sabes lo que es ETA porque tu nunca has vivido el terrorismo”. En rigor, tenía razón y quizás el recuerdo de esa conversación me ha llevado hacer este repaso...
El 7-J estaba en Pamplona viviendo los San Fermines. Fue mediante Gara que me enteré, gracias a las fotos, pues no entendía ni entiendo el vasco; que algo había pasado en Londres. Me fui a un coche a oir que algunos datos más y entre la avalancha de información Radio Nacional de España confirmaba que el gobierno central había subido el nivel de alerta.
Aquello no es menor. Quizás para el resto de los españoles no significase mucho. Pero tras regresar a Madrid después de mi estadía en Navarra verifiqué que el nivel de alarma se hacía tangible y visible con guardias de seguridad armados con rifles y perros en cada tren de cercanías de la capital hispana. Sólo dos veces había visto a un ser humano con una UZI fuera de un recinto militar.
En los tiempos de Pinochet las metralletas abundaban, pero el recuerdo me lleva a un local de Cema Chile (organización de beneficiencia de la esposa de Pinochet) que quedaba al lado de mi casa y el cual estaba resguardado con tres soldados fuertemente armados, a pesar de estar ubicado en un barrio residencial...
(La otra fue en Montevideo, el año 2004, cuando vi a unos guardias bancarios con Uzis y miradas amenazantes).
No es menester decir que el terrorismo logra su objetivo con una facilidad abismante en el primer mundo. No es que asuste, al menos no me asusta del todo que una bomba estalle en Irak o un coche bomba se estrelle en el aeropuerto de Glasgow. Pero logra que el poder establecido reaccione para mantener o salvaguardar el statuo quo. En dictadura las soluciones son rudas y banales: metralleta, tres soldados, desalojo total del metro... En democracia se intentan otros métodos más decentes, pero que igual atentan contra la libertad y la tranquilidad. Invetervenciones telefónicas, impedimentos de llevar shampoo en los aviones, desalojo total del metro (o del aeropuerto). El megaterrorismo mediático inaugurado después del 11-M (antes tambien lo hubo) trae consigo dos consecuencias. Miedo y perdida de libertad. Y en ambos casos el poder, en vez de aplacarlos fortalece esos tristes sentimientos.

15/2/07

Objetividad versus verdad

El mundo se ha reducido a una dicotomía simple y sencilla. Dos versiones de la realidad luchan constantemente para hacerse con el escudo que la palabra VERDAD puede proporcionarles. (En este analisis dejo de lado a los NEOCOM con su política de inventar la realidad)

El siglo XX fue virtuoso en ese paradigma al dividir a la humanidad en capitalistas y comunistas, olvidando que muchos procesos durante los años de la Guerra Fría se escapan a esta bifurcación. El comunismo chino distante de Moscú; o el surgimiento del panislamismo a la sazón del fracaso del nacionalismos árabe, son casos ahora notorios, pero que germinaron en pleno siglo pasado.

Con el sistema binominal que la Constitución de Pinochet nos legó, el mundo político chileno sigue ese patrón de derechas o izquierdas que se impone en la mayoría de los países anglosajones. Pero, al igual que EE.UU., no es el espectro político el que se divide, ni son los votantes los que optan por esta dicotomía, sino que sistema electoral tiende a zanjar cualquier diferencia en dos voces que luchan. (El recurrente ejemplo de que la alianza entre la DC y el PS es sólo una coalición de poder, no deja de mostrarnos hasta que punto Chile no soportaría la aparición de un tercer bloque donde la discusión parlamentaria sea a tres bandas y donde realmente se deba convencer, pactar y negociar).

El periodismo chileno, hijo del anglosajón, también cae en esa bifurcación. La búsqueda incesante de la OBJETIVIDAD (como si fuera algo material que se puede buscar) lleva a los medios a plantear cualquier noticia con dos versiones. La oficial y la extraoficial. La del Gobierno y la oposición.

Parece que se asume que la objetividad es intrínseca al periodismo y que es su don más preciado, pero se deja de lado la verdad, entendiendo que la verdad es una percepción personal de las cosas. Con la verdad como tesoro se corre un riesgo serio de errar y una falta es igual a mentir. Que acusen de mentiroso a un periodista es peor que ser tildado de parcial.

Sin embargo, es un riesgo que hay que correr. Hay que asumir que no basta con dos versiones para quedarnos tranquilos y satisfechos por cumplir el compromiso con la objetividad. En todo orden de cosas no hay dos verdades, no hay dos caras de la moneda. Hay muchas percepciones de la realidad que se trasforman en muchas verdades según quien lo mire y según los intereses de quien lo mire.

El periodismo y el periodista debe analizar cual es su verdad, cuales son los valores que lo llevan a ver el Mundo distinto a otros. El compromiso no debe ser con la objetividad basada en dos versiones, sino con la verdad hija de multiples visiones e intereses del mismo hecho.