Mi visión de Marruecos hubiera sido totalmente distinta si antes de ir a Marrakech hubiera conocido Casablanca.
Plaza Djemma El-Fna, corazón de la Medina de Marrakech.
(-¿Son ustedes de España?
-No, de Chile.
-¡¡¡¡De Chile!!!! Zamorano, Salas, Colo-Colo... Víctor Jara.
-Conoces algo de Chile. Qué bien (sonrisa instantánea de orgullo patrio fuera de contexto) ¿Y a cuánto me dejas esa camiseta y los zapatos?
-300 Dirhams
-¡¡¡300!!!, No po’ amigo. 200 no má. Yo te ofrezco 200.
-¿Qué dice? Esta camiseta es de muy buena tela, es original de Marruecos y los zapatos están hechos a mano. 280 Dirhams “Colo-Colo”.
-No, mucho. 220.
-¿Qué dice? Precio loco “Colo-Colo”, precio loco. 260 y que no se hable más “Colo-Colo”.
-250 Dirhams.
-Uff, precio loco “Colo-Colo”.
-Mejor voy al hotel.
-No, qué dice, amigo “Colo-Colo”. 255 y que no se hable más.
-Hecho)
Hechas las diferencias, la anécdota es la siguiente.
Entras a un bar pides un té a la menta y te atiende un chico de 18 ó 20 años. Entiende el mensaje y te pregunta en árabe algo que, evidentemente no entiendes. Ya llevas 3 días en el reino Alaui y ya sabes el truco, por tanto comienzas las inevitables preguntas ¿Español? ¿Inglés? ¿Francés?. Pero a diferencia de todos los sitios (60% en el idioma de Proust, 30% en el de Shakespeare y sólo 10% en el de Cervantes), esta vez saltó de lo lejos el encargado de la tetería. Un hombre de 40 años, con mirada culta y un cuerpo algo corpulento. “¿Por qué él tiene que saber español? ¿Por qué no sabes tú marroquí mejor?, vociferó en un perfecto castellano y el local reparó rápidamente en nosotros. Perplejo me limité a recuperar los vocablos más chilenos que nunca he olvidado del todo gracias a Redolés y Con$pirazión para decir: “y acaso vo’sa’í shileno weón”...
¿Chileno?, preguntó, luego se rió con sarcasmo e ironía y desapareció detrás de unas telas manteniendo un visaje lleno de desprecio por mí, un supuesto español.
El chico, algo avergonzado por la escena, trajo los tés con una habitual sonrisa.
Aquello, un incidente idiomático con tintes identitarios, sólo me había ocurrido en un lugar. En la bella y majestuosa Barcelona. Para ser más específico en el Fnac de la ciudad condal y también en el aparcamiento del mismo. El link rápidamente apareció en mi mente mientras saboreaba el té a la menta, brebaje al cual me hice asiduo. Casablanca -industrial y cosmopolita y apurada y continente de un espíritu anti-francés y anti-español o, para resumir, anti-colonial- tiene un sutil y fino símil con la Barcelona actual, esa ciudad con la cual cuesta conectar si no hablas en su idioma. (No es que sea filovasco -que sí, algo lo soy-, pero en Euskal Herria, si bien el sentimiento anti-español es tanto o más grande que en Catalunya, la identidad está tan definida que no necesitan refirmarla constantemente al usar su lengua con el extranjero que no la conoce).
No hay que generalizar dicen algunos. No se trata de eso, pero para construir una idea se requieren algunos datos y con eso, quizás, sea parida una teoría y se obtengan las respuestas. Ya me lo habían advertido, pero Casablanca (En la foto se aprecia un costado de la Medina, franqueda con modernos edificios ubicados en la Plaza de las Naciones Unidas) me pareció una ciudad muy Europea (la mayoría de las mujeres en Casablanca no usan pañuelo, por ejemplo), a pesar de querer parecer otra cosa y que sus ciudadanos quieran de su entorno hacer otra cosa. Su distanciamiento con el Marruecos profundo va por ahí y no por asegurar un nacionalismo que triunfa en otros países islámicos, como Egipto, Siria Líbia o Túnez.



