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29/5/08

Hasta luego Madrid

Hace unos días una persona, cuya lengua materna no es el español, me dijo: “El día 14 de junio es la fecha de entrega, es nuestro deadline”. La palabra anglosajona, algo rebuscada sin duda, o quizás exagerada, pues más parece definir una zona militarizada donde un Estado no tiene control sobre un territorio definido, me quedó dando vueltas una o dos tardes hasta que un día, mientras regresaba desde mi trabajo a casa en el tren de cercanías, quizás algo estresado por todas las gestiones que tenía que hacer, observé el perfil de Madrid que los rieles y la velocidad del bólido me permitían ver y mi mente recordó un símil del vocablo antes descrito: Skyline…que es un manoseado barbarismo que arquitectos o urbanistas usan desmedidamente para señalar la silueta que proyecta una urbe.
En efecto, ahí estaba la capital española, con sus cuatro megatorres construidas en la ex ciudad deportiva del Real Madrid sobresaliendo arteramente por sobre otros edificios mucho más pequeños, pero de igual modo reconocibles. O que al menos yo puedo reconocer sin mayor esfuerzo. Y es que también puedo decir, por ejemplo, que debajo de las torres Kio –a un costado de las cuatro grandes- está Plaza Castilla y que ahí puedo coger los autobuses para ir a Alcobendas, a la casa de Esther o José, o que muy cerca de ahí, caminando hacía la estación de Chamartín, vive Noemí, ex compañera de la Universidad, o que una parada, a pocos metros de la mentada Plaza, me deja el autobús que me trae de la multinacional que me dio para vivir estos meses. En ese lugar, no pocas veces, Bea me esperaba a eso de las 18:00 horas cuando salía de trabajar y entre el café o la caña caminábamos por los ardedores del barrio y una de esas veces vimos un cartel que nos instaba a ver la obra 2666 basada en la novela de Roberto Bolaños que daban en Legazpi, pero cuyo precio y extensión (6 horas) terminaron minando la posibilidad de hacerle caso a aquel cartel…
Todo lo anterior ya es pasado. O prólogo. Pues de hecho, aunque debería haber escrito estás líneas hace días, me veo en la habitación de Javi en Dublín escribiendo sentimientos que ayer afloraban por todos los rincones que pisaba, con una sensación de ultimátum. En octubre pasaré unos días por Madrid, en el futuro seguramente volveré, pero dudo que vuelva a pernoctar tanto tiempo en la antigua capital imperial.


Irse
Marcharse de una ciudad es un ejercicio poco habitual. Sin embargo, he dejado ya tres ciudades a lo largo de mis 26 años de vida y se me antoja triste otra vez, sí, huelga decirlo, pero ¿Por qué me voy si más que mal me ubico en Madrid, conozco gente, me sé los recorridos de los autobuses, soy habitual del bar de mi barrio y tengo un trabajo estable?
Cuando llegué sabía que no me quedaría mucho tiempo, lo intuía. Y ahora que miro para atrás compruebo, desde la óptica de los ciclos, que ha pasado ya un año y medio y que las caras que dejé en Chile ya no serán las mismas y que yo ya no lo soy. Y muchos de los ropajes de esos cambios que quizás experimenté se quedaron en las calles de Madrid, en mi habitación del piso que compartía, en el tren de cercanías que me llevaba a casa, en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, en el bus 133, en las muchas ciudades que conocí en España, en las conversaciones que sostuve, en las nacionalidades con las que me tocó compartir y aprender (española, vasca, catalana, ecuatoriana, paraguaya, uruguaya, argentina, rusa, alemana, belga, francesa, portuguesa, mexicana, indonesia, senegalesa, guatemalteca, brasileña, italiana, colombiana, venezolana, peruana, inglesa, irlandesa, marroquí, saharaui…). Pero sobretodo en las despedidas en Avenida América o en la T4 de Barajas, que en definitiva son las que han marcado éste nuevo rumbo…


Cosas y cambios
Dejo amigos, dejo con ellos anécdotas. El concepto amigo se ensancha en una ciudad como Madrid, se engloba en latitudes más profundas y más dúctiles que en Chile, donde los amigos son los amigos y cuesta gestionar otros cariños después de que ya conociste a los amigos, esos de toda la vida.
Aprendí, además, muchas cosas en Madrid. Por ejemplo, un día domingo de abril de 2007 a las 9 de la mañana, al abandonar el portal de un piso perdido del barrio de Las Letras cerca de Atocha, y mientras me levantaba las solapas de mi chaqueta para protegerme del frío primaveral que se negaba a ir de la ciudad, comprendí lo que es la soledad con mayúscula, lo que es no tener que avisarle a nada a nadie, lo que es ser un ente solitario. Esto es tal vez lo que realmente deberíamos asumir antes de encontrar el verdadero valor de la soñada compañía, es que elegimos.
Aprendí también cosas más banales: cocinar algunas cosas, planchar mal, comprar en el supermercado, gestionar emociones, mirar la lluvia. Hice un postgrado de Comunicación y Conflictos Armados, trabajé en un departamento de marketing, me relacioné con decenas de gerentes de cines, trabajé en un bar dentro de un gimnasio, hice de promotor de jabones, visité más de lo aconsejable los pasillos del Hospital Princesa.
Será imposible determinar ahora, hoy, el peso que estos 18 meses en Madrid tienen en mi vida actual. Aún el viaje continúa, aunque ahora mi destino y mi presente sea Dublín, cuyas primeras apreciaciones las escribiré próximamente.
Sin lugar a dudas aún estoy anestesiado por el cambio.
Zanjar el porqué de mi partida sin recurrir al afán de viajar, de aprender, al leve hastío de algunos recovecos, es realmente difícil. Me fui de Madrid porque ya viví en Madrid.

15/3/08

Apenas tres días, humildes observaciones de... (Paris 2)

Sólo fueron tres días, pero me dejé envolver por París. Es fácil dejarse envolver por París. Ciudad de ciudades, la única digna de Roma (según los parisinos y los romanos), cornisa de las artes y el espectáculo, locación perfecta para amar y ser amado.
Vi Paris y la sensación de que pocas cosas más podrán sorprenderme en el Occidente primario (Europa), se acrecentaba a medida que me perdía por calles con un orden arquitectónico perfecto y armonioso. Todo tenía “una pureza que hería los ojos”, como Albert Camus señaló en su libro “El Extranjero“, aunque él franco argelino se refería a una celda… Y es que llegado a cierto punto donde gires la cabeza verás un espasmo de diferencia. Un retoque distintivo que genera una leve entropía, incluso cansadora.
(Asumo que aún no vislumbro la vanguardia económica y/o militar que nos aflige -o nos cobija- que es EE.UU. y sus ciudades emblemáticas. Además lo anteriormente escrito exime a las dos grandes urbes que me quitan el sueño: Moscú y Estambul, por lo que expectación no concluye después de la ciudad de la luz).
París, además, tiene variadas esquinas que exudan remanentes históricos de eventos cercanos y que nos afectan más de lo que podríamos suponer. Aplicando la lógica histórica que me enseño Jorge Abarca, mi profesor de Historia y Geografía en séptimo básico, el resumen es el siguiente: La Ilustración renueva ideas político-estatales, la burguesía remueve el mapa de la riqueza, las ideas de la Ilustración cuajan en las 13 colonias inglesas en América y se forma la primera Nación-Estado de la humanidad, la influencia de ese nuevo Estado solivianta a la nueva clase de abogados y comerciantes de una Francia mal reinada y en quiebra, estalla la revolución, los reinos europeos entran en guerra con Francia que cae en una espiral de anarquía y guillotina, un joven General pone orden y crea un Imperio. El General domina Europa, se llama Napoleón, pero Inglaterra sigue guerreando y éste no puede invadirla, la única solución es un bloqueo comercial. Como toda Europa le pertenece no tiene problemas en decretarlo, pero un pequeño reino se resiste y sigue comerciando con Inglaterra. Es Portugal. Napoleón decide invadir Lusitania, pero para ello debe entrar por España y si bien sólo pasaría por el valle del Ebro, acaba instalando a su hermano en el poder y encarcela al Rey Fernando VII. Las colonias hispanas en América no saben que hacer, la Metrópolis esta en manos del enemigo… Se realizan las primeras Juntas de Gobierno en nombre del Rey cautivo, al que apodan el “Deseado”, el “Bienamado”. Algunos creen que es la oportunidad de crear nuevos reinos independientes en los virreinatos y capitanías generales del decadente Reino de España. Otros, los más osados, creen que es la oportunidad de crear Estados democráticos.
En fin…
Todo lo anterior trascurre en 40 años, en diversos puntos del globo, pero con un eje principal: París, donde se germinan las ideas de la Ilustración, donde se gesta la revolución y donde Napoleón dirigió su magno Imperio. Ver la Plaza de la Concorde, donde la cabeza de la reina Maria Antonieta, Robespierre y otros volaron por los aires, entusiasma. Ver la tumba de Napoleón conmueve. Subir el Arco del Triunfo y observar las batallas ganadas y perdidas por los franceses sobrecoge.
Y caminando por los Campos de Marte (Champs de Mars), viendo como se agigantaba la torre Eiffel y cogía todo el esplendor que las fotografías lamentablemente nunca captarán, recordé una instantánea que vi de pequeño en un antiguo libro de historia editado, paradójicamente, por Larousse: La mayoría de los jerarcas nazis, con Hitler a la cabeza, caminaban victoriosos por esa misma explanada, con la misma torre a sus espaldas, días después de que el Tercer Reich tomase la ciudad y Petain fuese designado Primer Ministro de la Francia de Vichy… Eso fue hace 68 años. Casi nada.


¿Qué hice?
Caminé al borde del Sena envidiando a los que viven en las barcazas que colman las aguas del famoso río y tienen a la Isle de France a sus espaldas.
Vi palomas comerse un pedazo de tomate sobrevolando el Jardín de las Tuileries.
Me tomé un café que costó 3,80 euros en el frontis de la Catedral de Notre-Dame mientras las amenazadoras gárgolas me miraban.
Le pedí a una pareja de turistas ucranianos que nos sacara una foto a Bea y a mí a un costado del museo de Louvre.
No entré al Museo del Louvre por falta de tiempo.
Fui expresamente al cementerio de Perè Lachaise para ver la escondida cripta de Jim Morrison (tercera foto) y la besuqueada tumba de Oscar Wilde (segunda foto).

Vi a la dependienta de una tienda gozar por la repentina visita de sus amigas que le conminaban a partir ya del trabajo porque ya era viernes por la tarde.
Subí hasta la segunda planta de la Torre Eiffel y me sorprendí de la agradable parafernalia con que se decora ese espacio (micro cine, cafetería, una réplica de la Torre hecha de hielo).
Me perdí por el distrito 4º y llegué sin querer a la Embajada de Chile, adornada con una placa referida a los años que Pablo Neruda ejerció como embajador en Francia.
Oí a vagabundos parisinos declamar en verlan colgados a una botella de vino en la línea uno del metro.
Me llamó Antonio para quedar en Madrid y le dije que no podía esa noche, pues me estaba comiendo una pizza en París.
Visité una feria libre donde se vendía de todo y se podía observar todo tipo de parisinos.
Compré postales, no compré pins, dormí en una habitación que olía a tabaco en un hotel que tenía dañado el elevador y era regentado por una familia libanesa.
Pagué sólo la mitad de la entrada para ingresar al Arco del Triunfo, pues aún soy menor de 25 años, y saqué mil fotos de la ciudad, porque la gracia de París, una urbe francesa y de parisinos, no es lo que tiene y la adorna, y quizás la haga famosa, sino lo que sus ciudadanos hacen de ella y con ella.

6/3/08

Las FARC en París (París 1)

Nunca pensé que iría a París en este periplo por Europa.
No era prioridad.
De hecho aún no voy e incluso temo que mañana por la mañana, a eso de las 7:30, cuando esté apurado haciendo el check-in en Barajas, un policía de esos jóvenes con corte regular militar, avisará a todos los ansiosos pasajeros que el nivel de seguridad en el Reino de España ha aumentado debido a una extraña amenaza de bomba en un lugar indeterminado de Madrid; que todos los vuelos internacionales están retrasados; que por ordenes del ministerio del Interior no se puede llevar ningún liquido a bordo, ni siquiera los 125 ml permitidos… El champú, el desodorante, las pastas de dientes van a parar a un gran receptáculo instalado improvisadamente en la sección de policía internacional, apartado que ha sido reforzado con dos policías con sendas metralletas…
En España las elecciones son este domingo y algunos medios (Telecinco) se han encargado de despachar notas referentes al despliegue de efectivos militares de elite por las inmediaciones de centrales nucleares, del AVE, de aeropuertos… Nadie, obviamente, quiere otro 11-M. Y yo viajo a París.
Y sí, nunca fue del todo prioridad. Tenían preeminencia sitios con un contenido histórico inmediato, como la EX–Y o Dublín, y ahora son otros los lugares que me quitan el sueño (Estambul y Berlín. En esta ciudad tengo que detenerme para lamentar la imposibilidad de acompañar a Javi y Antonio a la ex capital del Tercer Reich en junio. No es sólo un tema monetario, sino de tiempo…)
Voy, además, acompañado con Bea, lo que le otorga un morbo especial, dado que para occidente el supuesto indica que la ciudad de la luz es también la ciudad del amor.

En fin…
No era prioridad y la selección de la misma fue fortuita. Ella quería Londres, pero surgió París como oferta más barata en una página web y nos decantamos sin pensarlo mucho por la ciudad donde reposan los restos de Cortázar, Morrison y también, no sé por qué, de Porfirio Díaz. Iremos sólo por tres días, no los suficientes, claro está, pero al menos podremos hacernos una idea preliminar de lo que se cuece en la cornisa cultural del ethos occidental. Y además visitar la torre Eiffel, el cementerio de Montparnasse, la Bastilla, el Arco del Triunfo, los Campos Eliseos, la estación de metro Tulleries, los 13 puentes del Sena…
(Confirmo, con lo anteriormente señalado, que la mayoría de las decisiones humanas, de ahora en más, se tomarán haciendo un click al frente de un ordenador y bajo la férrea amenaza de links que nos dicen oferta, free, promoción o sale).


París es, además, la ciudad del sobrexpuesto Nicolas Sarkozy, que cuando se emborrachó con Putin cayó bien, que cuando dijo que liberaría a Betancourt sorprendió, que cuando se casó con Bruni hastió y que cuando decidió venderle submarinos nucleares a Brasil me tranquilizó: Sarkozy es francés y por más que juegue la basa amistosa con Washington, en política internacional él y Francia hacen lo que quieren y eso, en la era imperial que nos aflige, siempre será bienvenido. Además Brasil, que quiere ser BRASIL, es algo así como un aliado histórico de Chile. Uno. De pocos.

Y es que claro, y disculpen el repentino salto, pero el “barrio” latinoamericano se revuelve. Colombia viola el espacio aéreo ecuatoriano y da muerte a René Reyes, vocero internacional de las FARC y con él cual Francia, según declaraciones de su ministro de RR.EE. Bernard Kouchner, estaba negociando para que la ex candidata Ingrid Betancourt fuese liberada. Venezuela, o Chávez, se altera, pues le puede ocurrir a él –Caracas ampara a miembros de las FARC en su territorio-, Correa también decide actuar airadamente, pues es a él al que han birlado y lo hace rompiendo relaciones. Ya lo había hecho Venezuela y hoy también lo hizo Nicaragua.

¿Crísis diplomática?

Chile condena el actuar de Uribe, amo y señor de una Colombia unida tras su líder político, y le presta ropa a Ecuador, pues es ese el país que nos puede ayudar para que la intentona pacífica de Perú de quedarse con parte de un mar chileno, mediante un dictamen de la La Haya, no llegue a buen puerto. O no llegue a puerto directamente, lo que sería mejor, pues nos ahorramos malos ratos y dinero. Eso para el ciudadano común y corriente, como yo, pues para el poder político concertacionista, ariete de una elite nacionalista, pero neoliberal; el llevarse mal con los vecinos es parte de una identidad aún en proceso de maduración, pues eso, una reyerta limítrofe nos confirma que somos “supuestamente diferentes”.
Es grave lo de Colombia. Turquía lo hace, Turquía, un país de dimensiones históricas y políticas admirables, ha re-violado en estos días el espacio aéreo de Irak persiguiendo la guerrilla kurda. Pero el contexto asiático o euroasiático no es el mismo que el de Sudamérica, donde nunca en el siglo XX un país había violado la territorialidad de otro. No ocurrió el ’78 entre Argentina y Chile y no ocurrió en la llamada Guerra de la Cordillera del Cóndor, entre Perú y Ecuador en el verano de 1995, conflicto que llenó de tensión el ambiente, pero que años después demostró que las circunstancias sí eran peligrosas. En esa ocasión la guerra estaba ad portas.
¿Lo está ahora?
No, pero la crisis diplomática, a tres bandas –Ecuador, Colombia y la incansable Venezuela de Chávez-, no tiene parangón en América del Sur.
Y todo esto mientras un chileno es el Secretario General de la OEA.

26/2/08

Un respeto para Serbia

Hoy, en minutos más, se realizará el debate presidencial entre José Luís Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy Brey. Se suponía que lo vería con Edu, en su casa, trabándonos en un debate sobre el debate, a la par de un Cuba Libre (¿?), pero el repentino paro de los chóferes de autobuses en Madrid minó tal posibilidad y acá estoy… escribiendo una nueva idea desde el sofá de mi casa, esperando el mentado debate para verificar si el enfrentamiento dialéctico entre dos políticos españoles de escaso nivel podrá aportar una luz certera y cegadora de quien formará Gobierno en España el próximo cuartenio; algo improbable de saber en los tiempos actuales, donde los gestos están demasiado medidos, comedidos, pensados, extraviando la inteligencia emocional.
Sin embargo, y como suele ocurrir en este BLOG, no hablaré sobre el tema con el cual abro.
Ha pasado una semana ya desde que Kosovo declaró su independencia unilateral y, ya sea por la renuncia de Castro o por otra novedad mundial, la noticia se desinfló el martes, tomo aire nuevamente con el incendio de la embajada de Estados Unidos en Belgrado y ha vuelto a apagarse…
UNA CONTRADICCIÓN
El resquemor y el odio está ahí. En los verdes bosques de Serbia, en las calles de Beograd, ciudad que tuve la suerte de conocer y que reúne entre sus adoquines y derruidos edificios templos para variados dioses; símbolo de una tolerancia que, por ejemplo acá en España, por diversas ramificaciones de la historia, se suprimió por el 1500 de nuestra era por orden y gracia de la Santa Inquisición.
Quizás los pocos que lean este BLOG encontrarán una gran contradicción en este escrito, comparado con otros o con otras posturas que antes he plasmado. Sí, debe resultar extraño que aplauda la identidad y ahora me declaré totalmente filo-serbio en este juego diplomático que ha surgido desde la llamada Trampa Balcánica.
Continuo apelando a la identidad como manera de evitar el arrollo de la globalización.
Pero no hoy, febrero del 2008.
Hoy no es la víctima Kosovo y su declaración unilateral de independencia no me produce ningún regocijo.
Tampoco lo es Serbia, pero ningún país surgido tras la caída del muro ha tenido un trato tan amargo como el que Europa (y EE.UU.) le ha brindado a la patria de Milroad Pavic. Es reconocible que la imagen de Milosevic minó la posibilidad de que Serbia sea vista con otros ojos, pero vale subrayar que la prepotencia, el nacionalismo y las limpiezas éticas no sólo fueron perpetradas por ortodoxos: croatas no sólo mataron inocentes bosnio y serbios, sino que dejaron que aldeas de mayoría croata fueran arrasadas para conmover a la opinión publica, como ocurrió en la ofensiva del Ejercito Federal Yugoslavo en la zona de Eslavonia en 1991. Franco Tujman, el líder croata intimo amigo de Andrónico Luksic, contó siempre con la veía de Alemania -histórico aliado de los croatas- y del Vaticano. Murió antes de que La Haya se percatara de que la limpieza étnica en la EX-Y era una política de Estado -o de aspirantes de estados- y que tirase la bengala de la justicia supranacional. Justicia que llevó al banquillo a Milosevic.
Bosnia tres cuartos de lo mismo. Alija Inztbegovic, líder musulmán de la mayoría musulmana de Bosnia también jugó la baza del victimismo mientras los muyahidines se contaban por montones en las orillas del Drina arrasando si piedad a las pandillas y grupo paramilitares de la República de Sparksa, como las Avispas Amarillas o los Tigres de Arkan, grupillos de la pero calaña. Eso que no se dude.
En fin…
Los bombardeos de marzo de 1999 le dieron a Serbia el rótulo de enemigo de occidente. La patente aún le pesa. Europa desprecia a Serbia y estos se encierran en un nacionalismo cada vez más peligroso. Artículos de periodistas europeos, como el de Ramón Lobo en El País del día 18 de febrero, nada ayudan cuando estos se burlan del misticismo que el nacionalismo serbio le otorga a la derrota que el príncipe Lazard sufrió en los Campos de Mirlos en 1289 a manos de los jenízaros otomanos. Esa derrota, en el actual territorio kosovar, encierra el espíritu nacional de una patria eslava, pero ortodoxa. Similar situación molestaría a muchos si se declarase independiente la comuna de Maipú con Templo Votivo y todo… O Despeñaperros. O Navas de Toloza…
Y Lobo tacha ese espíritu de infantil



MI EXPERIENCIA
En julio de 2005 fui a Serbia con un grupo de españoles. La ciudad aún tenía huellas de los bombardeos que la OTAN lanzó el ‘99. Edificios a medio caer, chimeneas de industrias destruidas del todo y afiches con la cara de Milosevic adornando algunas ventanas.
Era verano, hacía calor y nos perdimos por las calles de la ciudad sin rumbo fijo. Me retrasé un poco del grupo y me metí en una perdida librería en un barrio cercano al río Drina. Lo llevaba un hombre algo mayor, de 65 ó 70 años que apenas me miró cuando entré. El ambiente era encantador aún cuando todos los textos estaban en serbios y por tanto impresos con el alfabeto cirílico, (pude detectar, eso si, una colección de Bukovsky en un escaparate bien posicionado foto). Había olor a té, un gato gris detrás de un ventilador y montones de libros que dejaban el espacio vital del señor reducido a una escueta silla.
Decidí, apenas entré, que algo me llevaría de ese lugar, mi souvenir personal y no convencional. La oferta se reducía debido al idioma, pero sin mucho esfuerzo di con un mapa de Kosovo, impreso por serbios, con evidentes tintes propagandísticos que acusaban a los kosovares de perpetrar una limpieza étnica durante siglos sin que nadie le importara demasiado. El precio estaba situado en una etiqueta: 35 dinares. Le pagué con un billete de 50 y una voz lejana me conminó a apurar el paso, el resto de expedición ya llevaba varias manzanas recorridas…
“Is ok” exclamé y me aventuré a salir del local con mi mapa, pero sin el vuelto. “No” dijo el hombre secamente, y si bien no podría interpretar los pensamientos del aquel librero, que seguramente nunca más veré, que quizás ya murió, que por sus azules ojos vieron historias, revueltas, guerras, muertes y odios que yo nunca vislumbraré; puedo asegurar que su dignidad estaba en juego. Se paró y con movimientos lentos y poco ágiles abrió la vetusta caja registradora y me alcanzó el dinero sobrante. Todo con un desplante lleno amabilidad, con una lentitud nada exasperante: podría haber contemplado esa escena durante minutos y no me hubiera aburrido. El serbio me miró, sonrió, me dijo algo en su lengua. Luego me agitó la mano… Desde ese instante Serbia se caló en mi corazón de elemental viajero.

19/2/08

Casablanca, la Barcelona del Magreb (Marruecos 2)

El orden de las ciudades que visitarás en un país que estás a punto de conocer, orden que generalmente se efectúa días antes del viaje, en la comodidad de tu casa y guía en mano -o quizás ya a bordo del vuelo low cost que te llevará a destino, mientras las azafatas te ofrecen esas mini Coca Colas de 125 ml a un euro y todo está matizado por las ansias de llegar y la incomodidad de los criminales asientos de aquellas líneas aéreas de bajo costo, llámese Ryanair, llámese EasyJet, que uno las putea ya antes de subir, pero que si no fuera por ellas, al menos yo, no hubiera conocido ni un ápice de las europas-, puede ser del tipo trascendental y trasformar la visión que se coja de un país o nación o terruño.
Mi visión de Marruecos hubiera sido totalmente distinta si antes de ir a Marrakech hubiera conocido Casablanca.



Plaza Djemma El-Fna, corazón de la Medina de Marrakech.


Pero si bien aterricé en Casablanca me fui rápidamente en tren hasta Marrakech donde me extasié admirando otra forma de “hacer” la vida, pero donde lamentablemente el dinero es un bien demasiado preciado, más aún cuando en las apariencias pareces occidental, lo que es sinónimo de euros. Sin embargo, el sabor es embriagador. Positivo. El trato es afable, las miradas inquisidoras y lascivas de muchos pierden fuelle cuando recuerdas el ambiente, la noche, las sonrisas de gente con la cual nunca pensaste entablar un nexo y que de pronto nunca más olvidarás.
(-¿Son ustedes de España?
-No, de Chile.
-¡¡¡¡De Chile!!!! Zamorano, Salas, Colo-Colo... Víctor Jara.
-Conoces algo de Chile. Qué bien (sonrisa instantánea de orgullo patrio fuera de contexto) ¿Y a cuánto me dejas esa camiseta y los zapatos?
-300 Dirhams
-¡¡¡300!!!, No po’ amigo. 200 no má. Yo te ofrezco 200.
-¿Qué dice? Esta camiseta es de muy buena tela, es original de Marruecos y los zapatos están hechos a mano. 280 Dirhams “Colo-Colo”.
-No, mucho. 220.
-¿Qué dice? Precio loco “Colo-Colo”, precio loco. 260 y que no se hable más “Colo-Colo”.
-250 Dirhams.
-Uff, precio loco “Colo-Colo”.
-Mejor voy al hotel.
-No, qué dice, amigo “Colo-Colo”. 255 y que no se hable más.
-Hecho)

Pero no es mi intensión describir en este artículo ambas ciudades o Marruecos en general. Quiero graficar ciertas diferencias. Una, Marrakech, es turística, afrancesada, moderna (con Zara y Penélope Cruz abriendo la Av. Mohamed V), antigua, identitaria, tradicional, caótica, hermosa. En resumen te quiere mostrar algo y no se avergüenza de nada. La otra, Casablanca, es un puerto -por tanto más liberal, como ya he señalado en este Blog en un artículo anterior- sucia, con olor a orines madrugadores (o como diría Bea olor a Valparaíso), cosmopolita, grandiosa, oscura, industrial. Vanguardia organizada del espíritu marroquí junto a Rabat, la capital.

Hechas las diferencias, la anécdota es la siguiente.
Entras a un bar pides un té a la menta y te atiende un chico de 18 ó 20 años. Entiende el mensaje y te pregunta en árabe algo que, evidentemente no entiendes. Ya llevas 3 días en el reino Alaui y ya sabes el truco, por tanto comienzas las inevitables preguntas ¿Español? ¿Inglés? ¿Francés?. Pero a diferencia de todos los sitios (60% en el idioma de Proust, 30% en el de Shakespeare y sólo 10% en el de Cervantes), esta vez saltó de lo lejos el encargado de la tetería. Un hombre de 40 años, con mirada culta y un cuerpo algo corpulento. “¿Por qué él tiene que saber español? ¿Por qué no sabes tú marroquí mejor?, vociferó en un perfecto castellano y el local reparó rápidamente en nosotros. Perplejo me limité a recuperar los vocablos más chilenos que nunca he olvidado del todo gracias a Redolés y Con$pirazión para decir: “y acaso vo’sa’í shileno weón”...
¿Chileno?, preguntó, luego se rió con sarcasmo e ironía y desapareció detrás de unas telas manteniendo un visaje lleno de desprecio por mí, un supuesto español.
El chico, algo avergonzado por la escena, trajo los tés con una habitual sonrisa.
Aquello, un incidente idiomático con tintes identitarios, sólo me había ocurrido en un lugar. En la bella y majestuosa Barcelona. Para ser más específico en el Fnac de la ciudad condal y también en el aparcamiento del mismo. El link rápidamente apareció en mi mente mientras saboreaba el té a la menta, brebaje al cual me hice asiduo. Casablanca -industrial y cosmopolita y apurada y continente de un espíritu anti-francés y anti-español o, para resumir, anti-colonial- tiene un sutil y fino símil con la Barcelona actual, esa ciudad con la cual cuesta conectar si no hablas en su idioma. (No es que sea filovasco -que sí, algo lo soy-, pero en Euskal Herria, si bien el sentimiento anti-español es tanto o más grande que en Catalunya, la identidad está tan definida que no necesitan refirmarla constantemente al usar su lengua con el extranjero que no la conoce).
No hay que generalizar dicen algunos. No se trata de eso, pero para construir una idea se requieren algunos datos y con eso, quizás, sea parida una teoría y se obtengan las respuestas. Ya me lo habían advertido, pero Casablanca (En la foto se aprecia un costado de la Medina, franqueda con modernos edificios ubicados en la Plaza de las Naciones Unidas) me pareció una ciudad muy Europea (la mayoría de las mujeres en Casablanca no usan pañuelo, por ejemplo), a pesar de querer parecer otra cosa y que sus ciudadanos quieran de su entorno hacer otra cosa. Su distanciamiento con el Marruecos profundo va por ahí y no por asegurar un nacionalismo que triunfa en otros países islámicos, como Egipto, Siria Líbia o Túnez.
Y tampoco por ser la cuna de radicales que perpetran atentados casi todos los años, no sólo el 2003.

13/2/08

Tricontinental...(Marruecos 1)

El mito dice que Chile es un país tricontinental.
Eso nos hacían creer algunos profesores de básica, eso se repetía solapadamente en la televisión y, bajo ese paradígma, la Armada chilena aspiraba a tener juridición en un extenso territorio marítimo que, en forma triangular, abarcaba desde Arica a Punta Arenas para llegar a la Isla de Pascua, último vértice de una fabulosa figura geométrica que aparecía proyectada en las mentes de algunos valientes Almirantes de principios de los '90, cuyo tufillo aún apestaba a los '80.
Chile= América del Sur.
Isla de Pascua= Oceanía.
La Antartida= pues eso... La Antartida.
Asumir que en rigor los kilometros cuadrados de Chile no son los 2 millones que aparecen en los Atlas impresos por el Instituto Geográfico Militar, esos que colman las biblotecas de los colegios, sino que son algo así como 750.000 -dato que reiterativo una vez zarpado de Pudahuel- fue un proceso duro, pero revelador. La Antartida nunca fue chilena y la leve soberanía de ese extenso territorio se sostiene con alfileres. La Gran Bretaña, con maneras tíbias y reservadas, porque venir al fin del mundo a demandar terruños aún trae recuerdos imperiales, reindicó hace poca la peninsula antartica -supuestamente chilena, supuestamente argentina- y de momento lo único que logró es que las diplomacias a ambos lados de la cordillera actuaran coordinadas.
En fin... el asunto no es ese. El tema es que en horas viajaré a Marruecos y podré decir con propiedad que he visitado tres continentes.
El concepto tricontinental se me vino a la cabeza y con el, de la mano, el recuerdo de aquellas “ideas fuerzas” que siempre nos repitieron. Uno no sabe de donde lo aprendiste, pero ahí están, dando vuelta en tu subconsiente y por eso me fue imposible separar una historia de otra: Tricontinental y Marruecos.
Y por lo mismo hago ese ejercío que antes efectué antes de ir a Suecia o Irlanda. Buscar cual es la imagen de Marruecos que daba vuelta en mi cabeza hace 10 ó 5 años. Una imagen matizada por el concepto de “frontera”.



El Reino Alaui en horas
El choque cultural está garantizado.
Si, es cierto. No hay duda, pero ese choque es permanente y reiterativo en los trenes de Madrid, donde conviven todas las nacionalidades inmigrantes en la España de este siglo (no me sorpenderé, creo, al ver a las mujeres con la cabeza cubierta).
Además, Casablanca y Marrakech, las ciudades que visitaré, son dos urbes enormemente turísticas. No como podría ser el caso de la escondida Agadir, última enclave antes de pasar al Sahara Occidental, Nación sin Estado, con poca prensa, pero con muchos adehrentes en el País Vasco...
No como podrían ser los barrios de los alrredores de Casablanca, los cuales hay que visitar con tino y coche alquilado y donde se cuece gran parte del movimiento integrista del Magreb no siempre vinculado a Al-Quaeda.
En Marruecos, al igual que cuando me adentré en la Ex-Yugoslavia, el éxtasis viene dado por la historia y no tanto por la cultura.
Un dato no menor. Mañana, después de 18 años, volveré a estar en un Estado dictatorial. Dictatorial a maneras occidentales claro está.
Pero luego de 16 meses viviendo en la “progre” España de Zapatero donde todo es posible, para bien o para mal (aunque las secretas ilusiones aún estan pendientes, porque más que mal España es una monarquía de aquellas) moverme bajo la férula de un estado policiaco tendrá, supongo, un morbo especial.
Y es que no es la posibilidad que te estalle una bomba islamista en Casablanca como ocurríó en el 2003, ni tampoco que te disparen una bala perdida como en la película Babel (el primer dato tristemente real, el segundo un tópico).
Tampoco es la visita, por primera vez en mi vida, a una Nación Islámica, donde todo tiene un cariz sagrado y legal y violar aquellas lógicas puede tener un costo.
No.
Lo que me trastorna a horas de viajar al Reino Alaui es observar ese límite impuesto por el desarrollo de dos maneras, igualitarias hace 500 años, pero enormemente diferentes en el ahora. Ninguna mejor o peor que otra. Ninguna con la salvación eterna asegurada. Pero es entre Ceuta y Gilbraltar donde se teje la esperanza de algunos y el desprecio y el miedo de otros.
Viajo a Marruecos a desconectar de la rutina.
Viajo a Marruecos para buscar más herramientas para comprender.

5/2/08

Tradición contra Modernidad

Es el Guggenheim la atracción máxima de Bilbao. Al menos eso dicen los entendidos en viajes y arquitectura urbana, mientras que otros muchos subrayan que el museo en cuestión le aportó cierto dinamismo turístico a la alicaída capital de Vizcaya. Con el museo y el ornamento de la riada bilbaina la ciudad mutó positivamente al parecer, esto a luces de la afluencia de viajeros extranjeros que han posibilitado que Bilbao deje el lastre de toda ciudad manufacturera que se erigió como tal con la segunda revolución industrial (fines del XIX principios del XX), es decir, con desorden, con fealdad, con la prepotencia del progreso mal implementado por la premura del miedo, del miedo que el progreso pase por fuera y nos deje varados en la inopia modernista
Cuando el sábado pasado vi el inmueble no me sorprendió del todo. Inaugurado en 1997, con polémica de por medio debido al alto presupuesto que la obra chupó de las arcas vascas destinadas al apartado de “cultura”, su estructura de titanio copulaba perfectamente con el puente de Santiago Calatrava y con las esculturas en la ribera del río. Sin embargo, yo ya estaba obnubilado por los verdes montes que ensombrecían la cañada y los puentes y posibilitan que, si se miraba al poniente, se vieran las casas de piedra caliza de los montes, y si se miraba al levante le titanio emergiera con sus alaridos de modernidad que a veces perturban otras te seducen, pero casi nunca te dejan indiferente.

Puppy

No había ni tiempo ni euros para entrar a la pinacoteca, por lo que la foto en el frontis del Guggenheim iba a ser el mayor pedazo que podía rescatar de esa obra de arte en si, continente de muchas otras...Pero había más... Había que sacarse también una foto más, esas que nunca están de más, pero que en rigor a nadie le interesan. “Puppy” lo llaman y es un perro gigante hecho de flores que defiende la entrada del museo. En efecto estaba lleno de turistas sacándose una instantánea con el adefesio aquel; ese sábado, en su mayoría, japoneses...


Presos

Pero ahí, ahí fue cuando la artificial modernidad se diluyó. Frente a “Puppy” había una manifestación -lo que no es novedad en Euskal Herria- de padres y madres de etarras presos en las cárceles españolas. Mujeres y hombres de 60, 70 o incluso 80 años que, con una dignidad enorme y con bastante frío, denunciaban las políticas carcelarias del PSOE y el PP que consisten en repartir a los etarras presos por varias cárceles de la geografía hispana ¿Es correcto? No me queda del todo claro y más parece que una carta en si, una opción siempre fácil de darle un caramelo a los asesinos cuando estos titubeen con la paz. Lo hizo Aznar, seguramente lo iba hacer ZP y quizás lo haga si salé elegido otra vez y en rigor los beneficios para el Estado español se me antojan cortos y banales ante la cara de esos padres que nada tiene que ver con la osadía y la estupidez de sus retoños, pero que sufren como víctimas más de una dinámica que no va a parar por más legalizaciones, negociaciones y de mases.No dudo que ser víctima o familiar de una víctima del terrorismo etarra debe ser terrible, pero cuesta empatizar con organizaciones atenazadas por visiones políticas. Yo tampoco tengo nada que ve con el hombre que me entregó un panfleto con información referida a los presos, ni con las madres que aguardaban la lluvia matinal de ese sábado, pues son pocas las cosas que pueden esperar. Pero esa mañana en Bilbao agradecí ver esa expresión de rutina -tradición- de un puñado de hombres y mujeres fuera de foco, off-side, que gastan su jubilación en trenes y autobuses para ver a sus hijos, la mayoría, quizás, bien encarcelados...
“Puppy” me pareció un experimento vació de una ciudad pretenciosa. La inofensiva manifestación me mostró, una vez más, que para ser universal no es vital exportar eventos de otras culturas, sino mantener lo propio siempre arriba, siempre en alza. Sumando y restando Bilbao me pareció hermosa, completa, entregada y, en resumen, el País Vasco es la región de la península ibérica más adorable geográficamente. Y la más intrigante.

17/9/07

Una bomba fallida condiciona mi andar

-¿Señor me permite...? ¡¡¡ Señor!!!
-...
-Alto, Policía Nacional de España. ¿Tiene usted como identificarse?

Por mi trabajo en la multinacional de los dientes he tenido que viajar a Zaragoza -capital de la Comunidad Autónoma de Aragón- y a Calahorra, pueblo ubicado cerca de la primera ciudad (a hora y media en autobús), pero perteneciente a la Comunidad Autónoma de La Rioja, cuenca vinícola de la península española.
Mi intención primaria era pasar una noche en Zaragoza –CesarAgusta para los Romanos- y visitar la Virgen del Pilar o perderme por el casco antiguo de la ciudad que se engalana para recibir la Expo Mundial el próximo año. En resumen una de las principales urbes del Reino de España. Pero la capacidad hotelera de la ciudad del Ebro, sumado a la escuálida línea de autobuses que une Zaragoza con Calahorra (el autobús va a Logroño y efectúa una breve parada en el pueblo de marras) me empujaron a reservar una habitación en Calahorra.
La historia de esta narración no se relaciona con Calahorra, enclave en apariencia muy bonito y llamativo, pero que una vez sumergido en las calles te quedas con gusto a poco. De lejos se ve imponente, de cerca es lo que es...


La historia de esta narración no es una alegoría de mis idas y venidas.
La historia de esta narración ni siquiera nace por una observación, reflexión y/o recuerdo. Nace, muy por el contrario, por la estúpida osadía de tres o cuatro jóvenes que, y eso es lo único que a mi me toca, al parecer se parecen a mi...
Nace, incluso 48 horas del evento que paso a relatar a continuación. Nace en el aparcamiento de la delegación del Ministerio de Defensa del Reino de España en Logroño, capital de La Rioja.
Es la tarde del domingo 9 de septiembre y esos tres o cuatro tíos, amparados por la noche y motivados por lo imposible, dejan un coche cerca del sitio antes señalado cargado con 61 kilos de explosivos. Otro de esos osados llama a la redacción del periódico Gara. Son las 23:15 de la noche y avisa: en 20 minutos más estallará el coche.
Grupos Especiales de la policía española (los Tedax) se movilizan y como en la mayoría de las ocasiones logran desactivar el rudimentario artefacto explosivo. Luego un periódico diría que no explotó debido a que falló un cable, otro diario subrayaría la pericia de los oficiales; pero todos ahondarían en la situación de esos osados jóvenes que días antes habían hecho estallar un coche-bomba en la comisaría de la Guardia Civil de Durango ¿Tendrán la capacidad para volver a matar?

En tanto yo...
Cuando eso ocurría yo hacía lo mío. Lo mismo que hice en Puente Genil, en Ronda, en Don Benito... Mirar, hacer mi trabajo, beber un café, leer los periódicos regionales, mirar.
Era martes justamente lo que había ido hacer a Calahorra y Zaragoza ya estaba hecho. Con la lentitud del que sabe a que hora zarpa el buque, busqué la pequeña estación de autobuses de Calahorra para emprender el regreso a Zaragoza, para luego emprender el regreso a Madrid.
El viaje fue más corto que en la ida y entre el pasaje pude apreciar señoras de edad que venían de Logroño, inmigrantes rumanos, gente sin alegría que se bajaba y subía en los distintos pueblos donde la maquina paró... Por la matutina hora -11:30- no vi estudiantes universitarios.
Durante la primera parte del trayecto terminé de leer “Las Escalas de Levante” de Amin Malauf. Luego me desconecté conectándome los audífonos del MP3 para oír Mauricio Redoles. Eso hacía, oír a Redoles con volumen moderado, cuando el bus entró en la nueva y moderna estación combinada de autobuses y trenes que este verano se inauguró en Zaragoza...
Cuando pisé el andén tenía la idea clara: comprar de inmediato el billete a Madrid y luego irme a comer a una de las tres cafeterías de la estación, pues en sólo una hora más salía el convoy a la capital de España y no tenía ganas de vagabundear por las calles de Zaragoza. Ese era la idea, claro, pero un extraño y lejano murmullo, imperceptible por la música del MP3, cambiaba mis planes. El murmullo se transformó en un grito y el grito en una escena: una mano cogiendo mi hombro con fuerza y tesón. Mi cuerpo se gira en redondo antes que mis pensamiento. En un gesto casi innato me saco los audífonos para confirmar lo que lejanamente oí. Ante mi tengo a tres hombres. Uno me habla y me pone la chapa de la Policía Nacional de España en la cara, el otro tiene una radio, el otro tiene la mano en la espalda...
- ¿Tiene usted como identificarse?
- Si, claro...(le paso mi DNI)
- Mmm, estudiante chileno. ¿Qué hace en Zaragoza?
- Turismo. Estudio en la Complutense...
- ¿Viene de Logroño?
- No de Calahorra y ahora me voy a Madrid, ya estuve en Zaragoza.
- Toma el DNI Paco, llama a la central y chequéalo.
Ahí estoy yo. Parado en las dársenas de la moderna estación de Zaragoza rodeado de tres policías de civiles que me han confundido. No sólo me han creído español, sino vasco. No sólo me han creído que detrás de las oscuras gafas y del auto-aislamiento del MP3 había un sospechoso, sino un etarra, un enlace quizás, o directamente han imaginado que soy uno de los tres o cuatro estúpidos que aparcaron el coche-bomba en Logroño.
La situación, evidentemente, es de rutina. Un grupo de policías aprestados en la estación principal de Zaragoza vigilando que tipo de gente se baja de los autobuses que viene del sitio del suceso (Logroño). La ecuación es simple y es más simple si se piensa que en el bus no había nadie más que yo con apariencia sospechosa: gafas, pelo medianamente largo y castaño, ropa
arrugada, mochila, una barba mal afeitada y prisa... Pero soy chileno, vengo de Calahorra y las gafas no quieren ocultar más que el mal dormir en el hostal donde pasé la noche.
- No te preocupes Chaval, esto es de rutina.
- ¿Es por lo de ETA?
- Si. (escueta y políticamente correcta respuesta)
- José, que es el tío está limpio.
- Gracias. (me pasa el DNI) En las taquillas 6 y 7 puedes comprar el billete a Madrid.
Mis labios sueltan algo así como “vale” y guardo sin salir de mi asombro el DNI en la billetera. Pienso en decirle algo más, un leve protesta por el tiempo perdido, pero me contengo. Recuerdo las vicisitudes que pasé con un grupo de borrachos, afuera de las torres de San Borja, otro martes de septiembre hace ya cuatro años, cuando me vi entonando el himno de Carabineros de Chile y minutos después siendo emboscado por una patrulla policial (el Cabo Larios se sintió ofendido). Cinco lucas me constó esa gracias y cinco tambien a Gordo Azocar a Mariano y a un tal Edgardo. Apenas sé como funcina la mente policial de los pacos, sería pretencioso intentar dialogar con los grises o ex grises, aunque estos vallan de civil.
Sigo mi camino y veo que el afiche con la imagen de los ocho etarras más buscado está pegada en todas las boleterías, en todos los café, hasta en el baño, donde entro a mojarme la cara. Ya no hay tiempo para ir a la cafetería.

11/9/07

Suecia 3. Ser neutral

Cuando Adolf Hitler, a mediados de 1940, pensó que nada podría impedir que el Tercer Reich durase 1000 años y se extendiera por toda Europa, entró en Dinamarca al estilo de los Sudetes checoslovacos y el Anschulss de Austria: sin disparar ningún tiro y confraternizando con una población medianamente aterrorizada, pero aria. La geopolítica era sencilla: de la península de Jutland (Jylland) a Noruega, de Noruega a Inglaterra...
Los judíos que huyeron a Dinamarca cuando el nazismo invadió Alemania fueron perseguidos también en el país escandinavo, pero en las calles de Copenhague, Odense, Aalborg se produjo uno de los hecho menos conocidos de la guerra, pero de los más dignos. Cuando el general Nikolaus von Falkenhorst, a la sazón gobernador de Dinamarca, impuso que todos los judíos llevasen un brazalete con la estrella de David como primer paso de la segregación, el Rey de los daneses, Cristian X, también lo llevó. “Yo soy el primer judío de mi país”, dijo. El resto de daneses conmovidos imitaron a su soberano y salieron a la calle con un brazalete. La medida germana fracasó. De momento...
En Dinamarca costó encajar la invasión nazi. Históricamente, especialmente en los siglos XVIII y XIX la influencia de una potencia extranjera era latente en los países del norte de Europa y, salvo la relación de Finlandia con Rusia, por lo general era positiva. Noruega con Inglaterra, Suecia con Francia (el actual monarca sueco tiene abundante sangre francesa) y Dinamarca con Prusia y luego con Alemania... Esta influencia no sólo se limitaba al estamento político, sino también al económico y al lingüístico.
Lo anterior no impidió que en la tierra de Hamblet se desencadenara uno de los grupos de resistencias más encarnizados de la II Guerra, lo que incluyó bombas, sabotajes y la deportación de la policía danesa a los campos de concentración en Alemania por mostrase débiles ante los exaltados.

La guerra según Dinamarca
Todo esto es palpable en los rincones de Copenhague. Desde el Churchillparken hasta el Museo de la solidaridad –ubicado a un costado de la famosa sirena de bronce- hay variados monumentos recordando la gesta de la resistencia y de la liberación. Entre estos monolitos hay uno que saluda a “todos los soldados caídos”, es decir, una estatua al soldado desconocido (primera foto), recurso tan usado en la URSS y que levanta desgraciado resquemor en occidente, donde la lógica de que todo soldado es un hombre-una vida- una historia, impera más profundamente que en Moscú, antes y ahora, donde siempre queda la sensación de que el valor de la vida es más bien relativo. (Los marineros muertos en el submarino Kurst el 2000, el asalto al teatro de Moscú el 2002 usando un gas que aún no se sabe como se llama, pero que mató a terroristas y a rehenes por igual y la irrupción del colegio de primaria en Osetia del Norte en septiembre de 2004 son algunos de los muchos ejemplos donde el fin justificó los medios de manera aberrante, pero efectiva).
En fin... El museo de la solidaridad esta bien documentado aunque es más bien testimonial. Pero existe y en sus pasillos se exponen documentos, archivos periodísticos, uniformes, balas entre otras cosas. (Luce, en la cúpula principal, las enseñas nacionales de EE.UU., Gran Bretaña y URSS juntas, alineadas y triunfantes).
Todo esto contrasta enormemente con la situación vivida por Suecia durante los años del nazismo. Suecia jugó a una neutralidad que se balanceaba más al eje que a los aliados. Vendió hierro a Berlín antes y durante el conflicto, por sus vías férreas pasaron vagones cargados de armas para el frente oriental o para mantener la ocupación de Noruega. Cuando el Ejercito Rojo asediaba la capital del Reich, algunos jerarcas nazis, y también algunos personeros del bando aliados, pensaron que una vía comunicante para negociar el “cese de las hostilidades”, más no la rendición incondicional de Alemania, pasaba por los representantes diplomáticos de Estocolmo que aún seguían en Berlín. Algunos dirigentes nazis pensaron en asilarse en dicha legación si el Mariscal Zukov entraba por la puerta de Bradenburgo (lo último sucedió, pero lo primero no).

Ser neutral
En mis casi dos semanas en territorio sueco no logré detectar cual es la real sensación que les provoca al escanio promedio la situación vivida por su país durante la conflagración mundial. A diferencia de Dinamarca sólo hallé dos símbolos que recordaban la tragedia
En la avenida principal de Trellenborg había un bote de cemento con un inscripción que rememoraba las travesías que muchos judíos y miembros de la resistencia danesa efectuaron al cruzar el convulsionado mar báltico para huir a la neutral Suecia. En precarias condiciones y con los a tiro de la base naval del Almirante Doenitz ubicado en Plön.
Sin embargo, lo más llamativo fue una frase. “En svensk tiger” que literalmente tiene dos traducciones: “Tigre sueco”, es una, y el otro quiere decir algo así como “el sueco se queda callado” (tiger significa tigre y callarse en sueco). La frase fue un slogan que el gobierno de unidad nacional de Estocolmo usó durante la II guerra. Hoy esa frase se vende en pines con la cara de un alce o un tigre asustado recordando con cierta vergüenza los sucesos de los años ‘40... Aquello, la venta de pines, fue la única prueba del peso que pueden sentir ciertas generaciones no por la neutralidad, sino por ser amiga del eje. Muchos deben justificar el actuar de Suecia en esos años salvó vidas de suecos, eso nadie lo duda, pero las guerras no dejan indemnes a nadie. Ningún país puede vanagloriarse por no dejarse arrastrar a un conflicto que geográficamente se desarrolla cerca de sus fronteras. Siempre se sufren consecuencias aunque se asuma una neutralidad, ya sea por los refugiados que llegan o por el trauma de no estar, de no ser, de no intervenir por valores pacifistas quizás, pero siempre dañinos.


Opción suiza
Incluso un país panegírico de la neutralidad, que es Suiza, sufre una enfermedad metal grave al respecto. Los helvéticos no van a la guerra, pero están sumamente preparados para ella en un sociedad casi-espartana donde el servicio militar se parece al israelí: un años completo y luego dos meses por año hasta los 45 años de edad. Las carreteras para llegar a Suiza tienen ciertos mecanismos de bloqueo para evitar que carros blindados puedan invadir el país usando las vías cementadas (los Alpes hacen el resto) y poseen la mayor cantidad de refugios atómicos por habitantes en todo el mundo.Además Suiza es el único país que mantiene un ejercito de mercenarios en el mundo, practica tan usual en la historia de la humanidad, pero que con la creación de los Estado-Nación quedó fuera de contexto. Esta es la guardia Suiza del Vaticano.

1/9/07

Suecia 2. Malmöfestivalen

He tenido la suerte de llegar a Malmö, la capital de Skane (Escania), en la semana que se desarrollaba la fiestas de la ciudad, entre el 17 y 24 de agosto.
Sus habitantes y los de los pueblos circundantes (Lund, Trellenborg, Svedala, Klagshamm) estaban volcados a la calle y se percibía que el evento –gratitud al verano que se va- tenía un trascendencia similar a la que pueden poseer las fondas y ramadas en Chile para el 18 de septiembre.
Habían juegos mecánicos (la rueda o la noria según se quiera), conciertos gratuitos en la plaza principal (jazz, rock, pop), promociones de eventos culturales y artísticos. Habían también casi una centena de chiringuitos donde se vendía comida, pero a diferencia de Chile donde para las fiestas patrias se vende y se come sacrosantamente la comida nacional; en Malmö las salchichas y las albóndigas quedaban aparcadas para degustar los placeres culinarios del resto de países del mundo: de los 100 stand que rodeaban la plaza principal, en 80 se vendía platos de Grecia, China, Pakistan, Bosnia, Croacia, Japón, México, Brasil, Afganistán y otros lugares... a un precio promedio de 50 coronas suecas, algo así como 5 euros con 30 céntimos (3800 pesos para más señas).
Pude notar que algunos sitios eran más concurridos que otros. En un chino, un bosnio y uno sueco, donde se vendían tacos rellenos con gambas; habían filas enormes esperando pacientemente para comer ahí. Luego me enteré que un periodista del diario local, el Sydsvenskan, había hecho una crítica de los sitios y había elegido los cuatro mejores. Los fieles lectores del periódicos habían acatado el gusto del periodista-crítico-culinario-sueco y los dueños de estos puesto de comida se estaban llenando los bolsillos de billetes con la cara de Selma Lagerlof y Karl Von Linne.
Realmente eran muchos los sitios para comer por lo que esa mañana no recorrí toda la plaza del rey Gustavo Adolfo (Gustav Adolf Stortoget) y me decanté por una carne griega con una salsa de yogurt, pepinos y pimienta que ya había probado alguna vez, pero, y esto debido más bien al hambre, me supo bastante sabroso. Luego media vuelta y a seguir caminando por las medievales calles de la ciudad, que alguna vez perteneció a Dinamarca, hasta llegar al extremo sur donde la torre más alta de los países escandinavos (Turning Torso) rompía el perfil de Malmö. Torre bastante fea, que a diferencia de los rascacielos que conocía, éste no era de oficina sino de pisos habitables... caros y de lujos eso si.
Luego regresé a Stortoget recorriendo la ribera de uno de los canales de la ciudad, asombrándome en cada esquina por la cantidad de bicicletas que circulaban por las adoquinadas calles, pasé por un pulcro cementerio luterano y por una sencilla iglesia de esa misma religión. Al volver al ruido y a la algarabía de la plaza por la esquina oeste puede ver a la estrella solitaria que ondeaba con fuerza y misticismo.
LONGAS EN GUSTAV ADOLF TORG
Era improbable que en Suecia, donde hay miles de chilenos que pararon ahí luego de Pinochet, no hubiera un sitio de comida chilena... Son esas cosas que uno las intuye, pero no se las plantea, por eso cuando vi que el chiringuito nacional no me sorprendí. La sorpresa se generó al observar la atestada fila de suecos, vikingos, teutones esperando a comerse una longaniza. El sitio, con un nombre que llamaba a la nostalgia del exiliado –“Víctor Jara”-, también había sido reconocido por el periodista-crítico y era, junto al sueco de los tacos con gambas, los de mejor nota. (Al otro día me conseguí el diario en cuestión y me tradujeron el artículo. Decía, si mal no recuerdo, que como todos los años Víctor Jara tenía la mejor comida y además era un sitio limpio y muy bien organizado...). Vendían sólo longanizas y hamburguesas... Lo que demuestra que siempre hay adaptarse al gusto de los demás, pues todos sabemos que las hamburguesas son de un país llamado McDonals, aunque muy sabia y engañosamente, se presentaba al público como “lomito chileno”...
Hice la cola. No tenía mucha hambre, pero una longa con abundante grasa y jugo me esperaba. En un primer momento pensé presentarme, decir que era chileno, pero no tenía claro que esperaba con eso. No quiero ser majadero, pero la sensación de alegría por ver la bandera chilena y sitio de comida combatía con el temor de asumir lo que soy o no soy, aún cuando no lo tengo claro (aunque eso de ser más
chileno que los terceros lugares me encantó)... Además ¿Iba a ganar una longa gratis por ser chileno? ¿Una conversación nostálgica con alguno de los que atendía? ¿Un vaso de chicha o pisco de la botella escondida detrás del mostrador?
Sonaba Tommy Rey, la Sonora Palacio, una que otra de Víctor Jara y Violeta Parra, pero la mayoría de las canciones era de fiesta...
-Hola compare, deme una longa y una coca zero...
-Son 60 coronas...
El hombre no se sorprendió por mi “chilenidad”, pero respondió en chileno y el dialogo fue en chileno... Le pasé dos billetes de 50.
-No tení 10 coronas.
-No, creo que tengo 5.

Me devolvió uno de los billetes de 50, me pasó la coca zero y gritó señalándome “dos longas por acá”. Siguió en lo suyo sin mirarme y sin darme oportunidad de darle las gracias atendiendo al resto de la fila hablando ahora sí en sueco y con acento escanio según me enteré después...
En medio de la noche escandinava, donde las nubes sólo dejaban penetrar algunas pocas estrellas. En un banco perdido de Stortoget de Malmö, cubriéndome con un paraguas por la veraniega e intermitente lluvia de agosto; saboreé dos longas que, quise con todas mis ganas, fueran de Chillán (pero con cueva eran de Lund) y tuve bajo esas circunstancias mi 18 de septiembre privado y adelantado.

La longas no estaban malas, pero la coca zero no evitó que se me repitieran, situación que me hacía recordar mi chilenidad aparente cuando ya en el tren regresaba a Lund. Atrás quedaba mi primer y único dialogo en chileno en Suecia.

19/8/07

Suecia 1. Acercamiento y el Estado de Bienestar

En dos días más viajaré al reino de Suecia, aunque, a diferencia del Reino de España o el Reino de Dinamarca –o la Republica de Chile-, Suecia se llama simplemente Suecia. En rigor, y para más, luces visitaré la región sureña de Escania (Skane), donde Malmoe es la capital y a pesar de ser la tercera ciudad en importancia después de Gotemburg, mantiene una fría relación con Estocolmo.
Además, en las ciudades y pueblos de esta zona se desarrollan las
aventuras del sagaz y decadente policía Kurt Wallander, cuyas novelas son obra del escritor Henning Mankell.
No deja de ser paradójico, pero la única novela de Wallander que me he leído es “Los perros de Riga”, que como su nombre lo indica, se desarrolla en Letonia, aunque para la ocasión me compré “La pista falsa”. Y es que las novelas negras son un producto de consumo narrativo muy igualitario (siempre el policía o el detective es decadente con la excepción de Maigret de George Simenon) y la gran diferencia entre una y otra es el escenario. Para conocer la realidad social de un país nada mejor que leer la novela negra típica que entrega antecedentes que una guía turística no da. Además, dependiendo de la editorial, es bastante más barato que el precio promedio de las guías turísticas (Trotamundo, Azul, Lonely Planet)... “La Pista falsa”, en la versión de bolsillo de Tusquets viene hasta con mapa incluido...
Como la mayoría de lo países del globo, el primer acercamiento con el concepto “Suecia” está unido irremediablemente al deporte. Primeramente, cuando comencé a tener uso de razón, la lucha en la cima del ranking ATP la llevaban el alemán Boris Becker y el sueco Stefan Edberg. Mi padre apoyaba al primero, pues años antes, para el terremoto de 1985, el equipo de tenis escandinavo de visita en Chile para jugar la Copa Davis “huyó” del país tras los temblores, pero al menos esos años el segundo iba a la cabeza...

Italia ’90 (Grupo C: Brasil, Escocia, Costa Rica y Suecia)
Pero no fue hasta que no leí ese improvisado atlas de tapas amarillas que llegó a mis manos en mayo de 1990, que no profundicé mis antecedentes sobre el nórdico Estado sueco...
Ese atlas no era más que el álbum de cromos del mundial de Italia que fue realmente una enciclopedia para mi. Ahora que han pasado 17 años de que me faltaran seis láminas para completar la colección –tres de las cuales eran del equipo egipcio- compruebo que, con evidentes matices, el cariño que le tengo a los 24 países que participaron en ese mundial se impone a otros... aunque varios de los que dijeron presente en la bota itálica ya no existen (URSS, Yugoslavia, Checoslovaquia)... A través de esa revista me enteré de las capitales, de la población, la silueta de cada una de esas naciones y me abrió el interés por mirar reiteradamente el mapa mundi. Meses después cayo el muro, se disolvió la Unión Soviética, estalló la Ex-Y y todo se fue a la mierda. De golpe aparecieron nuevos países y nuevas capitales que aprender y cada semana los atlas quedaban obsoletos.
Pero volviendo a ese mundial, como olvidar, por ejemplo, la cara de zombie del arquero de Bélgica Michael Prud’Homme o el teñido cabello de Claudio Paul Cannigia o el idéntico rostro de todos los jugadores del equipo surcoreano o la similitud sonora de todos los apellidos del conjunto sueco terminaban en “son”...

Entre medio apareció Olafo, pero Olafo, vikingo y todo, es noruego...



Luego vino la lectura obligatoria de “El maravilloso viaje de Nils Holgersson” de Selma Lagerlof; asomó la idea de estado de bienestar, cuya mezcla de palabras me complicaban de sobremanera, pues a esa edad sólo conocía lo que significaba “bien”. El mundial de Estados Unidos hizo el resto, aunque ese mismo año un interesante profesor de historia que tuve en el colegio y que según recuerdo se llama (o llamaba) Jorge Abarca, intentando graficar los resortes de la segunda guerra y la prepotencia del general invierno de Rusia, señaló que igual que Hi
tler y Napoleón, hubo un rey sueco que también intentó la hazaña de tomar Moscú y también se topó con el gélido invierno de las estepas rusas... “Si lo hubiera logrado todos nosotros estaríamos hablando sueco”, zanjó Abarca y yo quedé impactado. Nunca olvidé el nombre de ese rey: Carlos XII (en la foto), quien osó desafiar a la nieve 1700 en el marco de la Gran Guerra del norte donde el Imperio Sueco, unido al Imperio Otomano, se enfrentó a una abultada alianza de daneses, noruegos, rusos, polacos, prusianos y sajones. Al principio le fue bien, pero la ambición de tomar Moscú le costó caro, como al amigo corso-francés y al amigo austriaco-alemán...
Tras esto, la Suecia imperial del mar Báltico sucumbió y los “asiáticos” rusos entraron en Europa y no saldrían hasta 1991. Suecia quedó condenada a ser una potencia de segundo orden y tener uno de los niveles de desarrollo más altos del mundo que incluyen un estado de bienestar paradigmático que hoy es debate en Estocolmo, luego que los socialdemócratas dejaran el poder el año pasado y la derecha se alzara con el triunfo apelando a un reforma profunda de la política social de Suecia...
El Estado de Bienestar
Las finanzas de Suecia no ha ido bien desde mediado de los ’90. Muchos achacan esta circunstancia a la grandiosidad del Estado, que abarca muchos campos de la economía, y a la llegada cada vez mayor de inmigrantes. A diferencia de los ’70 cuando muchos chilenos exiliados llegaron a Escandinavia, Suecia era un país bullante que necesitaba mano de obra, papel que chilenos y turcos, y en menor medida argentinos y iraquíes, cumplían sin miramientos acoplándose sin mayores problemas a la sociedad receptora. Ahora no hay mucha oferta, pero la demanda continua llegando desde Bosnia, Kosovo, Macedonia, Palestina, Polonia, Rusia, Ucrania...
El apacible pueblo sueco se tensiona al ver tantos inmigrantes cuando la economía no camina. Los inmigrantes no se integran y se sienten mirados en menos. Surge desconfianza y discriminación. Grupúsculos ultraderechistas, racistas e incluso neonazis se han tomado algunos barrios de Estocolmo, Malmoe y Gotemburg. El apacible sueco busca la tranquilidad cediendo uno de sus tesoros más grandes. Por eso elige a la derecha –que además de reformas, prometió mano dura- tras doce aós de gobierno socialdemócrata. Nos enfrentamos ante un momento clave en la historia de Suecia y de lo que en países del tercer mundo se cita reiteradamente como ejemplo de realidad social... Si el líder del sui generis Partido Moderado, Fredrik Reinfeldt, logra pactar y hacer las reformas, uno de los mitos más grandes post-guerra fría sucumbiría, como el Imperio de Carlos XII hace 300 años.
El eco en Chile no sería menos. Aunque nuestro país sigue un camino especial, el ejemplo irlandés de desarrollo suele ser citado por el empresariado y la derecha, mientras que la leyenda –quizás inalcanzable- de un mega estado social que es Suecia es el panegírico de la izquierda socialista. Si este último es modificado, puede que las voces que piden la flexibilidad laboral al estilo irlandés se multipliquen.

26/7/07

Cádiz, Calamaro, Corleone, creerle a los españoles y el escote de Gema

No recuerdo si la conversación ocurrió en el autobús rumbo Torrelodones o en las caminatas que nos pegabamos entre Ciudad Universitaria y Moncloa, cuando precisamente íbamos a coger el bendito autobus después de clases. Quizás fue en un perdido bar madrileño (o de Torrelodones...), pero un día mi amigo Javi, el casi-vasco, expresó la siguiente idea: “Si te das cuenta todas las ciudades del mediterráneo se parecen. Una ciudad del Levante español no es muy diferente a una ciudad costera de Líbano, por ejemplo Tiro, o Trípoli en Libia”...
Le di el beneplácito protocolar a mi buen amigo, pero pensé que hasta que no conociera más puertos del Mare Nostrum, no podría confirmar cabalmente lo que él me decía con tanta seguridad. En aquel entonces (hace seis meses) yo sólo había orinado en algunos pueblos marítimos españoles -Barcelona, Cartagena y Garrucha en Almería- y otros tantos en Croacia -Omis, Dubrovnik, Split y Pula- además de Venecia; pero en rigor no se parecían mucho y podría haber discutido la observación con argumentos. Sin embargo, antes de decir nada recordé que en el fondo todo el Mediterráneo fue en algún momento de la historia romano (Roma se ha tomado mi vida, pues estoy leyendo con gran ahínco Yo, Claudio) por lo que arquitectónica y/o administrativamente sí podría haber semejanza. Y de hecho la hay... SuperSarko lo sabe y mientras levanta puentes sobre ese mar, Turquía se va al garete en su intención de entrar en la UE a pesar de los limpios comicios del Domingo pasado...
En fin...
Tuvo que pasar medio año para que lo anterior se hiciera patente en mi vida. Y eso fue ayer (25 de julio) cuando en el bar “La Taberna del Almirante” de Cádiz, me percaté que un tipo que tocaba el violín en una de las mesas de la terraza entonaba la famosa canción de la película El Padrino. Al oír la melodía, mi subconsciente evocó rápidamente las escenas de la película de Francis Ford Coppola cuando Miguele Corleone está refugiado en precisamente Corleone tras asesinar al capitán de Policía Macklusky y a Sollozzo, el turco, en Nueva York. Miré a mi alrededor y vi los derruidos edificios gaditanos, las terrazas llenas de turistas y la luna nueva en un cielo des-estrellado y concluí que, usando los parámetros impuestos en la producción hollywoodense, podía imaginar sin esfuerzo que estaba en Corleone, el pequeño pueblo de Sicilia; empero estaba en Cádiz la gran ciudad de Andalucía, llamada Gades por los romanos, en el verano de 2007 trabajando para una multinacional.

Una vuelta por Gades
Antes de llegar a esa reflexión, di una vuelta larga por el casco antiguo de Cádiz. Mientras me sentaba en el malecón de la ciudad –que los gaditanos se encargan de subrayar que no tiene nada que envidiarle al famosos malecón de La Habana (de hecho las escenas de “Otro día para Morir”, la última película de Pierse Brosnam como Bond, que supuestamente trascurren en la capital cubana fueron rodadas en la capital de la provincia de Cádiz, España)- entendí que Cádiz se merecía tener un espacio más grande en mi BLOG que las cuatro líneas que le dedico en “Un Recuerdo y Gilbraltar”. (La foto es una vista del mentado malecón, con la Catedral de Santa Cruz de fondo)
Las circunstancias de mi vida me han llevado a Cádiz tres veces en un mes... Es después de Madrid y Segovia, la cuidad que más he visitado en España. No es especialmente bella, pero tiene mar, mar por todos lados y aunque arquitectónicamente quizás necesite una “manito de gato”, mantiene un perfil de ciudad envidiable.
Luego de la vuelta busqué un bar y di con La Taberna del Almirante ubicado en una callejón lleno de terrazas. Como iba sólo y tampoco había sitio en la terraza, me senté en la barra y aunque al principio me hice acompañar por la lectura de Yo, Claudio, no me fue difícil trabar amistad con Juan y Gema las personas que llevaban el bar, además de charlar al pasar con los clientes que iban a la barra. Todo rodeado magníficamente con el sonido del violín, las risas, la excelente temperatura de la noche gaditana...
Pero la noche se hizo noche y el violinista se fue. Juan puso un CD y resultó ser Alta Suciedad de Andrés Calamaro y lo que al principio fueron sólo frases con Gema se trasformaron en discusiones sobre cual era la mejor canción de Calamaro. La chica era guapa y tenía un escote inmoralmente atractivo. Me divertía viendo como los clientes (borrachos portugueses, borrachos italianos) la miraban sin disimulo o sin el disimulo que yo creía poseer (de verdad, y a riesgo de que muchos rebatan la siguiente afirmación con excesivo sarcasmo, soy algo pudoroso como para mirarle la tetas a una chica sin reparos)...
Entre idas y venidas, pues debía poner copas en las mesas, concluimos que Los Aviones era una de las mejores canciones de Andrés... Creo que ese fue el único acuerdo, pues ambos nombramos decenas de canciones y cuando lo hacía uno, el otro respondía “si, tienes razón” y comenzaba a cantarla. Con Los Aviones debe haber ocurrido que la nombramos al mismo tiempo, pero no lo puedo afirmar... ya era muy de noche.
Luego me preguntó si era argentino. Los fantasmas de la identidad aparecieron. ¿Cómo explicarle que era chileno, pero no estaba del todo seguro, pero si que lo era, aunque podría haber nacido en Argentina o en Cuba?... ¿Cómo explicarle eso a una chica que había nacido y crecido en la parte antigua de Cádiz? (Y que se enorgullecía al decir que su madre no había salido del casco antiguo para dar a luz. Eso, señores, es Identidad)...
-Soy chileno, vivo en Madrid.
-Ah, picha, es que to usteé hablan iguar. Argentinos, uruguayos y chilenos hablan iguar y una se confunde. Eh Juan, ¿de donde ‘e la novia de José?... ¿De Uruguay?... De Uruguay, pero habla iguar que tu”
-No, nada que ver. Hablamos muy distinto. Aunque para ustedes debe ser difícil distinguir el acento. Para mi todos los andaluces hablan parecido, pero tu oído podría definir de mejor manera de que parte geográfica es una persona...
-Si picha, los de Sevilla habla muy ma. Lo de Jaen hablan canta’o. Lo de Huerva hablan fatal también y... ¡¡¡los de Almería no hablan jejejeje!!!

Al otro día...
Me despedí de casi todos al irme del Bar. En algún momento de la jornada le pedí fuego a uno de los parroquianos y este me dijo que me prestaba el mechero si le mostraba que leía. Le pasé el libro y comentamos un poco sobre la historia de Roma. Cuando me despedí de él me recordó que me llevase el libro. Yo lo tenía bajo el brazo y le dije que me quedaba muy poco para terminarlo como para dejarlo abandonado, sonrió y me regaló el mechero, pero ya no le quedaba gas...
A la mañana siguiente me junté con los chicos que me Merchanservis me había asignado para ayudarme en mi faena (aún no explico en que consiste mi trabajo, ya lo haré), uno era de Sevilla y el otro de Algeciras. “Anoche trabajé en una fiesta en mi pueblo y no he dormido nada”, se disculpó este último, pero resultó ser mucho más presto que el otro. Mientras hacíamos lo nuestro, y entre llamadas urgentes a Madrid, comprobé lo distinto que hablan los sevillanos y los gaditanos.
Tal como Javi, Gema tenía razón, aunque en un principio no les creí del todo. Pero la intención de este relato no es dejar una moraleja, no siempre hay que creerle a los españoles. Aunque sean de Cádiz o de el País Vasco...
(Pero a Javi si le creo que alguna vez tuvo un dialogó con Yasset Arafat y a Antonio le creo todo lo que me contó sobre la simpatía de la periodista Leticia Ortiz, ahora Princesa...)

9/7/07

El recuerdo y Gibraltar...

Alentado por las felicitaciones de alguien que sabe, y por el artículo escrito por Eduardo Mendoza en la edición de El País de hoy, quién describe Polonia con una óptica colindante a la mia; me lanzo a escribir mis apreciaciones sobre Gibraltar. El peñón.
Aunque la historia da para escribir largo sobre la estratégica ciudad del Reino Unido, única porción colonial en Europa, único enclave con una estatus ad-doc en la Unión Europea, me decantaré por una narración más personal sobre la misma, ya que va aparejado con un pequeño homenaje a uno de mis héroes infantiles: James Bond...
La primera vez que vi Gibraltar fue en el verano de 1993 cuando mi padre alquiló "Su Nombre es Peligroso" (Alta Tensión en España), primera película de Timoty Dalton como Bond. No se me ocurre por qué, pero los productores del filme decidieron que la primera imagen de Dalton como 007 sería escalando el peñón en un ejercicio militar del MI6. No es una película mala, lo que se contrapone con el bodrio que fue "Licencia para Matar" que casi acaba con la zaga del inglés.
Ya me había pasado antes con Venecia y con Trieste (lamento no haber ido a la estación de trenes de esa ciudad, como mi padre me recomendó y a la cual él sí acudió en 1974) Ciudades que si bien tienen un cariz histórico-cultural enorme, su germen en mi inconsciente está unido a una secuencia del espía occidental huyendo de la diabólica KGB o sentenciando la seducción de una perdida chica con un beso lánguido y música de fondo, buena música por lo general. (Matt Monroe en el caso de "Desde Rusia con amor", quizás la mejor película de todas y la mejor canción también, cuyo final es en una góndola veneciana, con una mano que lanza al mar una sospechosa cinta).
Cuando ese verano de 1993 vi la película y vi Gilbraltar de inmediato quise saber algo más sobre esa ciudad que no me cuadraba... era de Inglaterra, pero estaba en España, había monos, pero estaba en Europa, la gente vivía sólo en el peñón, como en los cerros de San Antonio, o había un plano y/0 un puerto... Obviamente todas mis dudas fueron reprimidas hasta el final de la película, cuando por fin pude preguntarle a mi padre sobre el tema en cuestión y éste me dio una explicación que no recuerdo, pero que me dejó tranquilo (eso no lo recuerdo, pero lo supongo, pues nunca más investigué sobre el tema hasta hace unos meses). De todos modos lo que si está en mi memoria es la siguiente frase que pronunció mi padre en tono sentencioso: “Para un español que le digan “conchadesumadre” (léase hijo de puta) no es importante, lo que les duele es que les digan hijos de la Gran Bretaña”... Con eso me resumía muchas cosas que luego entendí, o entiendo ahora que estoy en España y presencio la ensalada de líos territoriales, no son tan graves.


FRONTERA
En definitiva entré a Gibraltar con emoción, con la emoción del recuerdo cautivo de un verano del hemisferio sur de la década de los ’90 (con música de Pearl Jam y Nirvana de fondo) cuando tenía esa edad que aún se le cree todo tus padres. Y la ciudad no defraudó. Ni el momento ni el recuerdo.
Tuve suerte. Era sábado y la comunidad judía de la ciudad salía de la sinagoga. Pescadores ingleses atestaban los bares, los turistas españoles los estancos y los hindúes las cafeterías. A eso se sumaban varios marroquíes y, luego me enteré, pues no vi ninguno, una numerosa colonia de marinos genoveses que viven en la parte sur del istmo. En resumen una ciudad cosmopolita. Pero cosmopolita con raigambre histórica y no artificial. (Madrid, por ejemplo, es cosmopolita artificialmente, pues la variopinta comunidad extranjera viaja a la capital del reino de España por un tema más económico y esa variedad de nacionalidades es nueva, no como Gibraltar o como Belgrado, que, por ejemplo, cobija una importante comunidad católica, judía, ortodoxa y, a pesar de todo, musulmana).
Otro cuento son las cabinas telefónicas rojas, la bandera de la Unión Jack, las pagos con libras esterlinas y las señalizaciones en inglés. Todo eso con un calor exuberante y con los paisanos hablando en “andalú”...

"Tarifa... de fondo, y con esfuerzo, se puede ver
áfrica"

Pero ese día, que en rigor empezó en Torremolinos, continuó por el sur de España. Primero en la “hipposa” Tarifa, el último rincón de Europa y desde donde se ve África, y luego en Cádiz, la antigua Gades... Donde zarpó Colón en su segundo viaje, donde entró Aníbal a Europa, donde Julio Cesar se ganó a los ejércitos de Hispania para su causa...
Mención aparte para mi querido amigo Javi, él único que me deja mensajes en el BLOG, y quien se interesa por saber que tiene de especial y diferente Cádiz, Gibraltar, Tarifa, Ronda, Torremolinos... Si lo antes descrito no aclara su duda, huelga decir que es importante la compañía... No hay nada mejor que la soledad y mejor aún cuando la soledad conduce el coche...